miércoles 2 de diciembre de 2009

LA LIBERTAD, PENSAMIENTO COMPARTIDO



Se preguntaba hace unos días Elaine Díaz, en La Polémica Digital, qué será de internet cuando se universalice; ¿cómo se distinguirá lo valioso de lo fútil? Tal vez una de las formas en que algunos blogs se separarán del resto será mediante la cooperación. La cooperación humana es una maravilla; algunos sistemas operativos ofrecen la posibilidad de usar varios ordenadores para compartir el mismo proceso. Cuando las mentes humanas hacen lo mismo, además de complementarnos unos a otros, además de obtener un resultado mejor del que obtendríamos individualmente, podemos sentir amor. Y el amor nos hace felices. Hace unos días le pedí a Miguel Santa Olalla Tovar, de Boulé, un perfecto desconocido en el mundo real para mí, que le prestara a mi mente su formación para hablar a los demás de la libertad. Unos días después,  encuentro en su blog una entrada respondiendo a mi demanda. Él lo cuenta estupendamente en el texto que sigue.
Hablar de la libertad es importante, fundamental; hablar de cooperación y trabajo en grupo también lo es. Pero lo que no podemos dejar de construir es la fraternidad universal. Sobre esa fraternidad universal, en cuyo cimiento Miguel ha puesto una piedra, trata esta entrada. Y paso a copiar el texto de Boulé:

La libertad, engaño e ilusión

Sobre la apariencia de libertad de nuestro tiempo · Filosofía

Hace ya varias semanas que me comprometí con Animal de fondo a publicar un pequeño texto sobre la libertad. No sé si estará a la altura, pero allá va. Empecemos por la política: las sociedades liberales en las que vivimos recelan del estado como uno de los enemigos de la libertad. En tanto que no se entrometa en la vida de los ciudadanos podrán tomar sus propias decisiones. ¡Dejadme decidir por mí mismo!, parece decir el individuo liberal, sin darse cuenta de que para poder ejercer esa capacidad hace falta algo más que la mayoría de edad biológica o jurídica. Abrir espacios para la libertad no significa, ni mucho menos, que seamos libres o que vivamos en sociedades libres. Si la libertad es la ilusión de la decisión autónoma probablemente sea nuestro tiempo una de sus mayores expresiones. Por el contrario: si esperamos más de esta palabra, seguimos manteniendo diferentes formas de esclavitud y servidumbre: no externas y visibles, sino mucho más sutiles, prácticamente imperceptibles.

El individuo liberal que exige la libertad negativa es similar al polluelo que quiere volar solo cuando aún no ha desarrollado suficientemente sus alas. Desde hace décadas creemos volar solos, sin que se hayan dado condiciones para que podamos hacerlo de un modo real y efectivo. La libertad es cierta clase de espejismo. Pensamos decidir por nosotros mismos cuando son otros los que deciden algo mucho más importante: cuáles van a ser las opciones que vamos a tener a nuestro alcance. El análisis de Foucault al respecto es revelador: la libertad tiene mucho que ver con el poder y vivimos sujetos, agarrados por diferentes procesos unificadores, normalizadores del ser humano. Poder elegir entre veinte tribus urbanas distintas nos parece un gran logro, sin que apreciemos que de una forma indirecta pasamos a fundirnos con el grupo, con la corriente que se encargará de decirnos cómo pensar, cómo vestir, cómo divertirnos y cómo vivir. En nuestros días no se dan las condiciones políticas, sociales, económicas ni educativas como para decir que la libertad sea un valor en alza.
Queremos libertad para no saber utilizarla. La tradición filosófica nos ha legado grandes textos al respecto: desde el mito de la caverna a ¿Qué es Ilustración?, la filosofía ha pretendido ser siempre un ejercicio de liberación. Algo que no es, por otro lado, exclusivo de la filosofía. Si algo aprendemos de los textos que acabo de citar es que la cultura nos libera. Acceder al arte, la ciencia o la filosofía es tener al alcance de la mano una pluralidad irreductible de ideas, de métodos, de visiones de la vida que lamentablemente no aparecen entre los catálogos de la gran superficie que buzonean en el barrio. La formación nos enseña a mirar más allá, sin que esta expresión pretenda revestirse de trascendencia: aprender a ver por encima de los mecanismos de poder, de las pautas marcadas de consumo, de las formas dominantes de pensamiento. La libertad se convierte en algo paradójico: mientras las maquinarias uniformadoras producen sujetos clónicos, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de hacernos libres en gestos sencillos. Abrir un libro, acudir a una filmoteca, charlas informales, recursos gratuitos en Internet… Teniéndola tan cerca, renunciamos a ella por el esfuerzo que implica, creyéndonos libres bailando al son que nos marcan. Todos nos creemos libres, porque se le puede aplicar a la libertad el viejo refrán: “el que no se consuela, es porque no quiere”.

jueves 26 de noviembre de 2009

BLOGS EN CUBA: ¿SE PUEDE DIALOGAR CON LOS MERCENARIOS?


 Cuando yo era estudiante, pasé un mes en un "piso franco". Lo llamo así porque allí se ponían en práctica las más peregrinas ideas y los más alocados experimentos. Un día llamaron a la puerta dos vendedores de biblias. Eran argentinos, jóvenes de nuestra edad, y malvivían huyendo de la situación política de su país. Los invitamos a pasar y les hicimos café. Enseguida comprendieron que no compraríamos biblias, así que la conversación derivó hacia otros temas. Al poco rato nos preguntaron directamente si habría alguna posibilidad de quedarse unos días con nosotros, hasta que consiguieran alguna forma más decente de sobrevivir. Al escuchar que los admitíamos, arrojaron alegremente las biblias que traían de muestra por la ventana; con una llave de la casa en su bolsillo, corrieron a desalojar la pobre pensión en la que estaban. Nunca olvidaré las canciones que uno de ellos nos cantó a solas a mi novia de entonces y a mí.
Nuestros amigos argentinos eran vendedores de biblias pero no eran mercenarios. A las pocas palabras comprendieron que era insensato intentar vender algo en lo que no creían de veras (habían entrado haciendo gala de la sabiduría de aquél libro) y se unieron directamente al razonable enemigo en cuanto vieron la posibilidad de sobrevivir de un modo más decente. Hoy en día me temo que nadie tendrá la oportunidad de contar una anécdota parecida. Si los vendedores de biblias hubieran sido mercenarios nadie hubiera podido torcer su discurso ni un ápice. Eso ocurre hoy, en España, con los múltiples teleoperadores que ofrecen productos por teléfono o con los vendedores que visitan las casas. Les interesa estrictamente su dinero y su mente está robotizada. Es inútil todo intercambio de pareceres.
Y llegamos al nudo de la entrada. Cuba sigue, como siempre, haciendo su esfuerzo titánico por la humanidad. Dentro de ese esfuerzo, en lo que Fidel señaló como la batalla de las ideas, han surgido una serie de blogs en la isla, cada vez más interesantes. Algunos son ya espléndidos. Recientemente he visto cómo algunos de los blogs más leídos se han visto obligados a poner los comentarios bajo moderación. Me parece acertada esta decisión. La infinitud de los comentaristas repitiendo y repitiendo el mismo argumento de venta solamente hacía perder el tiempo y evitaba, además, cualquier utilidad práctica del diálogo.
No tengo, por desgracia, la claridad mental de Enrique Ubieta, que de vez en cuando escribe unos soberbios artículos en los que señala la actitud a tomar frente a diversos temas. Pero me parece que procede reflexionar sobre esta pléyade de esbirros y, mientras Enrique no lo haga, me tomaré la libertad de iniciar la tertulia.
En cuanto a actitudes, siempre sentiremos compasión, que es una de las formas del amor, por las personas de estos mercenarios. Basta pensar en las circunstancias individuales de tantos casos como conocemos para que nos enternezca otro ser humano que sufre. Recientemente apareció un artículo de Frei Betto en Cubadebate. En él decía, acertadamente: "Tengo la certeza de que nada vuelve a una persona más feliz que el empeñarse a favor de la felicidad ajena; y esto vale tanto en la relación íntima como en el compromiso social de luchar por “otro mundo posible”, sin desigualdades insultantes y en el que todos puedan vivir con dignidad y paz." Los que desconocen esta sencilla reflexión tienen vedada gran parte de la felicidad posible en su vida. No me cabe duda de que los mercenarios sufren, y más si han logrado convencerlos para luchar por un mundo de desigualdades insultantes y en el que nadie puede vivir con dignidad y paz.
Pero la otra cara de la moneda de la compasión que muchos sentimos por ellos es el tiempo que nos hacen perder. Necesitamos revitalizar la ilusión colectiva. Necesitamos mostrar al mundo los infinitos logros conseguidos desde Carlos Manuel de Céspedes hasta hoy. Necesitamos llevar hasta los que dudan, hasta los que luchan, nuestra voz de solidaridad y compañerismo. Es urgente. Necesitamos también debatir el presente y el futuro, de modo que podamos abrir paso a las soluciones posibles para los cotidianos problemas que surgen a cada momento. Necesitamos meditar y dialogar en paz. Frente a una tarea tan amplia, no hay tiempo para repetir todos los días a quien no lo sabe ni lo quiere aprender: "la p con la a, pa".
Y para el mercenario blogger "alternativo" que me dice que tiene derecho a repetir hasta el paroxismo del cansancio cuáles son sus gustos, y hasta a imponérmelos, esgrimiendo el consabido argumento de que sobre gustos no hay nada escrito, le diré una vez más, a ver si me entiende ahora: sobre gustos hay muchísimo escrito, lo que ocurre es que usted no lo ha leído.
Y para empezar a leerlo, vaya la frase de Martí:
"Con Guacaipuro, con Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron."

martes 17 de noviembre de 2009

¿ONG?




Tengo una opinión particular sobre el tema de las ONG, supongo que polémica. De entrada, todas despiertan en mi intuición como un aviso instintivo que me pone en guardia. Son tan bondadosas, tan altruistas, tan desinteresadas, que me hacen pensar si será verdad que los seres humanos somos así. Porque una de las primeras premisas que cualquiera pone en práctica para engañarnos es hacernos suponer que nuestro corazón individual es distinto al de los demás. Y yo veo en mi propio corazón luces y sombras, junto con una infinita gama de grises, variable además, que me impiden ser como los amaneceres de los pueblos de Azorín: Ya otra vez dije que su encanto es que siempre se producen a la misma hora, la hora exacta que él determinó al escribir.
Y es que el asunto de la caridad sustituyendo a la justicia es ya demasiado viejo. Me parece imposible que siga funcionando. Cuando yo era niño, algunas señoras acomodadas se reunían semanalmente en lo que ellas llamaban "roperos". Allí tejían prendas para los pobres, con la idea de que, aunque muriesen de hambre, no muriesen de frío. Mientras hacían su labor bienintencionada sin duda, aprovechaban para obtener un intercambio social de conversaciones que, entre gente bien, siempre reconfortan. Yo supongo que intercambiarían recetas e incluso se recomendarían comer el caviar en cuchara de nácar, como vi que sugería hace poco una revista de propaganda comercial. Según ella, una vez que se prueba el caviar iraní en dicha cuchara de nácar, ya no es posible volver a la vulgaridad insípida de los metales acostumbrados. Incluso la plata de las cuberterías queda muy atrás.
¿Han desaparecido los roperos? Me parece que no. En navidades, en el colegio público español donde acuden mis pequeños hijos, nos solicitan arroz, harina, legumbres, para los mismos pobres. Una vez pedí que al menos se suministrara dicho alimento durante todo el año, ya que al tratarse de alimentos esenciales no comprendo qué sentido tiene aportarlos solamente en diciembre. Yo razonaba que si regaláramos corbatas a "los pobres" parecería viable restringir la entrega a un mes al año. Pero si esos pobres lo que solicitaban era arroz, me parece una atrocidad entregar el arroz en diciembre y negarse a hacerlo en enero. No hubo ni una sola voz que estuviera de acuerdo. Entonces comprendí que ese arroz no era para esos pobres, sino para acallar en nuestra conciencia los reproches a la vista de los excesos que estábamos determinados a hacer. Qué buenos somos. Hemos entregado tres kg de arroz a la "humanidad". Ya podemos ponerle gasolina al Ferrari.
Así que las ONG me parecen, tal vez injustamente, tal vez por mi ignorancia, más de lo mismo. ¿Cobran los empleados de las ONG? ¿Son personas que han renunciado a su plaza conseguida en las oposiciones del estado para entregarse a los demás? ¿Son antiguos registradores de la propiedad, antiguos notarios? ¿Son personas sin ningún empleo previo? No sé. No sé lo que serán. Seguramente habrá muchos bienintencionados entre ellos. Otra pregunta: ¿Cobran los sueldos de acuerdo al nivel de vida correspondiente al país en el que desarrollan su labor? ¿Cobran, como los diplomáticos, algo relacionado con su país de origen? No lo sé. ¿Disminuyen el nivel de paro de su país de origen? No lo sé.
Lo que sí sospecho desde hace mucho tiempo es que la caridad no puede sustituir a la justicia, y que la justicia impone que en un mundo tan desarrollado como el nuestro todo el planeta pueda vivir sin pasar hambre, pueda tener un vestido y un techo donde guarecerse.
Muchas veces he pensado en los problemas que tendrían nuestros patronos si en lugar de trabajadores fuéramos esclavos. Por lo que yo sé, la esclavitud suponía acceso universal de los esclavos a la sanidad, a la vivienda y a la alimentación suficiente para reponer la fuerza de trabajo gastada. Todo ello junto con las cadenas materiales correspondientes a tal condición. Sustituir tales cadenas por otras virtuales ha supuesto renunciar a todo derecho para gran parte de la humanidad. Seguramente hemos avanzado, aunque tal vez no tanto como parece.
Comprendo que todo lo expuesto aquí es muy discutible, tal vez esté completamente equivocado. Puede ser. Agradeceré cualquier ilustración.

martes 10 de noviembre de 2009

SOBRE LOS HÉROES COTIDIANOS: MORIR CON ODÍN



Dije un día que conocí héroes en Cuba, y que esa era una diferencia esencial entre nuestros países. Aquí no hay héroes; allí los hay por docenas. Siempre me ha entristecido que Cuba no ponga a estos héroes en la primera línea de los medios de comunicación.
Últimamente mi tristeza es mayor al ver la cantidad de blogs de periodistas cubanos que se dedican a defenderse del blog de Yoani, criticándolo de un modo u otro. Así, concertadamente, no hacen mas que aumentar la importancia y la difusión de este blog, que no merece ser sino un blog más, sin la trascendencia que todo esto le va dando.
Pero por fin he descubierto otra cara de la moneda: un blog que nos presenta héroes; son por ahora muy pocos todavía para los millares que existen, pero ahí están, definidos contra el horizonte, tal como los héroes se han visto siempre. Faltan los miles de alfabetizadores, faltan los miles de médicos altruistas, los operados, los estudiantes trasplantados a La Habana desde sus lejanas tierras latinoamericanas. Pero ya hay un blog de héroes: es Amalias.
Y gracias a su redactora, a la maravillosa Diosdada, he conocido a Leonela Inés Relys Díaz. Leed la entrevista que le hace la revista Bohemia: Leonela y el genio de la lámpara. Mirad la sencillez de esta Leonela, mujer y héroe. ¿No os deslumbra su belleza?. Aquí tenéis otro enlace, desde la misma Amalias.
Y junto a Leonela Inés, escuchad a Aílsa Aldana Carmona. Escuchad a Leydis Vargas Leyva. Leed sobre Enelia Ávalos Viamontes. Observad el trabajo de Alba Portieles.
Muchas veces había pedido yo, infructuosamente, a los periodistas cubanos que nos contaran estas cosas. Que si no son capaces de transmitirnos aquello en lo que ellos creen, nos hablaran de los otros que sí creen. Ahora ya tengo un blog que leer y de donde tomar ejemplo y ya tengo testimonios de mujeres que puedo mostrar a mis hijos. Algún día me dirán: ¿Papá, había mujeres como esa Leonela Inés Relys Díaz que nos cuentas? Yo les podré decir: sí, hijos, esas mujeres pueden existir, existen.
Y para los periodistas cubanos empeñados en mostrarnos los sutiles debates del ciberespacio, aquí va un cuentecito escrito en los últimos años del siglo XIX y nada menos que por el archinarrador ante el altísimo, Robert Louis Stevenson. Espero que les aproveche. Se titula "Fe, alguna fe y ninguna fe".

En los antiguos días tres hombres salieron en peregrinación: uno era un sacerdote, y otro una persona virtuosa y el tercero un vagabundo con su hacha.
En el camino, el sacerdote habló de los fundamentos de la fe.
—Hallamos las pruebas de nuestra religión en las obras de la naturaleza—dijo y se golpeó el pecho.
—Así es—dijo la persona virtuosa.
—El pavo real tiene una voz áspera—dijo el sacerdote— como nuestros libros siempre lo atestiguaron. ¡Qué alentador! —exclamó como si llorara—. ¡Qué edificante!
—Tales pruebas no me hacen falta—dijo la persona virtuosa.
—Luego, su fe no es razonable —dijo el sacerdote.
—Grande es la justicia y prevalecerá! —gritó la persona virtuosa—. Hay lealtad en mi alma; no dudéis que hay lealtad en la mente de Odin.
—Esos son juegos de palabras —replicó el sacerdote—. Comparado con el pavo real, un saco de tal hojarasca no vale nada.
Pasaban entonces enfrente a una granja y había en ella un pavo real posado en el cerco; y el pájaro cantó y su voz era como la del ruiseñor.
—¿Qué me dice ahora? —preguntó la persona virtuosa—. Sin embargo a mí no me afecta. Grande es la verdad y prevalecerá.
—Que el demonio se lleve a ese pavo real —dijo el sacerdote y, durante una milla o dos, estuvo cabizbajo.
Pero luego llegaron a un santuario, donde un faquir hacía milagros.
—Ah —dijo el sacerdote—. He aquí los verdaderos fundamentos de la fe. El pavo real no era otra cosa que un adminículo. Ésta es la base de nuestra religión.
Y se golpeó el pecho y gimió como si padeciera de cólicos.
—Para mí —dijo la persona virtuosa— todo esto es tan insignificante como el pavo real. Creo porque sé que la justicia es grande y prevalecerá; y este faquir podría seguir con su prestidigitación hasta el día del juicio final y no me embaucaría.
Al oír esto el faquir se indignó tanto que le tembló la mano y, en medio de un milagro los naipes cayeron de la manga.
—¿Qué me dice ahora? —preguntó la persona virtuosa—. Y sin embargo a mí no me afecta.
—Que el diablo se lleve al faquir —exclamó el sacerdote—. Realmente, no veo la ventaja de seguir con esta peregrinación.
—¡Valor! —exclamó la persona virtuosa—. Grande es la justicia y prevalecerá.
—Si está usted seguro de que prevalecerá... —dijo el sacerdote.
—Le doy mi palabra —dijo la persona virtuosa.
Entonces el otro prosiguió con mejor ánimo.
Finalmente llegó uno corriendo y les dijo que todo estaba perdido; que los poderes de las tinieblas sitiaban las Mansiones Celestiales y Odin iba a morir y el mal triunfaría.
—He sido burdamente engañado —exclamó la persona virtuosa.
—Ahora todo se ha perdido —dijo el sacerdote.
—¿No estaremos a tiempo para pactar con el diablo? —dijo la persona virtuosa.
—Esperemos que sí —dijo el sacerdote— Intentémoslo, en todo caso. ¿Pero qué está haciendo con su hacha? —le dijo al vagabundo.
—Voy a morir con Odin —dijo el vagabundo.