viernes, 16 de mayo de 2008

POR QUÉ ME GUSTA LA ROPA TENDIDA


Para mi colega Odette Farrell, que hace tiempo
tiene curiosidad sobre mi arquitectura, sospecho.

Para variar, hablemos, si os parece, de arquitectura. Y pongo arquitectura con minúscula, porque en esta ocasión será la mía. Pienso que soy lo suficientemente anónimo como para hablar libremente. Nada me gusta menos que esas páginas web de arquitectos "soy tal, hago cual, vendo lo de más allá". Ya se supone. Aquí hacemos, con más o menos fortuna, otra cosa.
Os hablaré de la única obra de tesis que he proyectado, y fue hace ya bastantes años; se trataba de construir un grupo de viviendas para personas con ingresos bajos. Como lo que no es tradición es plagio, os diré las fuentes que me inspiraron. En cuanto a la idea, los "Inmuebles-villas" de Le Corbusier. Fue una propuesta ideal de construir "chalets" en altura. Le Corbusier la propuso en un dibujo, pero yo no sé que se haya construido. Formalmente, ya que la propuesta había que materializarla, me fijé en las Viviendas en Trafalgar Square de James Gowan, que son una interpretación sobria y austera de la vivienda colectiva en ladrillo visto y que desarrolla el tema de la galería de acceso como "calle interior".
En definitiva, se trata de lo siguiente: combinar la calidad de vida de la vivienda unifamiliar, con la sensación de intimidad y espacio propio que supone, con las dificultades de obtenerla por el alto precio de suelo. Los edificios de vivienda colectiva resuelven este último problema, pero soslayan el primero. Los conjuntos de viviendas unifamiliares no se pueden pagar por una persona que viva de un trabajo normal.
Como algunos habréis pensado: ¿por qué no probar a superponer viviendas unifamiliares unas encima de las otras? Si conseguimos construir una vivienda unifamiliar, con su jardín, y trasladarla, como con una gran grúa, al espacio, el problema estará resuelto.
En las viviendas que yo proyecté, el esquema fue el siguiente:
Se traza un núcleo de comunicaciones, vale decir una escalera; esa escalera con lo que comunica es con calles: en la planta baja, en el piso tercero, en el piso quinto, etc. Esas calles peatonales está abiertas al exterior, se pueden ajardinar, etc.
Desde esas calles se accede a los, en este caso, dúplex. Viviendas en dos alturas con un jardín que ocupa, naturalmente, las dos alturas también; lógicamente, la vivienda se vuelca a su jardín, de donde le llega la luz: es el espejo en que se mira. Y así, hacia arriba, hasta el infinito; espero haberme explicado. Si alguno piensa que el único problema está en cómo aislar el tránsito de las calles elevadas con las viviendas, para obtener intimidad, yo también pensé en lo mismo. Así que, junto a las calles, puse el lavadero y un aseo auxiliar, con ventanas altas; esas piezas no requieren visión, aunque sí ventilación y luz. Esa fue la mejor forma que encontré de resolver el problema.
La estructura se hizo en hormigón armado, con vigas colgadas; quiero decir, vigas que se descuelgan por debajo de los pisos; son las que mejor funcionan; a mí me encantan. Si se piensan al proyectar, no estorban en las habitaciones sino todo lo contrario: marcan la verdad de los espacios. La fachada es de ladrillo visto. El ladrillo es un material hermoso y duradero. Hay conventos españoles en ladrillo visto que ya tienen quinientos años, y siguen funcionando. La escalera interior de cada vivienda está completamente compensada, para que ocupara poco espacio y se aprovechara el precio del suelo. Sin embargo, por ese motivo, disminuyó un poco la economía de la construcción. El núcleo de comunicaciones se construyó en hormigón visto completamente. Pensé que tendría que resistir muchos años el trasiego de las viviendas. Efectivamente, el tiempo ha mostrado que fue una buena solución.
Un error que yo detecto -tendrá muchísimos más- fue que me empeñé en que los morteros se usaran con mezcla de cal y cemento, por no sé qué virtudes de plasticidad que había estudiado en la escuela. Después aprendí que es mejor usar el material que los operarios sepan manejar con más familiaridad.
Las viviendas me han dado solamente alegrías. Una de las más grandes fue en otra ocasión en que me encargaron una vivienda unifamiliar. Como ocurre algunas veces, si alguien no te conoce bien, duda de si las cosas que proyectarás serán acertadas. Pero salieron estas viviendas en la conversación y al saber la persona que dudaba que yo fui el proyectista, me dijo: ¡pero si una de mis tías vive allí! ¡Tiene una casa fantástica!
Como alguna lectora me había preguntado por mi arquitectura, he tratado de mostraros esta obra.
Y me gusta la ropa tendida por varias razones. La primera, porque ropa tendida significa vida; y también significa la naturalidad de la gente que no disimula su carácter y sus necesidades corporales. Tampoco me atrae que los arquitectos consideremos nuestra obra "intocable", que parece que con un estornudo se puede estropear. Si la arquitectura vale algo es por las ideas que representa y expresa, no por el traje que la viste (para mí). Esa arquitectura tan formal me recuerda a las estructuras deshabitadas. Y tampoco comprendo que los habitantes de una arquitectura estén para servir a la edificación. Parece imposible, pero sucede: no se puede pintar las puertas, no se puede tocar las ventanas, no se puede alterar la fachada. Yo no pienso así. La arquitectura está para servir a sus usuarios, no para que los usuarios la sirvan a ella. Y si sirviendo se descompone, se arruga o se mancha, esa es la dignidad de su oficio.
En unas viviendas como las que he descrito, con los ideales que encierran, cada vez que paso y veo ropa tendida sonrío y pienso que, modestamente, conseguí lo que me proponía: Que cada uno de sus habitantes sintiera su casa como suya; en altura, sí, pero unifamiliar.
Ah, me olvidaba. Veréis en las fotos que algunos de los usuarios hicieron modificaciones, tal vez os parezca que pobremente ejecutadas. Eso me gusta tanto como la ropa tendida, lo confieso.

24 comentarios:

Prado dijo...

Me interesó lo relativo al servicio de la obra para el usuario. Quién en su sano juicio querrá vivir en un monumento, si no lo puede hacer suyo? no lo sé, a mí no me gustaría, de eso estoy seguro. Felicítole por su labor arquitectónica y literaria amigo Fmesmenota. Es ud. sin duda un renacentista!

odette farrell dijo...

Fmesmenota,

Gracias por lo de COLEGA... pero debo decirte que yo NO SOY Arquitecto. Un Arquitecto es alguién que ha construido algo, es alguién que como tu ha logrado que alguna persona viva feliz en el espacio diseñado por el. Yo estudié Arquitectura, mi título es así, pero es una farsa pues no soy tal, ni siquiera soy EX-arquitecta, ya que siento que nunca lo fuí....

Me gusta tu vivienda, me encanta el tabique aparente :))) y sobretodo me gusta el respeto que tienes por las personas que habitan ahí :)

Maykel dijo...

Parece construido para durar siempre. Es la impresión que me han causado estos volúmenes: perdurabilidad. Pero tengo que confesarme: yo soy uno que ha querido que los edificios conserven la faz de antaño; he sido enemigo de las soluciones que imponen las necesidades. Lo atribuyo a la circunstancia de vivir en una ciudad que no ha edificado nada de veras bueno en ochenta años. En estos casos, uno suele preferir que todo permanezca como en el principio: la ciudad se nos convierte en museo, al menos es un consuelo pensar que se vive al margen del tiempo. Sin embargo, tú tienes razón. La casa existe para sus inquilinos, por ellos, aunque en ocasiones sea objeto de culto; el día que la abandonen está condenado su sino para siempre y ella misma será ruina.
Creo que los vecinos que tienden sábanas ahí son gente muy dueña, que siempre sabe dónde se necesita realmente el ladrillo...

Cariátides dijo...

¿Sabes? Coincidimos en el gusto por la ropa tendida. De las tareas de la casa es la única que nunca me cansa. Esos colores expuestos moviéndose al ritmo del viento, muestras lo que tu has dicho que hay vida. Pero también renovación. La ropa que se usa y está sucia pasa por el elemento agua+jabón para transformarse de nuevo en ropa ponible y usable, vuelve a su estado de agradabilidad que tenía antes de ser usada, ensuciada, y echada de cualquier forma en el cubo de la ropa para lavar. Una vez pasada por el binomio agua+jabón pasa a ser tendida, extendida, pinzada para recuperar su valor, su aceptación y su deseo de ser lucida de nuevo. Así que la ropa tendida no es cualquier cosa...

En Soria me compré una vez, en un mercadillo de artesanía, un pasador para el pelo de cerámica que tenía dibujado una cuerda y ropa tendida. Ese dibujo tan cotidiano, tan sencillo causaba furor, cada vez que me lo ponía habá personas que me preguntaban deseando saber, tanto chicas como chicos, dónde había sido comprado...

Estoy contigo, me gusta esa ropa tendida que se mueve con el viento como si cobrara vida.

Un saludo afectuoso.

Animal de Fondo dijo...

Gracias por la felicitación, Julio Roberto. Pues parece que ese sano juicio no es muy común, porque aquí, en España, todo el mundo se opone a todo. Yo sospecho que las vidas están tan vacías que algunos sienten algo si sienten que viven en una obra importante, casi de arte (en su imaginación), que no se puede tocar. Se reirá usted, pero yo voy a un pequeño y modesto apartamento en la playa; pues en una reunión de propietarios, el argumento era que nadie podía hacer nada porque ¡el edificio viene en un libro! Suele haber propietarios extranjeros y, claro, colocan antenas parabólicas para poder ver las emisiones de su país. Pues todo el mundo lo ve fatal, y encuentran más razonable que estas personas se reduzcan a la nefanda tv que se produce en España, antes que dejarles colocar esas antenas que "afean" la parte "artística" del edificio. Los toldos tienen que ser blancos; las puertas, rojas. Y hasta los más sensatos me dicen que si cada cual pusiera el toldo del color que le viniera en gana (y que sería una prueba, para mí, de que el castrador erró el tiro aquel día) la cosa se convertiría en libertinaje. Son ocurrencias de las sociedades opulentas, me parece a mí, que mezclan la preocupación por como entona el bolso con el pañuelo con una lagrimita por navidad y unos paquetes de arroz, que se entregan con mucho cuidado de no intentar conocer al destinatario.
Ya veo que me estimula usted demasiado a escribir; callaré. ¡Gracias!

Animal de Fondo dijo...

Ah, Odette, por mucho que intentes borrarlo, a lo Jackson, siempre serás colega, o por lo menos coleguilla; quién sabe; la vida es larga; mira, Louis Kahn prácticamente no construyó nada antes de los cincuenta. A veces hay una revolución interior, una explosión. Y si no, al menos estás disfrutando como pintora y dentro de muy poco me deberás una cena, que es lo que me importa: Europa va a por ti. ;))

Animal de Fondo dijo...

Pues sí, espero que dure, con esa intención se hizo, Maykel; ya lleva más de veinte años y por ahora no se está inmutando gran cosa; además ha soportado muchas intervenciones, lo que es una prueba de fortaleza. Con respecto a lo de la faz de antaño hay mucho escrito y gran parte de ello yo no lo he leído. Pero sí comprendo tu actitud, porque lo que fue una maravilla, es decir, la aportación del Movimiento Moderno, con recursos técnicos que permitían hacer edificios saludables a un coste menor, fue también un arma para desplazar lo que hasta ese momento habían sido bienes de uso por bienes de consumo, que siempre son horrendos. Muchas de las viviendas tradicionales cubanas son, creo yo, inmejorables; por ejemplo, no sé qué renovación pueden necesitar esas casas de la parte antigua de Trinidad, con habitaciones amplias, patios grandes, bien iluminadas. Pueden requerir actualizaciones en sus tuberías, pero el espacio en sí está bien pensado y bien construido. Tienen una inercia térmica espléndida, con unos muros que sería carísimo construir ahora. Lo que tenía que terminar eran esas viviendas insalubres de las ciudades de Europa, de fachada decoradísima con molduras sin valor y patios interiores que provocaban enfermedades por doquier. La Habana misma es una ciudad ejemplar, en mi humilde opinión. Toda su extensión es humana, tiene una escala abordable. No digamos la maravilla del Vedado o Miramar. Pero el simple barrio de Playa, que a mí me encantaba para vivir, es una delicia. ¿Y Kohly?. Tal vez la parte más floja sea Centrohabana, tal vez por las condiciones actuales, y algunos "Solares" de La Habana Vieja.
Releo lo que me dices de defender la faz de antaño y ahora descubro otro matiz. Si se construye con la misma pasión, con el mismo amor que antaño, no importa sustituir lo que sea, pienso yo. Cada siglo ha construido sobre el anterior sin problemas. El verdadero problema es sustituir lo que se levantó con amor (el simple amor a la propia mujer y a los hijos, ése ya es suficiente) por otra cosa que se construye sin él. Y mucho peor si el afán de la destrucción no llega más allá del enriquecimiento burdo. Entonces sí que no vale la pena destruir, ahí estoy contigo.

Animal de Fondo dijo...

Me parece que coincidimos en bastantes cosas, de lo que me alegro mucho, Cariátides. Por cierto, si me toleras el cotilleo, al ver la foto del gato me sorprendiste; no te imaginaba tan joven y con tanta serenidad como sueles tener.
Y con respecto a la ropa tendida, te diré que me encanta verla, en cualquier ciudad. Me parece que expresa algo de alguna manera muy humano y sobre todo muy alejado de la rigidez de las apariencias. Seguro que si fuera obligatorio tender en el balcón, en muchas casas solamente aparecerían smoking y trajes de noche. No sé, esas prendas desteñidas a veces conservan, creo yo, algo muy nuestro que nos iguala. Alguna vez me he dicho a mí mismo: alguien que usa esa ropa no puede ser una mala persona.
Afectuoso también para ti.

Cariátides dijo...

Bueno, he de decirte que aparento menos edad de la que tengo, lo cual no siempre es útil... Ando por 35... Pero creo que mi serenidad me viene de un duro trabajo interior que comencé desde pequeña. Siempre fuí una niña un poco vieja, tenía cabeza de adulto y cuerpo infantil, a causa de que mi infancia fue corta, muy corta. Afronté un mundo de mayores con 6 años y tuve responsabilidades que no me correspondían. Todo eso forjó bastante mi carácter y mi forma de ser.

Me encanta relacionarme con personas de todas las edades, pero disfruto de manera especial de la sabiduría acumulada de quién ya ha vivido bastante...

Un saludo...

Joselu dijo...

Me gusta Portugal y una de las razones de esta predilección es porque uno ve allí el interior de las viviendas a través de la ropa tendida y los niños jugando en las fuentes públicas. Uno tiene la impresión de que lo que está viendo es auténtico y natural. Me ha sorprendido mucho tu filosofía arquitectónica. Desconocía tu profesión. Ahora entiendo más cosas acerca de tu personalidad. Las viviendas son interesantes para exponer esa filosofía de la vivienda unifamiliar en vertical. Me has sorprendido una vez más. Un abrazo.

Maykel dijo...

Arquitecto, no sabes cuánta pena me dan las últimas expansiones urbanísticas de la ciudad donde vivo. Aquí se contruyó antes mucho de madera, material adecuado para el clima, bien fresco y elegante, pero menos perdurable que otros. Supondrás que los ciclones y el tiempo han causado grandes averías en esas casas. Así poco a poco han sido remplazadas, no con la misma pasión. Una de esas urbanizaciones a las que me refiero hasta tiene nombre de ciclón -el Lili, de 1996, que desbordó el río y arrasó con muchas casas de la ciudad- y yo preferiría que nadie la viese, fingir que no existe, pero no puedo evitar colocarme en el piel de los que viven allí. No voy a describirte el lugar: imagínate un tablero de casas colocadas casi al azar en un terreno estrecho, con calles sinuosas, paredes agrietadas al poco tiempo de entregada la obra, etc...
Tu hablabas de ciertos absurdos de las sociedades opulentas; yo creo que la nuestra, decidida a dotar a todos de una vivienda digna, no debe excusar estos deslices. Con pocos recursos, un buen proyecto y la divisa de aunar eficiencia y buen gusto, pueden conseguirse grandes cosas. Pienso que la gente del Lili, en el paisaje que tienen, debe de extrañar sus viejas casas de madera de alto puntal y hermosas rejas.
Ah, se me olvidaba decirte que en mi casa tendemos la ropa en un pasillo que viene quedando al centro; mucho me gustaría tener un balcón sobre la ciudad, dominando tal vez el paisaje del Undoso, para hacerla tremolar...
Lamentablemente mis padres no quieren saber de escaleras muy empinadas ni de edificios anteriores a 1930.

Animal de Fondo dijo...

Es curioso, Cariátides, yo también me he sentido siempre adulto, pero al mismo tiempo pienso que mi infancia sigue y sigue, en el sentido de que desde la infancia real me propuse no dejar que se perdieran en mi, junto con la ternura, ciertas cualidades infantiles. Hubo algunas características del mundo adulto que me hicieron prometerme a mí mismo que nunca sería así y creo que nunca he olvidado aquellas promesas que me hice de niño; es más, he intentado cumplirlas. Y también, desde esa misma infancia, me gustó tratarme con personas mucho mayores que yo. He sentido esa sabiduría a la que te refieres no como fruto de lo vivido, sino de lo perdido. La senectud se despoja de cierta vanidad, que en otras edades nos tienta, y sabe valorar frecuentemente esa ternura algo nostálgica a la que yo soy sensible. He tenido muchos amigos verdaderos que eran ancianos; cuando la sociedad no les hace caso, deja un campo abierto inmenso. No escribí nada en el post sobre tu abuelita, pero claro que he sentido esa complicidad maravillosa, que parte del mundo ni ve ni sabe apreciar y que por eso para nosotros, encima, es secreta. ¡Y como nos miran a los ojos!
Un abrazo.

Animal de Fondo dijo...

A mí también me encanta Portugal, Joselu, aunque no lo conozco tanto como quisiera; la profesión de arquitecto puede ser preciosa, sobre todo en España; yo creo que ha habido momentos en que era casi insuperable. Ahora, con Bolonia, no sé qué será de ella, no estoy bien enterado. Pero cuando yo estudiaba intentaban hacernos bastante completos y la sociedad confiaba en nosotros un montón: nos ha dado competencias para diseñar, calcular y construir; de querer, hemos podido controlar hasta el último tornillo de una edificación; pero es que además, si queríamos servir a nuestros usuarios teníamos que intentar enterarnos de quienes eran esos bichos para los que proyectábamos. Una vez, atendiendo a un matrimonio que quería una vivienda unifamiliar, les dije brutalmente que necesitaba conocer su intimidad y pusieron una cara de enfado terrible. Yo había querido referirme a que deseaba conocer sus peculiaridades espirituales para intentar darles cauce, pero claro, se me entendió como una petición de voyeurismo.
Y el confiar tanto en nosotros la sociedad también ha tenido siempre el riesgo de perdernos en la vanidad. A veces nos ha parecido que simplemente por tener competencias ya lo sabíamos todo y evidentemente no es así. Esto era muy patente en la Escuela, en mi época, ya que en primero de carrera asombraba ver que el cincuenta por ciento de los alumnos ya se comportaba como si supiera ya todo lo que ignorábamos todavía.
Y hubo una época en que cobrábamos todos igual, más o menos, de modo que en teoría se podía elegir a los verdaderos genios, que los había, pagando lo mismo. Me parecía una buena solución, pero es curioso porque muchas veces los mejores no tenían casi trabajo. Claro, eran los más exigentes, los menos dúctiles, los más problemáticos. Creo recordar que un verdadero genio, Alejandro de la Sota, pasó épocas apuradas. Javier Carvajal, que como arquitecto era un fuera de serie indiscutible, con un talento arrollador, talento que también tuvo como catedrático, creo que pasó también por sus baches. En cambio, otra gente de no tanta valía, más comercial al menos, tenía encargos por todas partes. Bueno, paro, porque seguro que de todas las profesiones hay mucho que hablar. Claro, a mí me parece ésta muy interesante, cómo no.
Un Abrazo y gracias por tu visita, Joselu. ¿Qué tal las novelas?

Animal de Fondo dijo...

Me parece evidente de todo punto, Maykel, lo que dices: no hacen falta realmente grandes recursos para construir belleza. Hace falta lo que dice Silvio en la canción: "el problema, señor, sigue siendo sembrar amor". Es increíble lo que con amoroso cuidado puede hacerse. Ahí está la arquitectura popular de todas las épocas y todos los países, la arquitectura sin arquitectos de una belleza insuperable. Una vez soñé que pudiéramos trabajar en el capitalismo para Cuba, como un modo de captar los recursos donde estaban. Te diré que tuve algunos contactos con arquitectos cuando viajé y con toda seguridad sería mala suerte. Una vez me ofrecí en La Habana para colaborar en algo en una oficina de cooperación internacional. Me pareció que los extranjeros que había allí temían que alguien les quitara el billete del avión, que yo no reclamaba, aunque tal vez fuese una falsa apreciación. En Santiago contacté con un estudio de arquitectura; al preguntar por la estructura de un edificio me enseñaron unos planos rusos. En Cienfuegos, después de muchas propuestas de colaboración con una pareja de arquitectos, también acabé medio decepcionado. Es un tema creo que importante y todo lo opuesto a lo burocrático. Francamente, Alamar no me gusta, ni tampoco ese bloque ruso que se construyó un tiempo por doquier. Sin embargo, también hay miles de actuaciones admirables. Me parece que en Varadero era muy muy difícil hacerlo tan bien como se ha hecho. Sobre todo apenas se ha destruido nada; se ha protegido el paisaje, los recursos naturales, se ha tenido una delicadeza muchas veces suprema, cuando tan fácil es acabar irremediablemente con una ciudad. Ahí está La Habana, yo no sé si la ciudad más maravillosa y humana del mundo (a excepción de Sagua). Es que no las he visto todas.
Un abrazo

Jueves dijo...

¡Cómo me gustan los post de "por qué me gusta"!
¡A mí también me entusiasma la ropa tendida, y los edificios, y este corrillo de charlatanes! Creo que ya he dicho por aquí que de haber elegido Ciencias en Bachillerato probablemtene me habría matriculado en Arquitectura... Me parece que también relaté mi admiración-enmoramiento de mi profesor de dibujo de aquellos años, que era arquitecto, cómo no...

Pero a mí lo que me interesa "de verdad" a estas alturas es lo de la ropa tendida. Me confieso vigilante de los brotes de los árboles (no sabéis lo mal que lo paso hasta que compruebo que finalmente reviven de verde cada primavera) y de las cuerdas de mis vecinos.

En mi edificio se tiende en el patio interior que, aunque es un poco desasosegante, está recién pintadito de blanco y no es demasiado estrecho como para que la observación resulte desagradable... A mí lo que me fascina de la ropa tendida es el paso del tiempo... Ahora estoy esperando que mis vecinas (estoy convencida, por la edad, que son las señoras quienes gestionan estas tareas) comiencen con el lavado y tendido de fundas nórdicas, colchas, cortinas... ¡No falla en cuanto empieza el verano! Y disfruto con los diseños y me sorprendo con el atrevimiento de algunos (¡qué modernos son estos abuelos!)... Después comienza la temporada de toallas, bañadores, biquinis... ¿Cómo es posible que tengan la señoras esos pechos? A vecs yo tiendo el mío en la cuerda más escondida, para que no tengan que sentir pena de la pobre del séptimo, si es que está escuchimizada, y encima ahora que está malita... :)
Pasará el verano, amarillearán las hojas de los árboles de nuevo, y tocará sacar los pantaolones de pana, los calcetines gordos, las camsisetas de manga larga, las sábanas de franela...

También quisiera señalar que no todo el munod tiende igual: los hay primorosos (como mi marido, que en realidad es un artista aunque se dedique a la informática) que ordenan las prendas por tamaños y que utilizan una pinza para cada calcetín (aunque sea pequeñajo, como los míos); pero también veo los chapucillas, que enganchan la ropa por donde llega a sus manos y que las distribuyen en las cuerdas sin la mínima noción estética... ¿Cómo serán en la cocina, en la cama, en el salón?... :)

Me gusta conocer a mis vecinos por su ropa tendida... ¡Qué divertido es saber de su ropa interior! (y supongo que también de la mía... No en vano, cuando la compro, no solo pienso en mi initimidad, jeje..). Es un gusto ver toda una cuerda de grandes bragas de colores intensos: toma rosa chicle, toma azul o amarillo... Qué bien...

Claro, también disfruté del espectáculo en Lisboa... Y todavía es posible en muchos barrios de Madrid, donde no se construyeron edificios con patios interiores y los que viven en los primeros pisos nos regalan el olor de las sábanas limpias (pues sí, peinan a los paseantes) y el optimismo de la renovación del que escribía Cariátides...

¡Nos gusta la ropa tendida! Y me gusta, Fmesmenota, esa obra tuya que nos has mostrado... Y el derecho a la transformación, a la adaptación, a la libertad, a que el tiempo y la vida nos cambien...

También conozco historias de comunidades de vecinos que veneran sus fachadas ¡y hasta los patios interiores! Ni siquiera ahí dentro les permiten el desahogo ni la comunicación... Les ocultan los tendederos con una especie de celosía que acaba con la comunidad de la ropa tendida... Qué rollo... Qué pobres...

Amigo, gracias por tus palabras de ánimo... Han surtido efecto, voy hacia arriba con más paciencia, con menos miedo...

Con mi tutoría (son un grupo pequeño de tercero de ESO) me comunico por correo electrónico... Me hacen powerpoint, me cuentan los últimos chismes del instituto y me mandan ¡muchas fotos de guerreros romanos, griegos y todos aquello que piensan pueda subirme el ánimo!... Y es que a los pobres les di tanto la tabarra con Leónidas... Sí, los echo de menos...

Un placer y un abrazo...

Maykel dijo...

Sigamos de charlatanes!!

Animal de Fondo: tampoco me gusta Alamar (el Alamar sagüero se llama Reparto 26 de Julio), ni me gustan las recientes casas opulentas de la ciudad de Cárdenas con piedras en la fachada y un delfín en el balcón y una sirena en la azotea...
Quiero irme un día de estos al verdadero mar -a Isabela de Sagua- y pienso traer fotos -y corales y peces y algas- de unas casas verdaderamente entrañables.

Jueves, !me encanta la ropa tendida! !Te imaginas como se verían las vestiduras espartanas de Leónidas junto a la exposición de las señoras tus vecinas!
O mejor el traje de Jerjes, creo que los persas le ponían más color a sus tendederas que los griegos...
Persépolis debió ser un carnaval los días de lavar, a diferencia de Atenas.

Cariátides dijo...

Animal de Fondo, hay mucha en verdad en las palabras que me dedicas. Los que perdimos la infancia nos agarramos con fuerza a lo que quedó de ella, permaneciendo intocable y cuidándo de que ya más nadie coja lo que no fue nunca suyo. Como contrapunto a una madurez precoz siempre me quedó ciertos rasgos infantiles, pudiéndose dar en mí los dos opuestos a la vez o según convenga, algo que a los piscis no nos cuesta nada. Además de contar con una imaginación desbordante y una creatividad que le cuesta reprimirse. Creo que siempre fueron mis grandes armas para salir adelante, junto con el tesón...que en alguna ocasión se convirtió en cabezonería.

Me encantaron tus palabras me llegaron al fondo, Animal de fondo.

Un saludo.

Jueves, me encantó tu aportación al corrillo de vecinos charlatanes que aquí se ha montado. Te deseo una pronta recuperación.

Besos.

Animal de Fondo dijo...

El placer es nuestro, Jueves. Ya sabes que no somos "nadie" sin ti. Pero contigo tampoco lo somos, aunque estamos más contentos.
Y sobre la transformación, una cosa que me intriga es pensar que tendemos a creer que las transformaciones son paulatinas; muchas veces me parece que las importantes son instantáneas, cuando se pasa de no comprender a comprender. Me refiero a virtudes, por ejemplo la paciencia. Uno puede ser impaciente, pero si comprende, se convierte en paciente de golpe. Y así con muchas cosas. Es un tema para hablarlo, porque da bastante de sí. A veces pretendemos imposibles, como es conseguir algunas virtudes gradualmente; al menos es así como nos lo enseñaron, como si fueran cuestión de hábito, y ese así es el camino más seguro para no conseguirlo, siempre mañana y nunca mañanamos.
Y sí, sé que te gustan los post de por qué; pensaba escribir una entrada explicándolo, pero aunque luego me repita te diré que siempre pienso en por qué por dos razones: la primera y más elemental, porque un pintor se puede permitir caprichos, que solo afectarían para bien o para mal a su obra, pero un arquitecto yo creo que no. En arquitectura, tus caprichos los paga otro, y más grave aún, los construye otro, con su sudor verdadero, así que para mí ha sido siempre imprescindible saber por qué propongo una cosa y poder explicarla claramente. El segundo motivo es más a ras de tierra. Quien tiene facilidad y verdadero talento, tal vez no necesita plantearse nada, porque hace maravillas simplemente con la intuición. Pero las personas que somos más limitadas necesitamos que la razón nos guíe, porque si no desbarraríamos más aún de lo que habitualmente hacemos. Así que siempre, antes de empezar, he tratado de hacer un estudio minucioso de lo que se pretendía conseguir y por qué se pretendía eso. Así que estoy acostumbrado a ese por qué.
Un abrazo de los que duelen (y más a ti).

Animal de Fondo dijo...

Maykel, no sabía de esas nuevas casas de los delfines y las sirenas. En mis tiempos los merolicos eran bastante inteligentes, y tenían unas fachadas de pena, en un barrio normal, con unos interiores a todo plan, dentro de lo que cabe.
Esperamos tus fotos con la misma impaciencia de siempre; ya que no podemos acompañarte como nos gustaría, lo veremos por tus ojos, que también son los nuestros. Una vez, en un restaurante de una costa, más que restaurante, una casa donde daban de comer, una casa sencilla, tenían un carey amarrado por la cola y le echaban comida en la playa. Un día un turista quiso comérselo y, tontamente, lo mataron; les dio mucha tristeza la vez que pregunté por él y me confesaron que ya no estaba. A mí me dolió también.
Pero sigamos de charlatanes, que es estupendo y me lo estoy pasando genial gracias a vosotros: creo que no conseguiréis, entre jueves y tú, que vea la película de los trescientos. Me niego. Tengo una imagen bonita de Leónidas, llena de palabras, y no quiero que tome figura ni traje. Además, confesaré que no sé evitar creerme todo en el cine; parece imposible, pero cada vez me afecta más. Así que películas en que no ganen los buenos, esas sí que no veo ni una.

Animal de Fondo dijo...

No sé si llevarás razón en lo de perder la infancia, Cariátides, al menos con respecto a mí. Mi mujer bromea conmigo y se ríe diciendo que yo nunca fui niño. Pero yo no tengo esa sensación. Simplemente entre tantos que me hacían monerías, había otros que se dirigían a mi con respeto, como a un ser humano corriente; y esos me gustaron. Se daban cuenta de que a los niños puede gustar compartir los acontecimientos normales de la vida. No sé, tal vez no recuerde muchas cosas; pero soy muy sensible a las miradas de los niños; me parece muy importante tratarlos al menos igual que a los extraños. Quiero decir que a veces se ve un despliegue de cortesía hacia los casi desconocidos que penetran en nuestro entorno familiar, mientras que con los seres más pequeños que allí también habitan se cuida menos la compostura, digamos, por decir algo, en la mesa. Y pienso que o para todos o para ninguno. No es un asunto de familiaridad sino de falta de delicadeza, de zafiedad en el trato. Bueno, no sigo; no quiero sentirme todavía más raro de lo que ya soy.
Siempre me gustó tomar café con los mayores, con los muy mayores; y enseguida aprendí que muchas veces con ellos pedir es una forma sutil de dar, porque los hacemos felices si piensan que los necesitamos. Pero claro, es una pescadilla que se muerde la cola, porque pedimos, nos dan, damos, eso nos da...
Y aparte ser buenas armas, como tú dices, para muchas cosas (hasta para algunas que son solamente de adultos), hay muchos rasgos infantiles que no deberíamos perder nunca, porque perderlos es sacrificar parte de lo mejor en nosotros. Y yo sospecho que quien más quien menos tiene en su fondo guardados algunos de esos rasgos. Por muy mayores que aparenten ser no han olvidado del todo el ser maravilloso que fueron y, si los abordas dirigiéndote directamente a ese ser, muchas veces responde.
Un abrazo

Darth Tater dijo...

Eres un animal bastante elocuente, eh? No es la primera vez que paso por este post y lo gozo... me encanta tu eclecticismo...

Animal de Fondo dijo...

Gracias por tu visita y tu comentario, Darth. El gozo es mutuo y yo también disfruto del tuyo.
Un abrazo.

Nicolasa Quidman dijo...

Te encantaría mi casa... Lo primero que sentí cuando entré en ella fue que era una casa "estirada" y que me costaría horrores convertirla en mi establo... Y ha sido cierto, tan cierto como que, 15 años después, le dí la vuelta por completo... (lo cuál es bien difícil en una casa unifamiliar) Con mucha guasa, antes de la obra, mi familia decía que era una casa "para recibir ovispos" Ahora todo gira en torno a una cocina, que es el corazón de la casa, y un cuarto electrónico (antiguamente llamado salón) donde viven todos los ordenadores y demás electrónica de ocio y negocio. Y si viene el ovispo (que no creo), que se busque un sitio...

A mí también me gusta la ropa tendida. Es un símbolo. Probablemente de llaneza. Tal vez por eso mi ayuntamiento lo prohibió, no fuera a ser que alguien se diese cuenta de que es un pueblo de proletarios y las casas que brotaban como setas no valían ni la mitad de lo que la gente pagó por ellas. Ahora ya está claro.

En fin, que como sospeché toda la vida, hay arquitectos y arquitectos.

Ahora voy a leerte más desmandado ;D

Animal de Fondo dijo...

Seguro que me encantaría tu casa; comparto contigo la idea de que la dificultad en adaptar los espacios a nuestra forma de vida no es una virtud de la arquitectura sino un defecto. En la escuela me gustaban mucho las ideas y las palabras (más que su materialización formal) de Charles Moore, un americano que definía las "habitaciones" (en sentido amplio, etimológico) como espacios vacíos destinados a la improvisación humana. Por eso siempre me gustó la neutralidad (como la de la red) porque lo verdaderamente interesante que puede haber en un espacio es una figura humana, una cara, una expresión; todo lo demás es un marco para eso. Y el protagonismo, que nos corresponde a los seres vivos, nunca puede pasar a lo accesorio, a lo sirviente, como en tantas y tantas viviendas. Alguna vez alguien soñó una vivienda invisible, como una vibración que regulara la luz, al viento, el frío, la lluvia.
¡Gracias!