domingo, 20 de abril de 2008

PUNTO FINAL. MISCELÁNEA


Cuando me propuse narrar la ruptura de Orígenes, pensé que tendría interés dar a la luz la relación de los escritores que supuestamente quedaron fieles a Lezama y los que se pasaron a Rodríguez Feo. Ahora no pienso así. Es natural que a la hormiga le parezcan demasiado expresivas las huellas del elefante, pero verla clasificar tales huellas, distinguiendo elefantes buenos y elefantes malos sería ridículo. ¡Qué sabrá ella de bondad y maldad entre los que no son de su especie!
Me ha hecho comprender todo esto el haber tenido la prudencia de repasar las fechas de las cartas entre María Zambrano y Lezama. Dije en uno de los comentarios que Zambrano fue de los primeros en colaborar con Rodríguez Feo. He podido comprobar que ello no alteró en absoluto su amistad con Lezama, que le siguió escribiendo expresando un afecto cada vez mayor. Esta comprobación me ha hecho sentirme la hormiguita del cuento del párrafo anterior. No obstante, como tengo Orígenes, estaré encantado de facilitar, particularmente, la información que desee conocer cualquiera de mis lectores.
Y leyendo otras cartas entre Julio Cortázar y Lezama he visto la preparación escrupulosa, por parte de Cortázar, de un extenso artículo sobre Paradiso. Muy fácil, pensé: bastará con sacar de su estante los tomos de la Obra Crítica de Cortázar para encontrar el artículo. Con asombro vi que el artículo no existía, en la edición de Alfaguara que poseo. Después de mucho buscar por librerías y tomos de Obras Completas, al fin, encontré el artículo. He podido leerlo en la vieja edición que conservo de "La vuelta al día en ochenta mundos". Allí el artículo se llama "Para leer a Lezama Lima". Si el artículo no es Obra Crítica, y de la buena, que venga mi querido Martín Alonso y lo vea.
Esta ausencia en la edición de la Obra Crítica de Julio Cortázar, unida a la mutilación, en las ediciones de la Obra de Juan Ramón de su "crítica paralela" ha hecho temblar uno de los postulados que yo he tenido siempre más firmes en mi conciencia. ¿Cuando leemos a los escritores, leemos realmente lo que ellos han escrito? Siempre he dado por supuesto que se censuran libros completos, que se impide su publicación o su difusión. Pero ese problema siempre pensé que se resolvía en las trastiendas de las librerías, tal vez porque en mi juventud bastaba con guiñarle un ojo al librero para que te aceptara en su secreta secta y te vendiera el libro prohibido que te interesara. ¿Se censurará, desde siempre, desde dentro de los textos? ¿Se cortan párrafos, se cambian vocablos, se interpreta el sentido de las puntuaciones? Resulta que "Para leer a Lezama Lima" no es Obra Crítica. Qué asombro, qué miedo da solamente pensarlo.
He terminado de leer el libro de John Lawrence Tone "Guerra y genocidio en Cuba 1895-1898". Del libro, destaco la impresión que me ha producido la figura de Arsenio Martínez Campos. Es el primer Capitán General de la guerra, y es recibido en España entre abucheos al ser sustituído por Weyler. Martínez Campos se debate entre la necesidad de corresponder al juramento prestado y sus convicciones personales. No se considera capaz de dirigir el curso de la guerra. No está dispuesto a hacer lo que hay que hacer para ganar, lo que luego hará Weyler. "Podría reconcentrarse las familias de los campos en las poblaciones", escribe, pero entonces "la miseria y el hambre serían horribles". "Creo que no tengo las condiciones para el caso". "No puedo yo, representante de una nación culta, ser el primero que dé el ejemplo de crueldad e intransigencia". Pide repetidamente a Cánovas que lo sustituya. En algunos lances, parece que busca el empate más que la victoria, siempre eludiendo la forma de combatir que no considera honorable, aunque sea efectiva. Weyler, su sustituto, hace la reconcentración y Martínez Campos regresa a España, donde se le recibe como a un fracasado. Me ha llamado la atención el difícil trance de Martínez Campos. ¿Cómo responderíamos nosotros?
En cualquier caso, como no he leído mucho sobre guerras, el libro me ha hecho tomar contacto con la atrocidad, con lo inhumano, con lo increíble. Las guerras en televisión tal vez se cubren de banalidad, el medio las contamina. El libro tiene dos o tres fotos atroces, de seres humanos vivos, en el esqueleto más puro, resultado del hambre. Son fotografías que será difícil olvidar.
La imagen que se muestra es el adoquinado de madera de la Plaza de Armas de La Habana, en su estado de hace catorce o quince años, frente al Palacio de los Capitanes Generales; adoquinado que amortigua el ruido del paso de carruajes, lo que pudiera interrumpir el descanso del Capitán General.
Sobre la poesia española, después de Juan Ramón, hablamos otro día.

14 comentarios:

Joselu dijo...

Excelente colección de artículos críticos sobre la ruptura de Orígenes y el conflicto allí desatado. La formulación de tus tesis ha tenido replanteamientos a lo largo de este buen trabajo interpretativo. Veo en ti a un destacable crítico literario que necesitaría mayor proyección. Es asombroso lo que se puede encontrar discretamente en el mundo de los blogs: obras de pasión realizadas sin alharacas por verdaderos profesionales. Por otro lado, la figura del general Martínez Campos ofrece una imagen de honradez personal que le dignifica, fueran cuáles fueran sus errores. Pasó por ser un fracasado en su tiempo y sufrió el descrédito de los que deseaban sangre y fuego, pero la historia quízás le ponga un día en un lugar más honorable. Su epopeya es desconocida y sí la de Weyler, un criminal de guerra que hizo lo que le exigían desde la opinión pública no desde su dignidad personal. Esperamos atentamente el panorama de la poesía después de Juan Ramón, tras esta serie de artículos que me han iluminado parte de la historia que desconocía. Un abrazo.

Animal de Fondo dijo...

Pues sí, Joselu, las tesis han ido cambiando. Al principio, tardé en recuperarme de la sorpresa. Yo he defendido muchos años que el 27 fue más negativo que positivo y toda esta historia me ofrecía un apoyo de confirmación a lo que pienso, viniendo de una persona a la que admiro. Me parece que al final he podido estar más prudente, lo que me alegra.
Gracias por tus palabras de aliento, aunque me parece que te estás pasando al grupo mío de "a los amigos, con razón o sin ella". No puedo tener más proyección, entre otras cosas porque en cuanto me aumente un poco el trabajo no tendré tiempo para escribir. He nacido de la crisis. Y por otra parte lo que me gusta es esto: unos pocos amigos, unos pocos lectores. Poder contestarnos y corregirnos mutuamente; aprender unos de otros. Qué más se puede pedir.
Por cierto, ya sabrás que estoy intentando comprender a Lezama. No veas el alivio que he sentido al leer a Juan Ramón y a Cortázar decirle, en sendas cartas, que, sin dudar de su calidad evidente, no se le entiende ni papa.
Un abrazo.

Prado dijo...

Sobre la guerra podría hablarse horas con adjetivos despectivos. Y sobre las fotos que ud. menciona, de las guerras modernas hay un fotógrafo que me inquieta la manera en que las retrata. Es James Nachtway.

Jueves dijo...

Querido amigo, algunas reflexiones:
- Me siento más hormiga que nunca; eso es muy poco: me veo más bien microbio, ameba... Hay días en que me encuentro en estado de encogimiento general... ¡Vaya huellas de elefante! Pero mira por dónde, el ser tan pequeñuja tiene la ventaja de que casi todos los "bichos" grandes no tienen inconveniente en que me suba a su lomo y contemple, si tengo los ojos abiertos, el panorama... ¿Seré un poco "parásita" o mi simbiosis estará cimentada en la mutua necesidad? No lo sé... Me pierdo...
- Participar en este blog me activa las neuronas y hasta la columna vertebral: ¿supe alguna vez quién es Martínez Campos, además de una calle de Madrid y una estatua en el Retiro? Pues sí, he aprendido sobre la guerra en Cuba y sobre el general... ¿Negociar con los rebeldes? ¿Incomprendido?... Supongo que es más fácil meter a todos en un campo de concentración (¿cuántos murieron? No tenía ni idea...), bombardear pueblos, asesinar... En fin, no me gustan ni los militares ni las guerras, quiero decir que no me agrada ni siquiera el relato de la guerra... aunque la historia de Martínez Campos le otorgue un poquitín de humanidad...
- Espero que sigas escribiendo sobre poesía después de Juan Ramón, o de antes de Juan Ramón, cualquiera me vale... O escribiendo las respuestas a algunos porqués o desentrañando correspondencia de elefantes o de hipopótamos... Ya sabes: a mi espalda le va bien... quizá haya más herniados que necesitan la misma terapia.
- ¡Gracias por las flores! Vivo en los últimos tiempos en los brazos de héroes que me acunan, que me levantan, que me reviven... ¡Gracias!
- Me alegra encontrarme con Joselu por aquí... Patio y café: yo pongo las pastas.

Un beso

Rey Mono dijo...

Me alegra que tengas la intención de continuar con los pasos de la poesía española posterior a JRJ. De igual forma soy un neófito en ese ramo, pero por lo menos me son un poco más familiares los cantos de algunos de ellos, como Alberti, Cernuda, Vicente Aleixandre... Y ahora que lo pienso, ¿tú en dónde colocarías a Tomás Segovia? ¿En España posee las mismas alturas canónicas que aquí en México?

Un abrazo.

Animal de Fondo dijo...

De una hormiga a otra: yo desde luego te necesito, jueves. Para qué ocultar que lo que escribo, lo escribo para ti y para todos los demás cuyo nombre no diré por miedo a olvidarme de alguno. No es verdad. Por miedo a que se sepa para los que verdaderamente escribo y para los que no; miserias, pero no mentiras.
Hay muchas cifras dispares en cuanto al número de víctimas de la reconcentración; una que puede ser razonable es 170.000; la décima parte de la población.
Quiero seguir escribiendo, pero creo que he sobrepasado ya algunos límites. Por una parte, necesito descansar y reposarme un poco. ¡Tengo una montaña de libros por leer! (gracias a vosotros). Y yo pensaba que en casa ya no cabía ningún libro más.
Y, solamente para ti, te diré un secreto muy secreto: he empezado una amistad muy bonita con un escritor "clásico" vivo, que me ha enviado generosísimamente una parte de su obra, que no es posible conseguir aquí. Y quiero leer esa obra y disfrutarla, además de atender su correspondencia.
Así que no sé qué podré hacer.
De las pastas, hasta la indigestión.
Otro.

Animal de Fondo dijo...

Víctor, gracias por darme ánimos, y por tu atención. De Tomás Segovia no es que no conozca la obra, es que no sé ni quién es. Claro, ahora que tú lo nombras lo he visto en la Wikipedia, pero eso no vale. Joselu, que es profesor de literatura, y bueno además, seguro que podrá darnos la respuesta a tu pregunta.
Gracias por el abrazo y otro para ti.

Animal de Fondo dijo...

Gracias por el comentario, Julio Roberto. Tampoco conozco a Nachtway. Lo tendré en cuenta.

caperucitazul dijo...

Hola! Gracias por tu comentario en mi blog. Acabo de descubrir el tuyo, asi que voy a darme una vueltecita por él...

besicos

Yolanda Molina Pérez dijo...

Una de las cosas más complicadas de encontrar es ese punto medio en el cual detenerse, sin embargo bordeas esos contornos sinuosos y sin establecer fronteras infranqueables, te ubicas y nos ubicas desde posturas meridianas con la justeza del entendimiento.
Gracias por la literatura, la historia, por hacer nuestras tareas y regalarnos las conclusiones, por evitarnos la vereda y enseñarnos el camino, esperemos que el Señor Hora tenga la generosidad de regalarte el tiempo para que podamos seguir escuchándote, un abrazo Yolanda.

Animal de Fondo dijo...

Qué prosa más bonita tienes, Yolanda, y como me gusta que me escribas. Gracias por verme así, aunque, qué más quisiera yo. Y sí, ojalá ese Señor Hora acepte tu ruego. Un abrazo para ti.

Animal de Fondo dijo...

Caperucita, gracias por el comentario y por los besicos. Y si te encuentras conmigo en el semáforo: ¡Ojo!

Maykel dijo...

Bienvenido el punto, sobre todo porque ya no será nunca tan definitivo: Orígenes nos pertenece como si la hubiéramos leído en cada una de sus estaciones primigenias. Por eso la ruptura nos sonaba reciente, a cosa de hoy mismo, a herida todavía lejos de la cicatriz. Luego es inevitable enterarse que el tiempo diluyó los motivos del cisma; otra época, con nuevos empeños, advenía; así la gran disensión fue atenuándose hasta erigirse apenas en reminiscencia dialéctica: Lezama recibió otra vez a Rodríguez Feo en la salita de Trocadero, intercambió contundentes poemas con Virgilio Piñera, desolados ambos por el ocaso que les correspondió sobrevivir, Juan Ramón gravitando como ángel tutelar de la poesía cubana. La época de las pasiones tumultuosas había pasado; se imponía el "ritmo hesicástico", curioso calificativo para el equilibrio anímico que pone a Paradiso un punto final que no es en verdad un punto, pues todo empieza ahí, donde la novela acaba: "podemos empezar". Lo mismo digo con respecto a esta serie tuya sobre Orígenes: es ahora, pasada la fiebre del primer descubrimiento, que podemos empezar.
Con respecto a Martínez Campos, lo conozco demasiado bien, aunque imagino que desde una perspectiva muy distinta. En Cuba se le recuerda por el rapapolvos de Baraguá, donde Maceo le dijo al presuntuoso pacificador que los cubanos no querían la paz si no había independencia. Eso sucedió el 15 de marzo de 1878. Es cierto que fue un hombre honorable y con el mismo Maceo sostenía después una correspondencia cordial. Desconcertado he visto cómo un historiador de Canarias pretende vindicar a su marqués de Tenerife -Weyler- con argumentos improcedentes. !Cuánta ceguera! De la reconcentración tengo un retrato especialmente valioso. Se trata de la memoria "Piedad. Recuerdos de la Reconcentración", publicada por Francisco de Paula Machado, alcalde autonomista de Sagua la Grande, en 1916. Es un libro muy raro, sólo se publicó esta edición. Hay que ver cómo el autor, sin decaer en el patetismo, describe la terrible misión - responsabilidad que pesaba sobre él- de dar comida a miles cuando ya estaba Cuba sometida a un bloqueo naval por los norteamericanos. A otro que enjuiciaron en España fue a Cervera, por la pérdida de los acorazados en la bahía de Santiago de Cuba, a pesar de la absurda orden que le hicieron cumplir de presentar una batalla que no fue tal, sino simple juego de tiro al blanco. Para los Weyler, en cambio, siempre ha habido marquesados vacantes.
Un abrazo, amigo. Confío en que ese señor que dice Yolanda será magnánimo cómplice de tu escritura. De cualquier manera, ya no hay hora impropia, desde que Lezama probó en 1937, al son de su "Coloquio con Juan Ramón Jiménez" que podemos trenzar el tiempo a nuestro antojo, como Dánae, que "teje el tiempo dorado por el Nilo" en el verso inaugural de su poesía.
(Otro abrazo aquí, para que esto suene a misteriosa reiteración y alguien diga que no hace falta repetirse, que podemos empezar, por el principio, otra vez).

Animal de Fondo dijo...

Orígenes nos pertenece de tal modo, Maykel, que hasta que no podamos compartirlo de verdad creo que no sentiré que puedo leerlo tranquilamente. Y nos falta.
Con respecto a Weyler, parece que sigue recibiendo cada día ese marquesado que tú me revelas y yo desconocía. Fuiste la primera persona que me enseñó a escribir su apellido con y y no con la i que yo le suponía. Al igual que nos mostraste un día a Sherezade, también me enseñaste a corregir sin hacer mención a la falta. Muchas cosas compartidas desde la distancia.
Me parece que preferiría no leer la memoria de Francisco de Paula; si ya la has leído tú, creo que bastará para los dos. Y sí, Maykel, cuánta ceguera acechándonos. Esperemos saber frotarnos los ojos y que podamos sobrevivir sin escamas.
Otro abrazo para ti, Maykel.