miércoles, 16 de noviembre de 2011

POR QUÉ NO ADMIRO LA INTELIGENCIA Y SÍ ADMIRO LA BONDAD


En mi pubertad admiraba la inteligencia. En aquellos años nos hacían test de inteligencia en los colegios; hasta en algunas asociaciones juveniles nos hacían test de inteligencia. Enseguida leíamos a José Luis Pinillos y nos enterábamos qué significaba el percentil que nos habían asignado, que se nos antojaba muy importante. Esos libros decían que un coeficiente de inteligencia de 100 era normal. Que un coeficiente de inteligencia de 140 era superior. Que un coeficiente de inteligencia de 80 era un poco inferior. Nos preocupaba nuestra capacidad de razonamiento abstracto, nuestra visión espacial, y consiguieron hacernos creer que todo ello afectaría a nuestro desarrollo profesional y, singularmente, a nuestra vida.
Leímos que Napoleón tenía un coeficiente de inteligencia de 190 y a mí empezó a extrañarme que la mezcla de los sucesos del 18 brumario con la autocoronación como emperador, con cientos de miles de muertos sacrificados en pos de una bella idea produjera un resultado espectacularmente brillante, según los parámetros de medida estándar. Así que empecé a sospechar. Después vi que una especie supuestamente normal se había dedicado a lo largo de los siglos a destruir, torturar, conquistar. Que los dirigentes de la tal especie construían sus dominios generalmente sobre cadáveres, desgracia, horror. Así que decidí desconfiar de tales parámetros de normalidad y sustituí la idea de que un coeficiente de inteligencia de 100 significa normal por la consideración de que un coeficiente de inteligencia de 100 significa más bien habitual.
Desde entonces creo que un coeficiente de inteligencia de 2500 o 3000 tal vez sería el parámetro de normal en la especie humana. Y visto, por nuestro comportamiento a lo largo de la historia, que nos debatimos entre una subnormalidad más o menos profunda, creo que el hecho de que seamos unas décimas más o menos subnormales no es relevante para nuestras vidas, en contra de lo que suelen enseñarnos. No solamente a lo largo de la historia; basta contemplar cualquier suceso de la actualidad para que podamos poner en tela de juicio nuestra cordura. La apreciación es evidente en los grandes sucesos; guerras sin más fundamento que la codicia, países enteros donde la falta de alimentos es la norma, sociedades opulentas que se devoran a sí mismas. Pero en las pequeñas anécdotas de cada día podemos verlo también: Como no seguimos el consejo de Quevedo de pagar a los médicos porque estamos sanos, seguimos creyendo que nos curarán el tabardillo que les da de comer.
Pero si no podemos llegar a ser inteligentes, ¿por qué no aspirar a la bondad? La inteligencia no está a nuestro alcance, pero la bondad sí, y el mundo está lleno de ejemplos. La bondad es lo único que puede salvarnos de la desgracia de nuestra mediocre inteligencia. Mediante la bondad, podemos acceder a una guía segura que nos impele a comportarnos como si fuéramos inteligentes. Ya que si tuviéramos ese coeficiente de 3000 seríamos, sin duda, buenos -porque querríamos ser felices-, ser buenos es la única oportunidad que tenemos de vivir como si no fuéramos tan tontos.
Por eso, poco después de aquella pubertad, dejé de admirar la inteligencia y decidí admirar la bondad que, según creo, es lo único medianamente inteligente que puede hacerse.

Nota: publico esta vieja entrada como introducción a una nueva serie que quisiera desarrollar.

16 comentarios:

Joselu dijo...

Cuando hacía la mili hubo un caso que nos contaron. Se trataba de un quinto que en las baterías de tests que nos pasaban añadió en el espacio adecuado al final y como colofón que pertenecía a la asociación MENSA por su alto nivel de cociente intelectual. No te quiero contar cómo pasó la mili aquel soldado al que le tocó limpiar más váteres que a cualquier otro, pues siempre que había alguna tarea costosa o desagradable le reclamaban diciendo "que venga el superdotado". Esto quiere decir que ese cociente mide una variante de la inteligencia, pero no da una definición de la persona. De hecho aquel quinto fue bastante tonto en revelar algo que no podía ayudarle en aquel contexto, y de hecho le perjudicó. ¿Fue realmente inteligente?

Supongamos que Napoleón tuviera 190 de CI. ¿Su decisión de invadir Rusia fue inteligente? ¡Ah, la vanidad!

La bondad es una variante de la inteligencia humana que no se mide en CI pero puede ser mucho más profunda que lo que da ese cociente abstracto. Supongamos que Gandhi era bondadoso, o que supo utilizar su CI, unido a su coraje y a su valor, para causas que expresaban bondad y hermandad entre los seres humanos.

Y pienso que la bondad es una variante de la inteligencia porque revela la expresión más clara de una de las verdades más potentes que podemos aprender en nuestra vida: que todas nuestras acciones tienen efectos y que tarde o temprano recibimos el resultado o el bumerán de nuestras acciones. Una buena acción es hermosa en sí misma, y el que la realiza, sea por bondad natural o aprendida (¡), tarde o temprano recibirá otra acción semejante en una forma u otra. El que promueve el mal igualmente recibirá el resultado de su acción aunque no sea más que como dolor espiritual. El desprecio engendra desprecio, el mal engendra mal, el bien engendra bien.

No sé si es así, pero quiero creerlo.

Animal de Fondo dijo...

¡Cómo no te voy a querer, Joselu, si siempre estás ahí, acompañándome! Yo pienso que es más o menos así, aunque no me cabe duda de que la gratificación inmediata que se siente al hacer el bien es tan grande que a veces puede empañar la conciencia, que desearía no obtener ninguna retribución, para no cejar en su pureza de intenciones... no seguiré, porque estoy a punto de liarme si es que no me lié ya.
Por cierto, me encanta lo provocador que estás últimamente en el blog, pero no me atrevo a participar; me parece que ya roza la indiscreción mostrarse siempre en desacuerdo con todo el mundo, así que llevo un par de entradas callado. De algún modo pienso que en lugar de mostrar otro posible camino solamente escandalizaré y eso siempre es infructuoso. ¡Cómo me gustaría que hubiera en nuestro mundo un poco más de sentido del humor!
Un abrazo. ¡Gracias!

Joselu dijo...

Creo que he cambiado la concepción del blog. Me preguntó primero qué es de rabiosa actualidad, evidente o en el trasfondo de la realidad, y a partir de ahí creo. Llevo seis años con el blog, pero siento como si ahora comenzara, tal es la ilusión que me domina. Cada vez tengo más cosas que escribir, de qué hablar. Y en él se implica la polémica, la lucha contra los lugares comunes. Busco lectores que vayan más allá de la realidad aparente. Hay lectores movidos por los tópicos y las creencias. No tengo creencias. El blog es fruto de la inspiración del espíritu que late en el mundo contemporáneo. En él quiero sumergirme y por supuesto que no desentonas, aunque muchas veces me doy cuenta de que vivimos universos paralelos y soy consciente de tus contradicciones (y de las mías). Tus aportaciones dan forma a un mundo atípico pero interesante. No pienses nunca que no cabes en Profesor en la secundaria. El camino del blog es la búsqueda de la provocación por medio de las ideas y pequeñas trampas que tiendo con placer. Me encanta que la gente caiga en ellas. O que las esquive. Es un juego en que lo literario tiene su punto de apoyo en la incertidumbre de la identidad. Profesor en la secundaria muta y se deshace de identidades pasadas. La identidad es una ficción.

Un abrazo.

Yolanda Molina Pérez dijo...

Francisco por algún tiempo fui también devota de la inteligencia, incluso fue su carencia algo imperdonable ante mis ojos, es increíble cómo los años y las experiencias van atenuando nuestra visión del mundo, las cosas, las personas...
Hoy valoro con el mismo rigor la bondad, hay una inteligencia práctica y natural que no se aprecia en la justa medida y que cada vez admiro más, personas con una capacidad resolutiva basada más que en el conocimiento en lo intuitivo, creo que generalmente la poseen personas con poca instrucción, en la misma medida crece mi valoración por la educación, esa que se fundamenta en respeto y normas elementales de convivencia a desprecio de la erudición invasiva y predominante, en Cuba esta última se pierde, no sé cuántos de los Buenos Días que ofrezco en cada jornada quedan colgando en alguna parte sin respuesta, somos “mamis”, “papis” y “amores” ante la primera palabra que proferimos por teléfono, un extraño enseguida se considera con la posibilidad de tutearte, intentar pasar el brazo sobre los hombros… en fin, que quizás la presencia de mis mayores en mi educación es mucho más profunda de lo visible…
Si algo me asusta es la escasez de bondad, la gente se va tornando capaz de actos altruistas a gran escala, si vienen con reconocimiento mejor, y pierde la del buen gesto cotidiano; por seis años mis migrañas me habían dado una pausa benéfica y este martes se ensañó conmigo y la trajo una jornada de dolor, hacía investigación de campo para un trabajo sobre protección al consumidor y vi tanta miseria humana, mezclada con indolencia, carencia de principios, que la indignación se ahogó en pena, regresé a casa acongojada de un modo casi incomprensible y viejas preguntas vuelven a atosigarme.
¿Estamos quizás “prediseñados” para una conducta autodestructiva como especie? ¿Tiene sentido tanta organización de proteccionismo animal cuando las personas mueren como moscas por enfermedades y males prevenibles? ¿Para qué queremos salvar el planeta y la naturaleza si al paso que vamos probablemente estará deshabitado? ¿En nombre de qué se hacen guerras, se matan inocentes? ¿Quién capacitó y dotó a unos pocos para creerse voceros de los deseos y necesidades de otros? Y podría enredarme aún más, porque ¿podemos acaso saber la naturaleza de cada intención humana? ¿Hay alguien que pueda eximirse de en algún momento haber dañado a otro con o sin intención, con nuestros propios hijos cuántas veces podemos equivocar el camino y querremos intencionadamente herirlos o provocar algún sentimiento doloroso en ellos? Es un tema harto complicado y quién podría asegurarnos que no estemos nosotros equivocados… Abrazos, con la esperanza de la bondad nunca nos sea ajena….

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Amigo Animal de Fondo,

Sepa Vd. que me ha encantado su reflexión sobre la Inteligencia y la Bondad. Es muy verdad que, si analizamos el comportamiento del hombre, y la mujer, a lo largo de la Historia, las señales de inteligencia son muy escasas, si por inteligencia entendemos el saber comportarse como Dios manda, que diría un creyente. Si pasamos del hombre corriente a los Dirigentes que han manipulado nuestra vida, apropiándose ellos el Poder y las riquezas, nos encontramos ya con otra especie que tiene bien poco de humano.

La Bondad, efectivamente, está a nuestro alcance, pero también hay que reconocer que son bien pocos los que la establecen como normas de su vida. Y es que estamos en un mundo en el que prevalece la indignidad y la malignidad.

Y, para hablar de cosas actuales, mañana, salgan los que salgan, me temo que van a salir elegidos los peores, porque, si malos son unos, peores son los otros.

Aplaudo esa iniciativa suya de gratificarnos con una serie que hable de estos temas. De buen seguro que vamos a disfrutar todos mucho con ella.

Le envío, Querido amigo, todos mis respetos y un afectuoso saludo.

Antonio

Javier dijo...

Ni somos inteligentes ni buenos. Quizá lo primero atienda más a herencia genética que a práctica cotidiana, pero lo segundo no parece escapar tampoco a este destino. No creo que se pueda elegir ser bueno. Lo somos o no, y en consecuencia actuamos.

Se equivocaba Rousseau cuando expuso su teoría del buen salvaje: la sociedad no hace malo al individuo, tan sólo lo hace sofisticado. El hombre criado sin contacto con sus semejantes no es bueno ni malo, sino natural, en la misma medida en que lo es cualquier otro ser vivo carente de inteligencia.

Carecer de inteligencia no implica necesariamente prodigar bondad, pues, ¿son los necios buenos? Difícilmente, pues hay en la estupidez un elevado grado de todos los defectos de que adolece la especie humana: envidia, ira, codicia, desconfianza, idolatría... En cambio, el ser inteligente, sea bueno o malo, suele desprenderse del resto de ataduras para concentrarse en el objeto de su inteligencia. Que dedique su vida y esfuerzos a prodigar el mal es un verdadero desperdicio, pero es su elección, o quizá su carga.

Un abrazo.

Animal de Fondo dijo...

Joselu, la identidad es una ficción me parece un buen lema para esta etapa nueva de tu blog. Ya sé que soy bienvenido allí, por tu parte, pero es evidente que desentono en el conjunto de los comentaristas. No obstante, te seguiré leyendo, como siempre, y participaré salvo cuando, como en este último post (el de la música), me parezca que mi aportación no puede ser positiva. En el fondo, yo también pienso que gran parte de la música popular que se escucha entre nosotros es alienante, además de una burda colonización cultural. Y no hablemos ya de que nosotros, tan mediocres, tan hipócritas, nos erijamos en salvadores de los "oprimidos" musulmanes; se empieza liberándolos del velo y se acaba por bombardearlos; al fin y al cabo es lo mismo que hacíamos desde la santa inquisición; los quemábamos por el bien de sus almas... comprenderás por qué no he querido comentar en un ambiente donde todo el mundo se siente bien expresando su lástima, a los "pobrecitos" "no desarrollados", "no demócratas". No sé, pienso que no tenemos derecho a imponer nuestra falta de valores a otros países.
Por supuesto que creo entender tus propósitos, que tienen todo mi respeto, aparte el agradecimiento a ti por tantísimas cosas como te he visto hacer a lo largo de los años. Ahora me acuerdo de Ainhoa y de lo que hiciste con tu amiga abstemia forzosa. ¡Hasta un día comentaste en este blog bajo su nombre, sin darte cuenta, porque estabas, si no recuerdo mal, proporcionándole las herramientas necesarias para que llevara mejor los días de vida que le quedaban!
No me engañas, Joselu; a veces te proteges bajo un velo, sí, de aparente indiferencia o hasta finges cinismo; pero ocultas un corazón que no te cabe dentro del pecho y eso, en estos tiempos (y acaso en todos), tal vez duele.
Un abrazo, desde el universo paralelo, pero desde el que se siente y agradece tu compañía.

Animal de Fondo dijo...

Querida Yolanda, comparto contigo la admiración por esas personas, aparentemente sin estudios oficiales, que expresan en su conducta muchas veces más sabiduría y saber hacer que los ilustrados. Lo que me parece un error pensar que ahí no hay cultura; hay una cultura probablemente superior a la de los centros de enseñanza, ya que se ha impregnado lo suficientemente en la sociedad como para que ésta, por sí sola, sepa transmitirla. Es esa cultura la que siempre me hizo ver a los cubanos como un pueblo extraordinariamente ilustrado, muy por encima de la cultura de los pueblos de las antiguas metrópolis, que lo ignoran casi todo. La cultura que importa, para mí, es esa, y es cierto que, en la Cuba que yo vi, la parte que más presumía de "erudición", usando tus palabras, era sin embargo la menos culta, la menos dúctil, la más ceporra, la que menos había entendido qué cosa sea eso de la cultura.
Espero que esa cultura popular cubana se mantenga, por encima de las apariencias que puedan hacernos pensar que se esté desgastando. Son dos siglos al menos de luchas en pos de su consecución y creo que debe estar bien arraigada, aunque es cierto que en las personas de la generación de tus padres se observa con más claridad que en las personas más jóvenes.
Tus preguntas, Yolanda, muestran por lo que debemos luchar mientras nos deshacemos en el tiempo, cada uno con nuestros breves medios; no cabe duda de que hemos actuado mal muchas veces, con los demás, con nuestros propios hijos, con nosotros mismos, pero nadie nos quita la posibilidad y el deseo de levantarnos de nuevo muchas veces. Comparto tu deseo y lo pronuncio también: ojalá que la bondad nunca nos sea ajena.
Abrazos, Yolanda, para ti y para los tuyos.

Animal de Fondo dijo...

Amigo Antonio, me pregunto el por qué de esos bien pocos que establecen la bondad como norma de su vida. En todo caso, yo admiro su ejercicio, yo les rindo vasallaje, yo quisiera seguir su ejemplo. Serán pocos, pero nos alumbran, y su resplandor tiñe de alegría y esperanza nuestro mundo. Un pequeño problema, en nuestros días es que viene siendo difícil a veces distinguir entre la conducta que es bondad verdadera, desinteresada y noble, y esa bondad almibarada y sentimentaloide que la falta de inteligencia, aplicada, pretende vender como un producto de consumo más. A mi pobre juicio, la bondad nunca se opone a la justicia y por ahí cojea esa bondad de ONG que pretende convertir las emociones humanas -de las que usted tanto sabe a través de la lectura de los clásicos- en esos sentimientos baratos y consoladores que tan bien manejaban -por seguir poniendo ejemplos literarios- los novelistas españoles del novecientos, Alberto Insúa, El Caballero Audaz, Artemio Precioso...
Vaya otro cordial y agradecido saludo para usted.

Animal de Fondo dijo...

Javier, no quiero creer que no podamos elegir; si tuviéramos todavía menos inteligencia, tal vez estaríamos imposibilitados para alcanzar esa bondad voluntaria, pero en las circunstancias normales, creo que está a nuestro alcance un mínimo atisbo de inteligencia, suficiente para dar el paso y decidirnos por la bondad. Desde luego, comparto contigo la idea de que lo menos parecido que hay a un bueno es un tonto; siempre me ha dolido, por eso, escuchar a un grupo de amigas aconsejar a otra (que se proponía realizar una buena acción), cuando éramos jóvenes y teníamos contrariedades sentimentales: "hija, no seas tonta..."
Un abrazo.

Diego dijo...

Quizá la bondad no esté extendida porque no está valorada en las sociedades. Reflejo de ello es el dicho: "de bueno a tonto hay un paso"

se valora a los aguilillas, a los pícaros que saben culebrear, a quienes se cuelan entre las grietas de todo. Ess un problemas social más que humano.

De todos modos, aun cuando alguien es bueno, hay que matizar. Antonio Machado tenía que decirlo dos veces: "bueno en el buen sentido de la palabra"

http://www.alestedeleden.blogspot.com/

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Pues sí, amigo mío, Animal de Fondo, la Bondad y la Justicia deberían ir parejas y paralelas. No puede haber Bondad sin Justicia, ni Justicia sin Bondad. Lo que pasa es que muchas veces nos venden como Bondad lo que no lo es y nos venden como Justicia lo que tampoco lo es.

Para poner un ejemplo, a ver quién me dice dónde está la Justicia y la Bondad de los Políticos que nos dirigen, cuando ellos consideran oportuno reducir los eueldos, muhas veces miserables, de los funcionarios públicos, y no se les ocurre tocar los suyos propios, que son bien gruesos y bien grandes, o cuando esos mismos Políticos atacan la Seguridad Social, con rebajas y recortes en los Servicios, cuando ellos van a las Clínicas privadas.

Lo mismo valdría para la Educación Pública y la Privada.

Resumiendo: que nuestros Dirigentes, con las excepciones que se quiera, no son ni buenos ni justos.

Dixi [He dicho].

Le envío un abrazo.

Antonio

Nicolasa Quidman dijo...

Yo creo que admiro las dos cosas. Como admiro la belleza de un rostro, o la obra de algunos artistas. Sin embargo, no le otorgo ningún mérito, ni a la inteligencia ni a la belleza, atributos con los que nacemos y que podemos cultivar, claro; la bondad es, de algún modo, opcional, y admiro a las personas que la eligen, sean guapas, feas, listas, tontas...

Por cierto, ese otro blog de tu perfil, me ha conmocionado... ¿puedo preguntar si lo mantienes como padre/madre, o como docente?

Un saludo lleno de admiración.

María

Animal de Fondo dijo...

Gracias por la visita, Diego, y por el nuevo comentario, Antonio. ¡Qué puedo decir, sino que estoy de acuerdo con ambos!
¡Gracias!

Animal de Fondo dijo...

¡Gracias, Nicolasa! El blog en el perfil ha sido un fallo técnico, ya no aparece. Simplemente lo administro para ayudar al AMPA del cole de mi hija mayor. De todas formas, sí que mantuve un blog escolar, como padre, del 2006 al 2008. Lo hice con una ilusión bárbara, pensando que serviría para educarnos mutuamente, padres, profesores y alumnos de infantil y primaria. Después, la falta de respuesta de la mayoría me hizo dejarlo; solamente escribían la directora, recién jubilada, y otra profesora; con orgullo te digo que las dos mejores profesoras del cole, dos personas bárbaras. Pero como no era eso, no era un blog para tres amigos, lo cerré. Me gustaría mucho enviarte un enlace, por lo menos para que vieras una entrada donde fotografié 400 dibujos de los niños; quise seleccionar, pero todos me parecieron lo bastante maravillosos como para no dejarlos de lado. Si me das un correo electrónico (el mío está en mi perfil) te enviaré un enlace, porque no quiero hacer completamente públicos estos blogs, donde expresé con ingenuidad mis esperanzas. Al mismo tiempo estuve cuatro años en un consejo escolar; no falté jamás a una reunión. Pero lo único que creo conseguí en esos cuatro años fue que no se aceptara, por parte del colegio, una compra que presentaba el secretario presupuestada en tres mil euros, con el argumento de llamar en directo al proveedor, que acababa de cobrarme a mí mil euros por lo mismo, para que confirmara el precio ante todos, lo que hizo. Como verás, estoy algo desanimado con respecto a esa faceta. ¡Pero estoy empezando a animarme de nuevo!
Un abrazo, gracias por tu visita y tu comentario.

ZATZA dijo...

Hola...Este es un tema sin tiempo. Borgues decía : Bondad e inteligencia profundas son inseparables. Ser bueno, no es ser condescendiente. Es vencer nuestras pasiones y luchar por ser mejores. Ser bueno es defender al débil...en especial cuando nadie más lo hace. Ser bueno, es ser valiente. Es enfrentar lo que tememos. Ser bueno es imitar a D ios.