martes, 27 de octubre de 2009

ESPAÑOLES EN PARÍS



No había leído yo el libro de Azorín Españoles en París. Estoy aprovechando estos días para dar un repaso a las Obras Completas de Azorín, en la edición de nueve tomos de Aguilar. Esta edición es lo más valioso, materialmente, que tengo en mi biblioteca. La compré a Abelardo Linares con mis primeros ingresos profesionales. Estuve un año pensando si la compraría o no, con motivo de su precio. ¿Quién sería el anterior poseedor de esta edición que yo leo ahora? Tenemos sin duda este hombre, que ya habrá muerto, y yo, una especie de comunión íntima. Por las manos de los dos han pasado estas páginas, de un grosor ideal. Son finas, pero no dejan traslucir el revés de la tinta. ¿Quién será el siguiente poseedor de estas obras completas que ahora son mías, cuando yo muera también?. Espero que sienta el mismo placer que yo he sentido con ellas.
Españoles en París. Ningún libro hasta ahora me había comunicado un dolor tan agudo sobre la guerra civil española. Azorín no habla de la guerra en él, no hace mención a ninguno de los dos bandos. Solamente una vez dice que, en medio de un bombardeo, en Madrid, se encerró en su cuarto, con las ventanas clausuradas y estuvo leyendo la Odisea. Nada más. En Españoles en París no se habla de España. Y, sin embargo, Azorín consigue que, al no nombrarla, la guerra española esté presente en todas las líneas del libro. ¿Qué es más trágico? ¿La expresión del dolor vivo mediante una descripción de ese dolor junto con un análisis de sus causas? Estamos acostumbrados a ver el dolor por la guerra española así. Estamos acostumbrados a que nos relaten con datos, con mapas, con testimonios, con documentos, lo que ocurrió entre españoles. Y sin embargo toda esa copia de fotografías, de documentos verídicos nos dejan fríos. Comprendemos lo que ocurre, pero a una gran distancia emocional. ¿Será más trágico el silencio? ¿Podrá el silencio conmovernos más hondamente?
La prosa, los sentimientos de Azorín en este libro no son los de siempre. En este libro Azorín parece perder algo de su ingenio y de su maestría. Y yo, que soy un buen amigo suyo, creo haber descubierto la causa. ¿Habéis sentido alguna vez un dolor fuerte, inquebrantable, que no podemos asimilar ni comprender? Nuestra condición de adultos nos permite, según relató Sigmund Freud, elaborar nuestros sentimientos. Mediante esta elaboración, encontramos las razones de los sucesos y podemos integrarlas en el curso normal de la vida. Las situaciones traumáticas, que dejan cicatrices, a veces para siempre, en el corazón, suelen producirse en la infancia. Los niños no tienen desarrollada esta capacidad de elaboración que los adultos sí tenemos. Y Azorín, como un niño, siente en su alma que no puede encontrar razones que justifiquen el horror de la guerra española. Y como ocurre con las cosas que nos han herido en la infancia, las aparta del primer plano de su atención. Pero este apartarlas del primer plano no hace sino mantenerlas vivas y luchando por seguir a flote en el inconsciente. La prosa de Azorín cambia en Españoles en París. Azorín va al Louvre continuamente. Quiere interesarse en los cuadros que ve, cuadros que sabe que son bellísimos, cuadros que él ha conocido a través de postales, estampas y otras reproducciones. Pero no puede ver los cuadros tan claramente como los veía en su cuartito de Madrid. En Madrid, Azorín podía concentrarse en lo que veía y extraer la esencia del cuadro por medio de la reproducción. En París, ante el original querido, Azorín es incapaz de verlo libremente. Mira el cuadro pero la guerra, el dolor de la guerra de España le empaña la mirada, le impide ver con claridad. Un día piensa que le gustan unos cuadros. Otro día, ya no son esos cuadros los preferidos por él. Un día admira la sobriedad de Corot. Al día siguiente piensa que Corot es demasiado gris, que tiene poco color. Lo mismo le pasa en las Iglesias. Azorín entra en las iglesias buscando distraerse. Pero lo que antes le resultaba fácil de analizar y disfrutar ahora le resulta difícil. La pluma que antes se deslizaba vertiginosa sobre el papel en blanco, ahora se detiene en las primeras palabras. Por primera vez en su vida, a Azorín le cuesta trabajo escribir.
A quien no conozca profundamente a Azorín es difícil que le emocione la lectura de Españoles en París. Yo no se la recomiendo; hay multitud de libros de Azorín más brillantes, más profundos, más lúcidos. Pero en Españoles en París está, a mi juicio, el Azorín íntimo, el Azorín que sufre un dolor tan grande que le produce estupor, el Azorín niño que no quisiera sino que lo que ocurre no estuviera ocurriendo. El Azorín que desearía sencillamente que alguien que estuviera más desarrollado que nosotros le cogiera la mano y le dijera: No te preocupes, esto ya no va a pasar, esto que ocurre nunca ha ocurrido en realidad; era un sueño, una pesadilla.
En Españoles en París, un matrimonio, ya anciano, ha dejado a su hijo en España. No ha sido posible que su hijo salga de España y los acompañe a París. Con el dolor de su separación y entre la pobreza de su falta de medios, lo que mantiene con esperanza a estos ancianos son las cartas que les llegan puntuales de su hijo. Un día se interrumpen las cartas. El mundo se ensombrece definitivamente. Este matrimonio espera, al principio, que sea una interrupción circunstancial. Pasa el tiempo y las cartas siguen sin llegar. Ya ellos se han hecho a la idea de que ha sucedido lo peor que podía suceder. Pero pasa mucho tiempo y, al cabo de ese mucho tiempo, llega una sola carta. No pueden ellos abrir esa carta. No se atreven a abrirla. Después de pensar lo que van a hacer, deciden llamar a un amigo para que sea él quien abra la carta. No pueden resistir la presencia del amigo mientras va a abrir la carta. Así que bajan a la calle. Su amigo está en el cuartito modesto leyendo la carta. Ellos dos están en el parque, frente a ese cuartito. Los dos tienen la vista fija en la ventana.

10 comentarios:

Eloi BLQ dijo...

ahhhh y ahora me tendré que leer el libro pues me has dejado con la miel en los labios. Eres muy ingenioso amigo. Suerte que bajo a España dentro de poco y me pasaré por una librería a ver si lo encuentro. Me recomiendas alguna edición? A parte de la tuya claro está. Sino a lo mejor algún link como ese que me recomendaste para el escrito de Larra, que por cierto ya lo he leido pero ahora no te puedo hablar de ello porque me has ofuscado la mente con Españoles en París y este impás tan trágico que vive la anciana pareja.

cambiando de tema, pero continuando con los mismo. Esto que nos describes que vive Azorín, a mi me da la sensación que la viven muchos más escritores, pintores y otros artistas que se ven obligados a dejar España a causa de la guerra y la posterior dictadura. Estoy seguro que tu los conoces mejor que yo y me podrás decir, pero a mi me da este pesar, que se quedan como bloqueados por la tristeza.

saludos

Joselu dijo...

Bellísima reseña y evocación de un texto y un escritor en un momento terrible de su vida: el exilio, no expresado como un gran tema explícito sino implícito. No habla de España, como dices, pero no deja de estar presente en cada línea que escribe como ausencia, como tragedia, como lejanía. Azorín tiene esa cercanía que lo hace familiar. Habla en voz baja, nada estridente ni majestuosa, pero nos habla de lo esencial. Tu comentario del libro me hace desear leerlo y volver a Azorín al que tengo muy olvidado desde hace mucho tiempo. El tema de exilio es uno de los asuntos más potentes que ha dejado el drama de la guerra civil. Una vez hice con los alumnos de COU un recital inolvidable que tenía como eje la poesía del exilio en las cuatro lenguas españolas. ¡Qué emoción recuperar la palabra de los que se fueron! Pero en ningún momento pensamos en Azorín, no sólo porque no fuera poeta, sino porque su presencia es siempre tan discreta que parece como si apareciera en un segundo plano. Hubo otros, igualmente destacables, mucho más teatrales como Unamuno, o esenciales como Antonio Machado, o narradores con aparente descuido pero excepcionales como Baroja. Azorín queda discretísimo, como las palabras de este libro sacado de esa edición tan valiosa que espero que algún día pase a otras manos que la estimen tanto como tú. Sin duda es un tesoro, al menos así la guardas tú. El desgarro del exilio. El dolor distante y fúlgido. ¡Qué terrible desarraigo! Y además el drama de Azorín era el de no ser de unos ni de otros. Nadie lo reivindicó. Así ha quedado en un terreno de nadie, aunque me temo que todos los escritores con algo de densidad están olvidados para las generaciones de la incultura y el olvido. Un cordial saludo.

Animal de Fondo dijo...

Eloi, el ingenio es de Azorín, no mío. Él es quien deja el final así, con la mirada en la ventana. Si te fijas, en la imagen que acompaña a mi entrada puede leerse el final del cuento; puse esa foto para que pudiera leerse en las palabras de Azorín el final de la historia.
Buscaré Españoles en París, a ver si encuentro algún enlace. Pero supongo que no será fácil encontrarlo. Es un libro de los menos conocidos de Azorín; además, no es uno de los mejores. Yo te recomiendo que lo leas si ya tienes un poco de cariño a Azorín. Si no lo tienes aún, otro libro como Tomás Rueda es posible que te permita conocerlo más rápidamente. De todas formas, pienso que Azorín te gustará. No es un hombre convencional y tú tampoco lo eres. Casi nadie lo entiende, porque escribe entre líneas y para comprenderlo de verdad hay que leerlo mucho, en sus distintas épocas. Al menos yo no me metí en su cabeza, dentro de mis limitaciones, hasta que lo hice así.
Con respecto a tu segunda pregunta, te diré que conozco pocos testimonios directos de escritores españoles de esa época. Hace poco terminé el primer tomo del diario de Zenobia Camprubí, que coincide con su estancia, junto a Juan Ramón Jiménez, en Cuba. Pero lo leí porque me interesa mucho Juan Ramón, lo admiro extraordinariamente, y porque me interesa también mucho Cuba, no por el hecho del exilio ni de la guerra española.
La verdad es que este tema de la guerra española me ha salido al paso de improviso, con motivo de la lectura de este libro de Azorín. He leído otras cosas de esa época, los diarios de Manuel Azaña, por ejemplo, o algunos testimonios de Gerald Brenan, pero siempre porque me ha interesado la persona, no la guerra en sí. Lo que sí que no he leído ni creo que leeré son los famosos libros de Hugh Thomas.
Un abrazo.

Animal de Fondo dijo...

Qué pena me da a veces, Joselu, que no se entienda bien a Azorín. Ayer, buscando algún enlace para Eloi -que sospecho no voy a encontrar- he dado con un par de críticas a Españoles en París. Citaré a Gemma Márquez Fernández, a quien no conozco, que se dice de la "Universidad de Barcelona": "Desde que en 1971 José Mª. Valverde afirmase en su biografía de Azorín que el pertinaz retraimiento del escritor levantino respecto al mundo en torno lo había llevado al silencio ante la Guerra Civil y que, como botón de muestra, Españoles en París (1939) era un desfile de personajes sonámbulos que no aludía en absoluto al conflicto bélico..." No sabía que J.Mª Valverde hubiera sido biógrafo de Azorín. Pero si los personajes están un poco idos por el dolor o un poco sonámbulos, que es otra menera de decirlo, ¿cabrá una alusión más directa al "conficto bélico"? Como tú dices bien, nadie quiere una voz serena como la de Azorín. Me parece que no se dan cuenta del horror que tuvo que ser aquello.
También me da pena que la crítica de literatura española sea casi siempre tan floja, a mi modesto juicio. A veces parece que lo que les importa es escucharse a sí mismos, que no escriben para nadie, que les interesa más aparentar que saben mucho que acercarnos a las obras sobre las que nos hablan. Cuando era muy joven busqué con ansia un manual de literatura que me sirviera para trazarme un mapa, una referencia al menos de aquello que deseaba leer. ¡Cuántos libros busqué, cuántos deseché! Al final, el que me pareció mejor fue un manual de literatura universal de Ramón Domingo Perés, un cubano afincado en Barcelona, correspondiente de la Real Academia Española. Todavía le guardo gratitud por haberse tomado la molestia de leer los libros que describe.
He pensado también en la idea que ya te dije de compartir alguna lectura, como si recorriéramos un paisaje, en la distancia. Se me ha ocurrido que si pudiéramos formar un grupo muy reducido de ocho o diez personas que leyéramos al mismo tiempo un libro sencillo, un relato, podríamos dedicar los comentarios de una entrada de blog a comunicarnos las impresiones de esa lectura. Sería más reposado y fácil que la tertulia real y creo que también nos enriquecería. ¿Qué te parece? Sería cuestión de meditarlo y tal vez pudiéramos admitir a algún alumno, en abstracto, al que verdaderamente le interesara.

Maykel dijo...

Sabes, siempre he pensado en aquella guerra como en un episodio trascendental,no sólo para los españoles. Parecía que se decidía la suerte del mundo en España. Entre los tantos brigadistas estuvo Pablo de la Torriente, cubano. No sé si lo conoces. Como escritor creo que simpatizarías con él.

Apúntame a la idea de leer el libro en colectivo.

Un día, si te entusiasma, quisiera conocer tus opiniones sobre Unamuno. Es uno de los españoles que conozco mejor.

Un abrazo, amigo.

Animal de Fondo dijo...

¡Qué alegría verte redivivo, Maykel! Acuérdate de que hablamos de Pablo de la Torriente a propósito de que lo citara Juan Ramón en esta entrada: Más de Juan Ramón. No lo he leído; seguro que como escritor simpatizaría con él; como hombre, ya lo admiro.
En cuanto a la lectura, podríamos ir indicando libros o relatos que nos apetezca leer juntos. Yo intenté hacerlo el año pasado en mi tertulia de viva voz con el relato de Lezama "Juego de las decapitaciones"; nos lo pasamos muy bien, pero le veo el inconveniente para los demás de que sigo sin entenderlo del todo. Me enriquecería yo, pero tal vez otros se aburrieran. Yo creo que dependiendo de quién se interese podríamos empezar por una cosa o por otra. De todas formas, la convocatoria en un comentario va a quedar demasiado reducida, así que habrá que hacer una entrada sobre ello.
Últimamente estoy hablando de escritores a quienes siento como amigos y yo lo soy suyo. Para mí, no es el caso de Unamuno, a quien respeto y tengo simpatía, pero con el que no siento familiaridad. Hace años me compré un solo tomo de sus Obras Completas, el relativo a "Ensayos y Artículos" y es lo que he leído más de él. Recuerdo, sí que su "Vida de Don Quijote y Sancho" me pareció una de las obras más lúcidas y sabias que he leído sobre Cervantes. Allá va el guante, ahora que estás resucitado: ¿Por qué no me lo escribes tú y así empiezas a publicar en este blog?
No obstante, ya es casualidad que cites a Unamuno, porque tenía pensado hablar de un artículo suyo a propósito de una injusticia que hicieron hace años con una amiga; resulta que Unamuno cuenta un caso exacto, ¡cien años antes! y claro, da una interpretación exacta de sus causas.
No puedes imaginar la cantidad de conjeturas que he hecho sobre ti estos meses. Lo que ahora importa es que estás de nuevo.
¡Un abrazote, Maykel!

Maykel dijo...

Cuenta con lo de Unamuno. Ahora tengo más tiempo y estoy releyendo mucho.
Me complacer ver cómo "lo que escribes en el agua" es cada vez más diáfano. Te leo con el placer de siempre.

Un abrazo grande para ti. No te imaginas cuánto me costó volver.
Hasta mañana.

Animal de Fondo dijo...

Maykel, mándame tu nueva dirección de correo (la encontré hace tiempo, pero tendría que ponerme a buscar de nuevo por entre comentarios de blogs) y te envío una invitación para que puedas escribir en el blog. Si quieres, podrías publicar, aparte lo de Unamuno, contenidos relacionados con los tags de Animal de Fondo tanto en tu blog como aquí. Así tus lectores particulares no se los perderían y Animal de Fondo se enriquecería al tiempo. Por ejemplo, se me ocurre que una serie parecida a esta de Los Valores Literarios que yo estoy escribiendo pero relativa a Cuba sería apasionante. Cintio Vitier, Fina García Marruz, Fayad Jamís, el mismo Roberto Fernández Retamar, Lezama, por supuesto, Rosa Krüger, Plácido, José Jacinto Milanés, incluso Martí, tan desconocido por estas tierras, tu tan querido Julián del Casal, serían un descubrimiento apasionante para los lectores de fuera de Cuba. Hay más, porque no digamos, en pintura, el tremendo interés de Portocarrero o Víctor Manuel; Lam es más conocido en España. pero sigue siendo un extraño para nosotros. ¿Y esos pintores que pululan por la Isla, que seguramente nos dejarían fotografiar su obra? ¿Y la cinematografía cubana? Aquí, con un montón de subvenciones por parte del Estado, se hace un cine y una tv que yo pienso es difícil hasta concebir algo que pueda ser más bajo, más trivial, más demagógico, peor en el peor sentido de la palabra. En Cuba, sin medios, ¡qué creatividad, qué talento tan bárbaro! Así que ya ves que te doy tema. Me parece que podríamos hacer extensiva esta invitación a Yolanda; bueno, yo ya se la hice y me dijo que para el año que viene lo intentaría.
Joselu tiene un blog literario abandonado y, si él quisiera, podría adaptar muchos de los contenidos que ya publicó y traerlos aquí poco a poco. Creo que lo pasaríamos bien. Claro, con tanto contenido habría que pensar la manera de darle a cada entrada su espacio para que pudiera comentarse reposadamente.
Y para terminar, es verdad que no imagino cuánto te habrá costado volver, pero que he intentado imaginarlo, no te quepa duda. Rastreé cualquier aparición tuya y hasta investigué los cambios de tus antiguas amistades queriendo comprender las dificultades y sus causas. Así que me hice mi cuento particular, que tal vez no tenga nada que ver con la realidad o tal vez se le parezca bastante. Ya no importa, como te dije.
Abrazos, querido Maykel.

Maykel dijo...

Es maykel@rsagua.icrt.cu
pero ahora mismo hay problemas con el correo de Cuba. Espero que se solucionen esta misma semana.
No sé qué pasa con el blog de Yolanda, que no tengo acceso.
Mándame la invitación de cualquier modo.
Mencionas a Cintio, y mucho me dolió a su muerte no poder decir nada sobre lo indeleble que ha sido la lectura de su "Poética" para mí.

Lam, creo que lo sabes, es coterráneo mío de Sagua la Grande.

Si hay noticias de Yolanda, hazme saber qué pasa con ella.

Aquí son las 7 de la mañana, creo que es mucho más tarde allende el Atlántico, pero de cualquier modo te deseo un buen día.

Animal de Fondo dijo...

Maykel, ya te he mandado la invitación. En cuanto a Yolanda, tiene el blog cerrado por el momento, pero está bien y creo que dentro de unos días volverá.
Un abrazo. ¡Gracias!