martes, 20 de octubre de 2009

SÉNECA, O CÓMO SER AMIGO DE UNO MISMO



Siempre admiré el modo en que Marco Aurelio comienza sus Meditaciones: "Aprendí de mi abuelo Vero...". Este comenzar agradeciendo es una característica natural en el equilibrado escritor, acaso el hombre más sereno que hayamos conocido. De él pienso escribir otro día. Y qué suerte para Marco Aurelio poder citar en primer lugar a su abuelo. Muchos de nosotros también hemos tenido esa suerte de poder aprender de nuestros mayores. Baste hoy decir que si tuviera que confesar quién me enseñó lo más relevante -tal vez- para mi vida posterior, en los momentos confusos de la última adolescencia, diría sin dudarlo que me lo enseñó Séneca.
Me pregunto, al comenzar a escribir sobre Séneca, si debería primeramente defenderlo de las ingratas acusaciones que he leído con frecuencia que se vierten sobre él, en nuestros días. Considero que Séneca está demasiado por encima de mí para hacerlo; al menos diré que pienso que quien sea capaz de expresar por Séneca otra cosa que una rendida admiración será sin duda porque no lo conoce, porque no lo ha leído, porque habla de oídas. Y que yo me limito a hacer con él lo mismo que hago con mis amigos: lo quiero porque lo conozco; lo que yo veo de primera mano no puedo dejar que me lo empañen las habladurías. Diré, como siempre digo: Conmigo se ha portado bien. Por eso merece mi agradecimiento.
De Séneca aprendí en qué consiste la amistad y quién sabe si, sin su enseñanza, hubiera logrado tener un amigo. La amistad, como el amor, no es cosa que nadie nos pueda garantizar que estemos predestinados a vivirla. Siempre pensé que tanto la amistad como el amor son bienes demasiado altos como para que nos propongamos conseguirlos a lo largo de la vida. Ambos requieren de una preparación, de una afinación del propio espíritu, a menudo larga y que muchas veces se frustra. Aún en el caso de que consiguiéramos el estado de gracia que se precisa aportar, es preciso que coincida con nosotros, en el espacio, pero también en el tiempo indicado, la persona que sea capaz -y que tenga la voluntad de hacerlo- de entretejer ese lazo con nosotros. Más razonable será no exigir a la vida lo que en muchas vidas no suele alcanzarse. A cambio, a nuestra disposición y accesibles están muchas relaciones cordiales, respetuosas, afectuosas. Eso sí se puede conseguir, eso sí es accesible a cualquiera que esté dispuesto a prestar su esfuerzo a la tarea, que tampoco es fácil ni llana. Por eso, si la amistad o el amor nos llegan seremos, sin duda, unos seres privilegiados por la vida. Pero si no nos llegan, y es lo común, no los echaremos de menos si ya desde el principio comprendimos que no estaría en nuestra mano tenerlos y que la vida, sin ellos, puede ser también suficientemente plena y esforzada. No obstante, si la probamos, la verdadera amistad es una de las emociones más fuertes y más puras que podamos sentir los seres humanos. Que dos hombres se comprendan desde la soledad propia y puedan mirarse limpiamente a los ojos está tal vez unas pulgadas por encima de nuestra condición natural y de nuestras infinitas y miserables limitaciones.
Pero escuchemos a Séneca, que es a lo que hemos venido:
"Medita durante largo tiempo si alguien tiene que ser admitido en tu amistad; y en cuanto llegues a complacerte en admitirlo, acéptalo de todo corazón y háblale con tanta libertad como a ti mismo. Procura vivir de manera que no haya en ti cosa secreta, nada que no puedas confiar hasta a tu enemigo; pero, atendiendo a que ocurren ciertas cosas que la costumbre nos manda mantener ocultas, comparte con tu amigo todos tus afanes, todos tus pensamientos. Si le tienes por fiel le forzarás a serlo, pues algunos han enseñado a engañar temiendo ser engañados y con sus sospechas conceden derecho a ser infiel."
Diré que muchas veces he comprobado, a lo largo de mi experiencia, lo verdadero de este consejo. Y que cuando elevamos a la altura de la dignidad a quienes nos rodean los forzamos, como dice Séneca, a comportarse dignamente. Casi nunca, cuando me he dirigido a otro de esta forma, me ha defraudado después. Y es que la mirada de los demás sobre nosotros mismos es con frecuencia capaz de cambiarnos. Hasta en la misma enseñanza, según leí no hace mucho en un libro de pedagogía, la mirada y las esperanzas que el maestro pone en cada uno de sus alumnos se cumplen casi siempre. Es que la emulación da paso a querer cumplir estas esperanzas que los demás proyectan en nosotros. ¡Qué distinta la emulación de la torpe competencia, que es lucha de un hombre contra otro hombre,  lucha indigna de ambos, que ahora pretenden enseñarnos!.
"Pero si tienes a alguien por amigo y no confías en él tanto como en ti mismo, te equivocas gravemente y no alcanzas a conocer bastante la fuerza de la verdadera amistad."[...]
"¿Por qué contraer una amistad? A fin de tener por quien poder morir, de tener alguien a quien seguir en el destierro, a quien salvar la vida a expensas de la nuestra. [...] el amor puede definirse como una amistad enloquecida."
No sé si estas concepciones del amor y de la amistad estarán muy en uso, en nuestros días. Seguramente se dará también lo que Séneca desaprobaba: "Quien no mira más que a sí mismo, y, según este criterio, contrae una amistad únicamente en interés propio, piensa indignamente. Acabará tal como haya comenzado. Ha querido prepararse un amigo para que le socorra en el cautiverio, y este amigo, en cuanto ha percibido ruido de cadenas, se ha apartado. Estas son aquellas amistades que el pueblo llama temporeras. Quien haya sido admitido por utilidad, placerá mientras sea útil. De ahí aquella muchedumbre de amigos en derredor de las fortunas florecientes; en derredor de los arruinados sólo hallaremos soledad, ya que los amigos huyen de aquellos lugares donde son puestos a prueba. [...] Quien comience a ser amigo por conveniencia, acabará de serlo también por conveniencia. Llevará la ventaja a la amistad cualquier recompensa si en la amistad preferimos cualquier cosa distinta de ella misma."
También aprendí de Séneca a ser amigo de mí mismo, enseñanza que me ha servido para vivir en paz y para no estar solo. No sé si a alguien podrá parecerle esto poco; para mí ha sido mucho, ha sido la base sobre la que descansó mi vida desde entonces. También a esto me enseñó María Victoria Gutiérrez, como ya dije un día aquí, a quien tampoco he olvidado.
Dice Séneca: "¿Me preguntas qué progresos he realizado? "He comenzado a ser amigo de mí mismo". Grande fue el progreso que hizo: nunca más se encontraría solo. Puedes estar cierto que este hombre es amigo de todos."
Nada más y nada menos. Esta simple frase ha sido uno de los determinantes de mi vida. Ahora la leo y hasta me produce extrañeza que diez o quince palabras hicieran un efecto tan fulminante en mí. Pero como lo hicieron y como es verdad que nunca más me he encontrado solo desde el día en que la leí, os la ofrezco desde la perplejidad que hoy provoca en mí su nueva lectura, treinta  y tantos años después. A quien da lo que tiene no se le puede pedir más.
Terminaré por hoy con otra frase de Séneca que siempre he llevado en la memoria. Me parece que, a día de hoy, no puede ser más políticamente incorrecta. Pero como me ha servido para distinguir muchas cosas en mí mismo, como una piedra de toque ante la que ningún metal se ha resistido a dar su verdadero valor, la copiaré aquí. Quienes me leen sabrán que considero a la libertad de elección una acepción impropia que confunde el valor de la verdadera libertad. Me gusta la libertad que consiste en la facultad de contemplar la verdad, casi siempre a costa de uno mismo. Es que uno mismo me parece el obstáculo más relevante frente al objetivo de ser libre. ¿Me perdonaréis si la escribo en latín y también en castellano? La traducción española es de José M. Gallegos Rocafull, una bella traducción, a mi juicio, de un bello libro editado por la Universidad Autónoma de México en 1953. ¿Por qué me gustan tanto las traducciones mexicanas? ¿Será porque hasta que dí con la de Pablo Simón, de Friedrich Nietzsche, no podía entender a este filósofo?
Dice así Séneca: "Uoluptatem natura necessariis rebus admiscuit, non ut illam peteremus, sed ut ea, sine quibus non possumus uiuere, grata nobis illius faceret accesio; suo ueniat iure, luxuria est." Y la traducción: "Mezcló la naturaleza el deleite con las cosas necesarias, no para que lo buscáramos, sino para que esas cosas sin las cuales no podemos vivir, nos las hiciera gratas el placer que llevan; si viene éste por su propio derecho, es lujuria."
Siempre he sentido a Séneca como educador y le estoy agradecido. Eso me ha impedido traspasar el umbral de respeto con que lo contemplo. Así que no puedo considerarlo amigo en el sentido en que siento esta amistad cómplice con otros muchos escritores. Como a todos los que han intentado enseñarme algo, no puedo dejar de quererlo. ¡Ojalá tú, joven lector, puedas traspasar esta barrera que yo siento distante y hablar, escribir un día, de Séneca como de tu verdadero y cercano amigo!

21 comentarios:

Eloi BLQ dijo...

Si os soy sincero, nunca he leído nada de Séneca y aunque vuestro artículo me ha apasionado hasta el punto de querer conocerlo, de amarlo como usted lo hace, creo que no le entendería. Creo que es por un problema de distancia en el tiempo o de inteligencia, pues considero que nunca he entendido a los grandes filósofos y pensadores, o si lo he hecho y me ha hecho más mal que bien. No lo sé exactamente, siempre lo he tenido confuso esta apreciación.

También debo confesar que, aunque conocía de oidas el nombre de Séneca, no leí algo sobre él hasta que pedí y me adjudicaron la beca por la que fui a estudiar a Granda, no por el deseo de acabar la carrera, sino por el deseo de vivir allí, establecer una relaciones y contactos que me sirvieron mucho para mi presente actual. Leí algo mas poco, pero nunca nada tan agradable como lo que acabo de leer esta noche.

Creo que las palabras amor y amistad se han banalizado hoy en día, en una era que lo que cuenta es tener miles de amigos sobre facebook. Se confunde las relaciones que usted describe en el escrito con una amistad profunda. No obstante, en una sociedad donde la soledad se repudia, si nos ciñeramos a la descripción exacta de amistad o amor, viviriamos en un mundo de depresivos, mucho más de que ya lo es hoy.

Si me deja acabar por decirle que la frase que escribe: "Me gusta la libertad que consiste en la facultad de contemplar la verdad, casi siempre a costa de uno mismo. Es que uno mismo me parece el obstáculo más relevante frente al objetivo de ser libre.", me parece llena de razón, le diré que me da un sentido de parte de sus pensamientos. Le diré que me recuerda a círculos anarquistas por los que me muevo donde una máxima es conseguir la libertad, pero nunca ser esclavo de nuestra misma libertad. Hay que dejar de lado el uno mismo, el conseguir con ojos ciegos el objetivo final y saber hacerlo a pesar de que el pensamiento, el ideal quede un poco lejos, pues así se puede conseguir esa verdadera libertad.

saludos

Animal de Fondo dijo...

Muchas gracias, Eloi, por hacerme sentir que puede ser útil a alguien lo que escribo. Primeramente, con respecto a entender o no entender a los filósofos, creo que hay que tener en cuenta la importancia de las traducciones. Para ser un buen traductor pienso que hay que ser un buen escritor también y suele ser excepcional que un buen escritor se dedique a traducir. Como digo en el texto, cuando nos explicaron en clase a Nietzsche, intenté leerlo en las ediciones de bolsillo de Alianza Editorial. No entendí absolutamente nada; tuve que abandonar la lectura. Unos años después encontré una edición de sus Obras Completas editadas en Buenos Aires y traducidas por Pablo Simón, con una introducción de Ezequiel Martínez Estrada. Me pareció una delicia. Compré las Obras y pude leerlas casi enteras; todo se comprendía allí con la mayor claridad. Hay que tener en cuenta también que traducir de una forma o de otra puede ser una forma efectiva de censurar a un autor sin que lo parezca. Y para ello no hace falta forzar al traductor a que tuerza su voluntad. Con contratar a uno malo, es suficiente.
Habrá sentido esa distancia en el tiempo por alguna causa externa, pienso, porque entre los escritores clásicos y nosotros me atrevo a decir que no hay ninguna; al menos yo no la he encontrado. Y por supuesto que poseo una inteligencia corriente, como la de todos; no creo que los seres humanos nos distingamos precisamente por las alturas de nuestra inteligencia.
Otra cosa muy distinta será que cierto tipo de filosofía o de filósofos no compaginarán nunca con sus intereses ni con los míos. Confieso que una vez me propuse leer la metafísica de Aristóteles. Ya el hecho de que un ser físico pretendiera explicar lo metafísico siempre me pareció sospechoso. Pero es que como las hipótesis que Aristóteles establecía como de partida me parecieron gratuitas y yo no estaba dispuesto a suscribirlas, toda construcción posterior edificada sobre ellas me dejaba indiferente. En mis tiempos este filósofo gozaba de un prestigio inmenso. En resumen, decidí no leer la metafísica.
En cambio, Eloi, hay otras obras, que han dado en llamarse de filosofía moral que a mí me han interesado mucho más; supongo que a usted le pasará lo mismo. Es preciso que confiemos en nuestra propia inteligencia, no porque pensemos que es suficiente, sino porque es la única de la que disponemos. Y si no pretendemos enmendar a nadie ni enseñar nuevas formas de vivir a los demás sino que sencillamente queremos entender para nosotros mismos, qué más nos da que sea mucha o poca. Leamos lo que nos hace mejores, que si llegamos comprender la importancia de la bondad, poco importa el camino que hayamos recorrido.
Analizar en qué consiste la verdadera libertad me parece a mí que es la labor más importante que puede hacer un hombre para sí mismo y para los demás. Vivimos en un mundo que se proclama a sí mismo "libre" porque no prohíbe nominalmente las cosas que la mayoría en la práctica no puede conseguir. Y en realidad no solamente estamos sujetos a las compulsiones de la naturaleza, de las que es muy difícil escapar, sino a otras muchas que, sin que nos demos cuenta, nos degradan la visión. Me pregunto qué nos impide, viviendo en un país supuestamente "democrático", tratar a nuestros vecinos con franqueza, confianza, afecto y respeto en vez de con desconfianza, hipocresía, egoísmo y desprecio. Dudo mucho de que estas últimas opciones se elijan voluntariamente, desde la claridad de la visión, al igual que tampoco se elige actuar en las escuelas con comportamientos groseros, que no llevan, al que los practica, al lugar donde soñaría dirigirse. Es que la verdad se compone mejor, a mi juicio, con los pequeños detalles en que consiste la vida diaria que con las grandes palabras de los discursos vacíos.
Un fuerte abrazo, Eloi.

Juan M. Garcia dijo...

Hola:
Gracias por tu comentario en Desde Cuba. Es cierto lo que dices, la vida pasa rapido y son tantas las preocupaciones y cosas que uno tiene entre manos que a veces no nos percatamos. Yo tambien leo tu blog, sobre todo la seccion que tienes destinada a Cuba. Muy interesante todo.
Un abrazo Desde Cuba,
Juan

Aaoiue dijo...

Uf, nada menos que Marco Aurelio y Séneca. Fíjate, animal, que he llegado a creer que todo lo que no era leer los clásicos antiguos era perder el tiempo...
Remitiéndome a la amistad puedo decir que, parafraseando a Oscar Wilde -para quien el amor era para los cuerpos bellos y el dolor para las almas bellas- se podría afirmar que el amor es para cualquiera (puede ser hasta... ¿"injusto"?) mientras que la amistad es talmente como el dolor.
Muy bonito post, la verdad.

Yolanda Molina Pérez dijo...

Francisco: Cada post de esta serie está resultando una maravilla, creo que ya lo he dicho antes pero definitivamente, la arquitectura no te ganó, la literatura te perdió.
Es increíble la sutileza con que nos acercas a los autores, tocando con magia los detalles que suscitan el interés en la búsqueda, con comentarios como los de Eloi y tu repuesta gana en lujo y queda a retener, entre tanta cosa insulsa que hay en el camino.
Ser amigo de uno mismo es una suerte innombrable como diría Lezama, al menos para mí significó juzgarme antes, corregirme, y curiosamente rigió este paso también una frase, esta vez de Wilde "amarse a sí mismo es el inicio de un idilio de larga duración", pero quererte sin egolatría, entenderte y conciliarte entre actos y pensamientos no es cosa de un día...
Sigo encantada con estas entradas, un abrazo

Animal de Fondo dijo...

Aaoiue, no te rías, porque yo lo sigo creyendo. No diré los clásicos antiguos como tú, sino simplemente clásicos. Es que, con tanta maravilla como nos queda por leer, ¿cómo dedicarle tiempo al último premio literario?
Y con respecto a tu opinión, yo pienso que el amor es todavía más inaccesible que la amistad, porque se necesitan las mismas premisas que para ésta y además una atracción instintiva que no depende de nosotros calibrar.
Siento no conocer apenas a Oscar Wilde. Creo que de niño me leyeron un cuento suyo; recuerdo todavía ese cuento y lo mucho, muchísimo que lloré. Vagamente, en cambio, dudo de si leí más tarde otro famoso relato suyo o no llegué a acabarlo. La realidad es que aún no sé casi nada de Wilde.
¡Gracias!

Aaoiue dijo...

Bueno, yo en la atracción instintiva no reparo, más bien estaba pensando en la gracia. La atracción instintiva, de la que tanto sabían en los bares de ambiente polinesio de mi juventud, por ejemplo, esos en los que una copita de un mejunje indeterminado con una sombrilla en el borde nos convertía a las chicas no sólo en seres asequibles y fáciles, sino casi en esclavas sexuales, es algo que dejo al margen.

Desde que supe de un señor que después de haber violado a una niña con síndrome de Down y haberla asesinado pasando por encima de su cuerpo su coche en marcha atrás repetidas veces, había conocido el amor de su vida en la cárcel (una funcionaria de Trabajo Social), nadie ni nada me puede convencer de que el amor esté al alcance de cualquiera y que en todo caso es cuestión de suerte. Este señor podrá tener hasta hijos, puesto que los puede tener cualquiera, pero ¿amigos?
Gracias a ti por corresponder mi comentario.

Jueves dijo...

Gracias, Animal, por la lección...
Cuando sea mayor, también me acordaré de ti... ;)

Además, me llevo la segunda alegría del día: la vida es generosa conmigo, porque me ha permitido disfrutar de los dos dones... Ahora me falta la tercera patita...

Ay, madre, que me amontonas el trabajo... ¡Ahora tengo que ir a buscar las obras de Séneca!

Un abrazo

Jueves dijo...

Ah, y abundando en lo de la pedagogía... Cuando a un niño o a un adolescente le llamas "hermoso" se convierte en Adonis. ¿Lo llaman "efecto Pigmalión"? Si alguien nos ve volar, casi segurito que volamos...

Pues otro abrazo

Animal de Fondo dijo...

Querida Yolanda, gracias por tus palabras de cariño. Está muy bien la frase de Wilde que me citas y esa conciliación entre acto y pensamiento me parece, como a ti, primordial. Y para contarte una confidencia, te diré que también Cuba le puso su segunda parte a la frase de Séneca. Al verte transplantado a un ambiente tan distinto, con unos valores nuevos, muchas de las cosas que creías que sabías sobre ti mismo, tiemblan y te hacen descubrir nuevas cosas. Lo resumiré diciendo que en lo que pude tener de idealizado sobre mí, Cuba me pasó la podadera, lo que le agradezco. A ver si consigo hilar, más adelante, algo que relacione a Séneca con su visión de la fortuna y de las riquezas, que a mí me sirvió también tremendamente y sobre lo que tú seguro que tendrás algo que decirnos, para hacernos meditar. ¡Un abrazo, Yolanda!

Animal de Fondo dijo...

Pues no sé por qué serás tan especial para mí, querida Jueves, pero hoy me das una pista: ¿Será porque los dos nos miramos mediante ese efecto Pigmalión que me cuentas? El caso es que te echo mucho de menos cuando tardas en pasarte por aquí. Así que no está mal que de tus dos alegrías me corresponda a mí también la de leerte.
Y sí, claro que me gustaría que cuando seas mayor te acuerdes de mí. ¡Otro abrazote!

María dijo...

Acabo de descubrir tu blog, me quedo viéndolo, con tu permiso.

Saludos.

Joselu dijo...

No he leído a Séneca ni a Marco Aurelio. Uno lee toda su vida y se encuentra de pronto en que desconoce muchas lecturas fundamentales. La vida es un ir rellenando huecos. Me falta la cultura clásica y la lectura de Michel de Montaigne. A veces he pensado que cuando me retire tenga tiempo para disfrutar de la cultura clásica. Ahora estoy demasiado metido en el presente, para bien y para mal. Intentando comprender, aunque no lo consiga, a mis contemporáneos. Pienso que un hombre a partir de cierta edad, como en la antigua China, debería poder dedicarse a la cultura del opio o en su defecto a la lectura de los clásicos que faltan terriblemente de mi biblioteca. Y mira que lo siento.

Animal de Fondo dijo...

Ya te echaba de menos, Joselu, y mucho, además. Es que has escrito mucho esta semana y muy intenso. Estoy seguro de que no pueden compararse mis lagunas con las tuyas, aunque eso no importe demasiado. No te creas que tengo una cultura clásica muy amplia. En cualquier caso, no puedes perderte a Séneca. Tengo pendiente repasar la edición de Gredos de las Cartas a Lucilio, que es lo que a mí me parece que hay que leer, para poder decirle a Jueves que se las compre o que busque otra edición. Ya hablaremos de Marco Aurelio; sería un inmenso gozo para mí poder acercártelo. Si admiro a Séneca, Marco Aurelio me parece casi no humano al conjugar tanta comprensión, inteligencia y bondad ocupando un cargo público que se prestaba extraordinariamente a todo lo contrario.Humildad verdadera desde la cima del mundo.
Nunca comprenderemos a nuestros contemporáneos, tal vez, pero yo dudo mucho -ya sabes- que nos ayuden a comprenderlos más los escritores actuales que los clásicos. Y sencillamente porque ambos tratan del mismo tema -nosotros- pero unos saben lo que se dicen -los que no lo sabían han sido olvidados- y los otros yo dudo muy mucho que acertemos a leer a los pocos que quedarán, que serán los que también nos hayan entendido.
He leído a Montaigne, hace muchos años; lo recuerdo como una delicia. En mi caso, era imprescindible leerlo, por ser el maestro de Azorín. Y, aunque haga tantísimos años de eso, también maestro del interesantísimo entonces -para mí- joven Antonio Gala.
Espero que algún día consigamos esa aspiración mía que consiste en que recorramos juntos algún paisaje literario para poder comentarlo después por puro placer, claro.
Un abrazo, Joselu.

María dijo...

Me gustan las frases del filósofo escritor Séneca, todas hacen reflexionar.

"Sabe que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo”.

Muchas gracias por devolverme la visita, nos seguimos leyendo.

Saludos.

Jueves dijo...

¡Eso! ¡Queremos también a Marco Aurelio!

Y voy buscando la edición de Gredos de Séneca.

¡Gracias!

Animal de Fondo dijo...

¡Nooo, Jueves! Si dije que iba a contrastar la edición de Gredos es porque seguramente será fácil de conseguir, no porque piense que sea la indicada, ni mucho menos. La ediciones de Gredos normalmente no me gustan porque son más ediciones de profesores y para profesores que ediciones literarias, de escritores para lectores. Hay de muchos autores traducciones anteriores al 1950, digamos, que me gustan mucho más, no digamos algunas del XVIII o XIX. Otra cosa eran las ediciones de Alma Mater, que supongo inencontrables. Tienen todo el rigor preciso y además son bellas y se entienden superlativamente bien. No sé cómo explicarme, Jueves, pero algunas ediciones de Gredos no se entienden bien, que es de lo que se trata. Conservan las palabras pero se pierde el espíritu, la metacomunicación que es fundamental para identificarse con un autor. En fin, para ir al grano, te recomiendo entre lo que he visto que se puede encontrar, la traducción de Jaime Bofill de las Cartas a Lucilio, que insisto es el texto a leer. He visto que la tienen en alcana.es, una librería que no conozco. Parece que la edición es fea, seguramente vendrá sin coser, pero Bofill te mostrará al Séneca que yo conozco. Si me equivoco en algo, (estoy juzgando la traducción de memoria), esta tarde te lo diría.
Un beso.

Jueves dijo...

¡Pies quietos! Sigo instrucciones...
Qué suerte tengo de tener silla por aquí... Voy a ver esa alcana.es...

Abrazo

Jueves dijo...

Ya he visto dónde está la librería Alcaná en Madrid, así es que como dispongo de tiempo por las tardes...

Y para ir "adelantando materia": ¿nos haces también alguna recomendación de dónde leer a Marco Aurelio? Sí, ¡quiero disfrutar!

Animal de Fondo dijo...

Jueves, he repasado esta tarde la de Gredos y te confirmo que no es la más recomendable. Busca la de Bofill. No sé si tendría interés hacer una entrada con párrafos de las tres que tengo, esas dos y la de Gallegos (de esta, desgraciadamente, sólo conseguí el tomo II), porque se vería lo diferentes que son. En la de Gallegos, que es la mejor, el castellano corta como una espada templada en fuego de latín, ya que lleva las palabras justas y el orden de la frase es soberbio. En la de Bofill también está presente todo Séneca entero y transmite muy bien su espíritu. Dudo ahora si hay alguna pequeña falta como poner Dios donde Séneca escribe La Naturaleza, con el ánimo de obtener padrinos del cristianismo, que fue común; no importa, si fuera así; la de Bofill es una bella traducción.
De Marco Aurelio, conozco la de Jacinto Díaz de Miranda, que traduce "Soliloquios"; es de finales de XVIII y está muy literaturizada, pero se entiende bien y es la que yo he manejado más. A mí me gusta; se ha utilizado en Austral y en Porrúa. Tengo también la de Gredos antigua, supongo que seguirá siendo la misma que ahora. La mía es de Ramón Bach Pellicer, y traduce "Meditaciones". No me parece mala como la de Séneca; creo que no está mal, seguramente es más literal que la de Díaz. Será una barbaridad académica tal vez, pero yo leería la del XVIII. En la de Gredos hay que hacer un esfuerzo bastante mayor para incorporar las ideas pero no llega a perderse el personaje. No así, como te he dicho antes, con Séneca, donde solamente se llega a mostrarnos su cadáver.
Un beso.

fullcontact dijo...

Cartas morales. La alusión del blogger, y su contundente influencia personal, que comparto, exhalan mi gratitud: 1º a Séneca, por salir de mi sangre, a la luz 2º Al viejo de 25 años que dejó, olvidado, el libro en mi mesilla de noche: Lo leí, releí... tantas veces... tantas veces intenté, en vano, alimentarme de otros libros sin más solución que sustituirlos, acudiendo a la llamada de las Cartas... Y así, día tras día, conciliaba el sueño reposado bajo sus hojas.