lunes, 15 de diciembre de 2008

DOS POEMAS SOBRE EL AMOR Y LA MUERTE. I


Sé que a veces la muerte colabora,
Apresurando, loca, la partida,
Con el amor, a restañar la herida
Con que a la cara el tiempo condecora.

La voz que se apagó, vuelve sonora;
Vuelve brillante la color perdida,
Y, joven otra vez, vuelve a la vida
La pasada presencia que enamora.

Estas cosas del cauce del olvido
Saca la muerte, pero tú en mi espejo
No verás deshojarse tu reflejo.

Eres ahora la que siempre has sido.
Aún te ama mi niñez, y para verte
No preciso los ojos de la muerte.

13 comentarios:

Joselu dijo...

Es curioso porque cuando yo tenía cinco y seis años tuve un amor -no lo sabía entonces- y no he podido olvidarlo nunca. Recuerdo su voz, su presencia, su rostro, su cuerpo, los momentos que pasábamos juntos jugando a papás y mamás. Creo que no me gustaría volverla a ver. Le perdí la pista a los siete años. Nunca he sabido nada de ella, pero vuelve a mí con una nitidez que asombra, teniendo en cuenta que mi vida ha sido rica en cuanto a sentimientos. "Eres ahora la que siempre has sido. Aún te ama mi niñez, y para verte no preciso los ojos de la muerte". Algún día le escribiré un poema, pero no será tan redondo como el tuyo. Amor y muerte, ¡qué intensa combinación existencial! En la senda de los poetas amorosos del barroco, qué gran siglo.

Cariátides dijo...

Estoy con Joselu, el amor y la muerte, casi ná por separado, casi ná juntos...

Ultimamente mis reflexiones me llevan a hacer repaso de mi vida... Y, aunque no lo escriba, pienso ¿cuántas veces se puede morir en la misma vida?

Animal de Fondo dijo...

Joselu: Qué gran siglo el del barroco en literatura, y qué distinto, sin embargo, en sus propósitos, en la pintura. Los escritores nos revelan la vida y los pintores -algunos- nos la ocultan y convierten el arte en propaganda. Parece que ya entonces lo visual -la televisión de los retablos- ya iba por un camino totalmente distinto de lo literario.
Quevedo no publicó un solo poema que no fuese sobre materia grave -las traducciones de Epícteto y de Focílides- en vida, y a su muerte se encontró todo el tesoro de sus sentimientos. Hoy parece que somos capaces de revelarnos más. No obstante, no está mal que nos guardemos algo.
Y esos enamoramientos de la infancia, qué aroma tan dulce conservan. Espero que escribas ese poema y nos lo enseñes. ¿Has leído "La vida nueva de Pedrito de Andía" o "Rosa Krüger"? Me parece que las dos pueden servir para amenizar la espera, mientras tanto.
¡Gracias por tu visita y por tus palabras!

Animal de Fondo dijo...

Querida C., pues yo pienso que se puede y se debe morir muchas veces, aunque en un sentido distinto del que tú comentas. Morir al pasado diariamente para que la visión no esté enturbiada por lo que pasó. Morir para perdonar definitivamente y para perdonarnos a nosotros mismos; morir para no ver a través de nuestra conclusión de ayer -nuestro prejuicio- que nos impide enterarnos de la claridad del nuevo día. Morir -no ser nadie- para ser niño y para no envejecer.
No sé cuando se fundó la superstición de nuestra continuidad individual en el tiempo, pero me gustaría saberlo. Tal vez en Cuadernos de África lo descubramos.
Besos.

Anónimo dijo...

ERIC CLAPTON/TEARS IN HEAVEN

WOULD YOU KNOW MY NAME
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
WOULD IT BE THE SAME
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
I MUST BE STRONG AND CARRY ON
´CAUSE I KNOW I DON´T BELONG HERE IN HEAVEN...

WOULD YOU HOLD MY HAND
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
WOULD YOU HELP ME STAND
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
I´LL FIND MY WAY THROUGH NIGHT AND DAY

´CAUSE I KNOW I JUST CAN´T STAY HERE IN HEAVEN...

TIME CAN BRING YOU DOWN, TIME CAN BEND YOUR KNEES
TIME CAN BREAK YOUR HEART, HAVE YOU BEGGING PLEASE...

BEYOND THE DOOR THERE´S PEACE I´M SURE
AND I KNOW THERE´LL BE NO MORE TEARS IN HEAVEN...

WOULD YOU KNOW MY NAME
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
WOULD IT BE THE SAME
IF I SAW YOU IN HEAVEN?
I MUST BE STRONG AND CARRY ON
´CAUSE I KNOW I DON´T BELONG HERE IN HEAVEN.

Yolanda Molina Pérez dijo...

Hermoso poema, esencias vitales desbordadas en la exactitud del verso.
Un abrazo

Maykel dijo...

Ah, Francisco, qué bien que sigas obsequiándonos estos juguetes del joven artífice...
Por cierto, si esto es coincidencia, será sorprendente. No sé de qué van esas novelas que recomiendas a Joselu, pero Rosa Krüger, con la misma diéresis, se llama una poetisa habanera del siglo XIX. ¿Lo sabías?
Quiero disculparme por no haber visto antes lo del Partenón. Me conecto poco en estos días. Te prometo retribuirte con mi propia visión de lo sobrehumano.
Abrazos.

Animal de Fondo dijo...

Querida Yolanda: Gracias por tus palabras y tu visita. Estoy sacando estos poemas en un intento por no dejar abandonado el blog, porque los desastres que me suceden de vez en cuando en la reforma de la casa son para echarse a llorar, aunque intentaré hacerte reír. ¿Te acuerdas de Fico, el fontanero que rompió las tuberías de agua bajo los efectos del ron? Conté la historia en "Tres regalos fallidos". Pues bien, el reverso tenebroso de Fico -que era una estupenda persona- se pasó por casa, colocó los manguetones de desagüe de los inodoros en contrapendiente, perdió las manetas de las llaves de paso, cegó una de las tuberías de abastecimiento a la cisterna de un inodoro; para resumir, arrojó a la basura todos los folletos de instrucciones alegando que no los necesitaba y colocó casi todo mal, espantosamente mal, poco antes de abandonar la obra temiendo, tal vez, que le hiciera responsable de tanto desmán. Así que mis dolores de cabeza no cesan todavía y, como dice mi mujer, parece que nos están "tirando". Estamos intentando resolverlo todo con buen humor.
De todo ello he aprendido mucho. Cuando dirijo una obra, normalmente hablo con el encargado, que es una persona habitualmente responsable y cortés para conmigo. Aquí, tratando directamente con los "especialistas", he comprendido qué inmensa valía tienen esos encargados de obra, mayores, viejos algunos, que saben lidiar con lo de arriba y con lo de abajo, que en todas partes tenemos nuestros defectos. Y me he asombrado, una vez más, de la situación de España, que no es que no quiera, es que no sabe salir de la chapuza y de la improvisación.
Tengo muchas ganas de comentar en tu blog. Sirva esto de disculpa, y vaya para ti y para tu familia un abrazo de lo más fuerte.

Animal de Fondo dijo...

Querido Maykel: Os echo verdaderamente de menos, pero ya habrás leído, en mi contestación a Yolanda, una mínima parte de las contrariedades que han sucedido. Mientras estuve de vacaciones, la obra se desarrolló con una tolerancia increíble de 5 mm/4 m. Asombroso, tanto como se descuajeringó en cuanto tuve que volver al trabajo y a ausentarme de allí.
No conozco a tu Rosa Krüger, pero me interesa muchísimo el dato que me das. Yo tengo a Rafael Sánchez Mazas, que es el autor de las dos novelas, en una altísima estimación; le tengo verdadero amor y admiración. Alguien dijo de él que era un autor ático y me parece que no está descaminada esa apreciación. En España, por hipocresía social, se le ha marcado como un escritor fascista y ya está, sin leerlo, claro. Pero casi todos los valientes que ahora "dan lanzada a moro muerto" no se atrevieron a hacer lo que él, dejar de asistir al consejo de ministros, del que fue miembro, porque no toleraba que Franco decidiera por sí solo que no se podía fumar en ellos. Rafael Sánchez Mazas fumaba. No hace mucho cobró algo de actualidad a propósito de una anécdota en una película, pero sigue ignorado. Para mí tiene una manera de escribir que me parece la perfección absoluta, tanto prosa como poesía.
Tienes una entrada en este blog, en diciembre del 2007, que se llama, precisamente, Rosa Krüger, pero ahora que la releo, apenas si se dice allí algo de la novela.
La intuición me dice que te gustarán los versos de Rafael Sánchez Mazas que rescato de la memoria. Son traducción de un soneto de una doncella anónima toscana del siglo XV:

"Pobre de mí, que amaba un alcotán.
Lo amaba tanto yo que me moría.
A mi reclamo, bien que era galán,
aunque no mucho cebo le ponía.

Ahora muy altanero lo verán,
mucho más alto que antes no solía;
en un vergel reposa de su afán
y otra dama lo tiene en tiranía.

¡Ay mi alcotán!, te había yo nutrido
y un cascabel de oro regalado
porque hubiera más júbilo en tu vuelo.

Y ahora como la mar te me has alzado,
has roto ligaduras y has huído,
cuando estabas tan fiel a mi señuelo."

¿Leyó Rafael Sánchez Mazas a Rosa Krüger? Lo estudiaremos, si puede ser.
Un abrazo muy fuerte, Maykel.

Anónimo dijo...

Gracias por la información sobre la polémica de JRJ y JG, son rencillas pero son la palpitación de la vida de esos días. He llegado a ellas a través del epistolario de Vicente Aleixandre. Curioso género el epistolario...

Animal de Fondo dijo...

Gracias a ti por tu visita y tu comentario, amigo anónimo.

Jueves dijo...

Te leo poesía y prosa... Hoy es día de muertes, de esas de las que tú hablas.

Me muero un poquito, como siempre, para resucitarme nadie con más fuerza.

Y así hasta la muerte, amigo.

Un abrazo fuerte (¡tengo ya la espalda casi para cien!).

Animal de Fondo dijo...

Querida Jueves: de nadie a nadie; de resucitado a resucitada: ¡cómo me alegro de que tu espalda también resucite! Es una noticia maravillosa.
Un beso.