domingo, 24 de febrero de 2008

POR QUÉ ES TAN AGRADABLE NO SER NADIE


 
Todos hemos sentido, en algún momento de nuestra vida, que el tiempo psicológico no es constante. Desde niño, escuché a los ancianos decir que para ellos la vida pasaba muy rápido. Me sorprendía tal aseveración, porque recuerdo que a mis tres años el mundo era tan lento que tuve que preguntar, paseando por una glorieta, a mi padre, si seria posible que alguna vez volviera a ser verano. Conforme fui creciendo pude apreciar que el horario escolar se sentía muy distinto en primaria y en la universidad. En primaria, una clase era algo casi inabarcable, donde se podían aprender infinitas cosas, todas ellas insospechadas. En la universidad, una mañana de clases parecía reducirse a unos minutos de primaria. Así que, como ahora tengo tan estupendos lectores en este blog, me atrevo a contaros la explicación que fui hilando. No es nada del otro mundo, pero me gusta. 
Necesita, eso sí, un poco de paciencia, porque es preciso conocer antes una sencilla ley de la percepción.
La primera vez que, en la Escuela de Arquitectura, me pidieron que trazara un degradado constante que fuera del blanco al negro, con tinta china de barra, ejecuté, sin saberlo, las instrucciones que Chevreul daba en su libro "Las leyes del contraste del color" para conseguir el mismo propósito. Igual que le hubiera pasado a Chevreul si hubiera seguido él también sus instrucciones, fracasé estrepitosamente, como enseguida reflejó la nota con que calificaron mi ejercicio.
Las instrucciones de Chevreul son las siguientes, tal y como las describe Joseph Albers:
"Sobre una hoja de cartulina dividida en diez bandas, cada una de aproximadamente un cuarto de pulgada de ancho, extiéndase una capa uniforme de tinta china. Una vez seca , extiéndase una segunda capa sobre todas las bandas excepto la primera.
Una vez seca la segunda, extiéndase una tercera sobre todas las bandas excepto la primera y la segunda, y así sobre todas las restantes, hasta tener diez capas planas que aumentan gradualmente en profundidad de la primera a la última."
Todo este procedimiento, que suena tan convincente, provoca una sorpresa inevitable: La sorpresa es que el aumento de profundidad gradual que se prometía no aparece en una sucesión de escalones iguales.
Está claro que hemos aumentado la cantidad de pigmento según una progresión aritmética. Es imposible que percibamos la progresión como uniforme, ya que, si las cantidades de pigmento aplicadas siguen la serie
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10
fácilmente se comprende que si bien la diferencia entre el primer término y el segundo supone un incremento del 100% (de 1 a 2), la diferencia de pigmento aplicado entre los dos últimos términos supone solamente un incremento del 10%. Por tanto, veremos incrementos muy grandes de saturación al comienzo de la serie y muy pequeños al final.
La Ley de Weber-Fechner establece que para que podamos percibir un estímulo de modo que nuestra percepción aumente según una progresión aritmética, es preciso que el estímulo en sí aumente según una progresión geométrica. Si la serie anterior, que refleja el número de capas de tinta china de barra que sería preciso dar fuera
1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512
veríamos entre cada variación un incremento igual, ya que igual es la diferencia relativa entre cada uno de los tramos. El efecto sobre la percepción de las últimas 256 capas es igual al de las 2 primeras; al principio, con un breve esfuerzo conseguimos aumentar al doble la cantidad de pigmento, mientras para conseguir eso mismo al final necesitamos un estímulo inmensamente mayor.
Y aquí viene la hipótesis de nuestra teoría: Si admitimos, con los escolásticos, que el sujeto de la percepción humana es, al nacer, tamquam tabula rasa in que nihil est scriptum, a la espera de un stilo que marque la cera, podemos asociar este stilo al tiempo, considerado como aquél que graba percepciones incesantemente en nuestro espíritu. El primer año de nuestra vida extiende en el alma la primera capa de tinta china y serán precisos los dos años siguientes para percibir lo equivalente a una gradación más. Tras cuatro años más (ya tenemos siete) se extiende la tercera gradación, tras ocho años más la cuarta (ya tenemos quince); han de pasar dieciséis años para que sintamos una quinta gradación (ya tenemos treinta y uno). Me temo que después de los treinta y dos años necesarios para alcanzar la sexta (ya tenemos sesenta y tres) empezaremos a aburrirnos de ser nosotros mismos, y nunca alcanzaremos la séptima, porque para ella harían falta otros sesenta y cuatro años.
Según esto, no es de extrañar que sintamos pasar el tiempo más veloz a partir de cierta edad. En definitiva, el impacto de lo que percibimos en un año de nuestra vejez es semejante al de la primera vez que escuchamos cantar a un ruiseñor.
En términos de percepción, la mitad de la vida pasa antes de los ocho años; naturalmente, suponiendo una presión uniforme del stilo, porque si en algún momento la presión aumenta y vivimos emociones no recomendables, no haremos más que aumentar la cantidad de estímulo necesaria para que podamos percibir algo.
Pero ¿no tendrá este mundo aterrador de no percepción soluciones? Pues a mí la única que se me ocurre es reconstruir la tablilla. Borrar la tabla exige lo que parece sacrificio: no ser nunca nadie. Si somos alguien, si no eliminamos a nuestro yo, a nuestro superyó y demás familia, arrastramos en nuestra memoria un lastre inmenso de tinta china. Pero si de pronto ya no somos nadie, si perdemos la memoria personal de nuestras emociones, qué maravilla. Asombrarnos todos los días con el árbol frente a nuestra ventana exige preguntarnos, cada vez que lo vemos, lo siguiente: ¿qué será esto? ¿Será un animal, será una planta? ¿Por qué mueve sus ramas el viento?
La sociedad intenta formarnos, con buena intención, para que creemos un limitado número de unidades gestálticas en nuestro cerebro, pensando que eso nos permitirá reaccionar con una respuesta rápida cuando sea preciso. Pero saber que el misterioso animal que nos olfatea se llama gato, creer que es sencillamente un gato, un gato como el que vive pobremente simplificado en nuestro cerebro, nos hace ciegos y sordos ante el misterio. Sin esta ceguera y esta sordera no seríamos capaces de tocar a esos animales de fondo sin emocionarnos. Pero por suerte, podemos elegir: morir cada día y renacer hasta el día final; vivir el mismo día sin morir mas que una vez; a nuestro gusto. ¿Que qué elección tomé yo ayer? Yo? No sé a quién te refieres, pero de todas formas no lo recuerdo.

17 comentarios:

Jueves dijo...

Me leo todos los años los mismo libros; alquilo, también, la misma película sin darme cuenta y le pregunto a mi marido si "esa" la he visto o no; continúo perdiéndome en algunos barrios y me sigue costando trabajo encontrar la Plaza de la Paja...

No estoy orgullosa de mi desmemoria, pero sí convencida de que resucito todos los días. He aprendido, amigo, a morirme un poco cada noche y ahora voy asumiendo (¡poquito a poco!) no ser nadie. Qué raro se me hace respirar el primer segundo...

Gracias por tus porqués y buena semana... ¡Ya te estaba esperando!

FMESMENOTA dijo...

Me has hecho reír porque yo también le pregunto a mi mujer si he visto ya las películas. Hay que ver qué teorías inventamos para que nos gusten nuestros defectos.
Buena semana para ti también. Un abrazo.

odette farrell dijo...

Jueves! En serio que eres simpática... a mi también me hiciste reir.

Yo por fortuna me maravillo también todos los días, no soy desmemoriada, al contrario peco de una excelente memoria, pero siempre me sorprende la belleza de todo lo que veo, las puestas de sol, la luna, los gatos...donde vivo es un conjunto habitacional con jardín y está plagado de gatos, yo soy alérgica a los gatos pero no a su arrogancia y a su estética y siempre los miro y admiro como si fuera la primera vez, bueno lo mismo me pasa con las aves, y las lagartijas y los árboles, los brillos de las hojas, las piedras y bueno si me voy a los rostros humanos, tendría que escribir un ensayo enorme y miren que soy mala para expresarme por medio de la palabra, así que mejor sigo con los pinceles :)

Maykel González Vivero dijo...

Por mi parte, yo soy un memorioso. Mis amigos me llaman para preguntarme sobre detalles tan personales de sí mismos, que a veces me siento memoria colectiva.Y para llegar a ese anulamiento que propone FMESMENOTA hay que empezar por abjurar de la memoria.
Te confieso, amigo, que al leerte he sentido miedo. Me he acostumbrado a saber demasiadas cosas y eso me asusta. El tiempo es vertiginoso para mí. La capacidad de olvidar es definitivamente muy misteriosa y apreciable. Borges cuenta como una pesadilla la vida ficticia de Ireneo Funes, uno que no podía olvidar, y siempre he sentido infinita compasión por él.
Hace falta que nos hagas, cuando puedas, una buena receta antiproustiana para los olvidos. Piénsalo.

NORMA ASCENCIO dijo...

tengo tiempo! el bebe duerme y logré leer un post completo!

me hiciste recordar mi infancia, cuando iba en coche hacia casa de mi abuela y le preguntaba a mi papá cada 5 min "ya mero llegamos"... otra pregunta recurrente era "cuanto falta para navidad? (en marzo)... ya despertó!... luego sigo comentando, mientras procurare percibir el mundo al ritmo de mi pequeño

me voy corriendo!

FMESMENOTA dijo...

Odette: Pues creo que por primera vez no estoy completamente de acuerdo contigo en algo: te expresas maravillosamente con los pinceles, pero también escribiendo, siempre llena de esa vitalidad desbordante que tienes. Gracias por la visita y el comentario.
Maykel: Es curioso, pero tuve también algunos problemas informáticos, como tú. Al ver en tu comentario a Funes he pensado releer el cuento, que fue uno de los primeros textos de Borges que leí.
La receta no está fácil, así que te propongo que la empieces y yo la intentaré seguir.
Nor: Otra vez gracias por venir por aquí teniendo tan poquito tiempo. Esos momentos de la infancia es curioso recordarlos, me imagino que ahora Patro está en eso, así que si consigues lo de vivir la vida a su ritmo, tal vez sea la fuente de la eterna juventud.

Libélula dijo...

Cuando "me autoinicié" en los misterios del camino espiritual, recuerdo que mi Maestra nos dio la clave de "sanar" el pasado. Una técnica shamánica llamada "Recapitulación", ha sido descrita muchas veces por Carlos Castaneda, pero me sorprendió encontrarla en el Yoga y en otros senderos espirituales. Cuando comencé a Recapitular, que no es otras cosa que "revivir" lo vivido, escena por escena y "Limpiarla" energéticamente, empecé a "recordar" TODO, lo increíble de todo es que empezaron a venirme hasta los sueños olvidados. Siempre he sido de los que recuerdan las cosas sólo cuando las necesitan recordar ( o sea casi nunca, bendita Jueves!) , y la verdad que me austé mucho al recordar por ejemplo, el olor del café con leche recién calentado (con una pizca de sal añadida) que me hacía mi tía Nigdia a los 5 años de edad, en la Vieja Habana.

Hoy en día, no necesito recapitulaciones para saber que existí y dónde, me basta con encontrarme a alguien (o algo) en el camino, y siempre me "lo recuerda", un gesto, una palabra, un olor. Verme reflejado en todo lo que veo o leo, verme en el TODO, me hace tener la mejor de las memorias.

Creo que el secreto de tener una buena memoria es recordarnos constantemente quienes somos y cómo llegué a este preciso segundo en el que me lo pregunto... ¡ Y vivirlo con alegría!

Gracias FMESMENOTA por este espacio maravilloso, me has hecho recordar muchas cosas, creo que os habeis puesto de acuerdo para hacerme "revivir" mi Cuba con cada amanecer.

Gracias! bendiciones y besos!

Libélula

P.d los escritos de mi blog no son escritos por mí, son fragmentos de cosas vividas por otros y que voy bebiendo pues me hacen "recordarme". Los dejo allí con la esperanza que mis compañeros de viaje se recuerden a sí mismos.
Cito a Montaigne Señores: "Aquí tengo un ramillete de flores escogidas; nada mío hay en él, salvo el cordón que las ata".

odette farrell dijo...

Fmesmenota,

En verdad que eres gentil....pero, me autocritico constantemente y conozco mis carencias. Ya quisiera tener el 10% de la locuacidad que tienes tu o el joven Maykel con la palabra. O el conocimiento literario que ambos tienen...
Y en la pintura soy la más severa de las críticas, pues esa sí es mi vida :))) y soy muy consciente de lo mucho que me falta... aunque claro cuando recibo reconocimeintos como mi último premio europeo, pues brinco de alegría pues veo que estoy en el camino :)))

nor del terror dijo...

libélula...

también iba a comentar sobre castaneda -mi bebe lo impidio:)- pues, al leer este post también se me hizo presente lo que don juan dice sobre borrar la historia personal, claro que con un fin un poco distinto.

a mi me ha pasado como a ti, me he sorprendido encontrando lo "dicho" por "don juan" tanto en yoga como en varias vertientes filósóficas cuando estudiaba la maestria.

...tengo que salir corriendo de nuevo, saludos a todos!

FMESMENOTA dijo...

Odette: creo que sí tienes una virtud muy grande como artista y es que eres muy sencilla y muy sincera. Está claro que para ser grande en el arte lo que tú haces es una premisa indispensable, creo yo, pero es que la mayoría se desvía ya ahí, porque enseguida empiezan a escuchar las voces, bien sea de los marchantes, sea de quien les aconseja en el sentido de hacerles pensar que deben darse importancia para que los demás se la den. Se nota a la legua que tú no vas por ahí y que no pintas por interés personal, no sé si me explico, sino por necesidad de tu vocación, y porque sirves para eso, porque servir está intrínsecamente ligado a la vocación, creo yo, y no hay una cosa sin la otra. Para no liarlo más, me encanta tu carácter, te siento cercana aunque estés lejos, pero te respeto y te admiro como artista por esa actitud, entre otras cosas.

Libélula: Pues te doy la bienvenida más cordial, espero que te encuentres como en tu casa y que nos ayudes a pensar. Para ser la primera vez, nos has dejado bellas palabras, a mí me has recordado a Carlos Castaneda, a quien hace treinta años que no leo, y de quien compraba ardientemente los libros en cuanto salían de la prensa (entonces había prensa, y un ciego podía a veces tocar una página y sentir la huella de los tipos de plomo en el papel). Y también me has hecho probar el café de tu tía Nigdia y hasta casi balbucearle, algo penoso, que si lo podría tomar solo.
Gracias por tu comentario y nuestros mejores deseos también para ti.
Nor: Hasta luego, corre y disfruta, mi niño más pequeño ya tiene cuatro años...

Alex Dinamo dijo...

Qué magnifico post. En general siempre he creído que uno es lo que uno recuerda, pero uno también es lo que olvida. No cabe duda que no somos otra cosa que nuestras percepciones, y los pensamientos que de éstas resultan.

Lo de la recapitulación me sonó sumamente interesante, tengo a Castañeda entre mis lecturas pendientes.

odette farrell dijo...

Gracias Fmesmenota... a mi también me agradan muchas cosas tuyas. Es una suerte haberte encontrado y se lo debo a Nefer!

Y sí creo que hay que ser modesto en el arte, porque éste es tan grande, que si pecas de soberbia puedes quedarte en el camino... y no creas, yo lo aprendí de mi primera muestra en el 2003 cuando decidí ser pintora. Recuerdo que yo veía esa muestra como la 8a maravilla del mundo... y ahora que veo el portfolio de esa muestra me avergüenzo tanto... pero aprendí que no obstante la gente te diga lo maravillosa que es una pintura, si a ti no te satisface entonces no vale....y aunque te guste y mucho, solo valdrá si logra conmover al observador.

Y estoy de acuerdo en que la Nor disfrute a su bebo, fígurate, la pequeña mia tiene ya 14 años!

Nefer dijo...

En la infancia los días me parecían eternos. Siempre preguntaba cuánto faltaba para Navidad. Me daba tiempo de todo, hacer tarea después del cole, jugar, comer, ir a la gimnasia, ver un poco de tele, cenar y dormir.
Qué son los recuerdos... según leía en alguna parte, es la necedad del ego de aferrarse a algo, porque nada es permanente.
Lo curioso es que a veces los recuerdos que uno tiene son muy diferentes a los que otras personas tienen en esa misma circunstancia, y que además cada quién percibe las cosas de diferente manera.
Ya con unos añitos de practicar Zen, apenas empiezo de nuevo a sorprenderme de vez en cuando de lo que un niño se sorprende todos los días. Lo malo es estar "enchufado" a éste mundo materialista e insulso de la "modernidad".
Cuando voy de retiro es como si mi alma o algo me jalara hacia esa nada. La nada de los no conceptos, no etiquetas, del ser.
Cuando medito, parece increíble, pero el tiempo es infinito. Las cosas se muestran tal y como son y las coincidencias afloran.
No somos nadie, en realidad no somos nada. Hay un sutra que me encanta, que precisamente toca algo de lo que comentas. El sutra del diamante, en donde se menciona que se libera a todo ser del sufrimiento:
"... todas las cosas se caracterizan por el vacío, no tienen principio ni fin, en el vacío no hay forma, ni sentimiento, ni pensamiento, ni impulso, ni conciencia... no hay ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo ni mente, no hay forma, sonido, olor, sabor, tacto ni objetos mentales, ni visión, ni ignorancia, ni extinción de la ignorancia, no hay vejez, ni muerte, ni su extinción... no hay sufrimiento, ni causa del sufrimiento, ni fin del sufrimiento..."
Pero bueno, ya sería desviarme mucho del tema. Pero cuando uno se "olvida" de todo, que en realidad es tener la conciencia sin concepto, se llega a ése estado puro de admiración.
Creo que me extendí demasiado.
De todas formas, yo creo que los recuerdos que tengo son en parte por la intensidad de lo que sentía cuando vivía esos momentos.
En fin, ya mezclé demasiado, jajajaja!!! Saludos y muchas gracias por tu visita.

odette farrell dijo...

Nefer!

Qué maravilloso comentario... y yo que quisiera que te explayaras más!
Que el ego es la necesidad de aferrarsse a algo ... pues entonces quiero eliminar a mi ego pues hay muchas cosas que quiero olvidar :)

Y respecto a la meditación... yo diario hago un poquito después de mi práctica de yoga, y he intentado hacerla sola en casa, pero confieso que he fallado. Me gustaría escribieses más al respecto y también de ese maravilloso sutra en forma de diamante...

FMESMENOTA dijo...

Estoy de acuerdo con Odette, Nefer, en que nos gustaría que escribieras más; eso que has dicho está superinteresante y, verdaderamente, hay mucho que hablar sobre ello. Nos ha sabido a poco, estoy seguro.
Aprovecho para dar la bienvenida a Alex y para agradecerle su amable comentario.
Parece ser que tengo menos tiempo disponible; no obstante, he subido un par de gráficos que me parece que aclaran la Ley de Weber-Fechner.

NORMA ASCENCIO dijo...

pase a releer comments y me encuentro a alex aqui tambien... el mundo de los blogs es un pañuelo.

retomando la vertiente de nefer... (que por cierto n. me voy a copiar tu sutra) la meditación para el mundo... y aqui tambien entraría castaneda, en su tiempo, cuando lo leí la primera vez, hace unos 20 años (wow!) durante un tiempo traté de seguir "sus" principios, entre ellos "el parar el mundo", y me costaba mucho trabajo, mi novio de entonces me animaba a meditar, pero no era mi tiempo. empecé a meditar cuando inicié en el yoga, ya hace unos 8 años, y despés de la clase me quedaba al final de la de meditación (tomaba clases en ese entonces en el centro budista) y al salir de alli el ritmo del día cambiaba, parecía etéreo... dejé esas clases un tiempo pero despúes retomé la meditación, y ahora trato de cada noche hacer un poco aunque sea, quizá eso también me ayude a lograr percibir con los ojos de un niño.

ya me extendí... sorry :)

ahora a dormir al bebe...ciao!

Nefer dijo...

Saludos cordiales a todos.
Me explayo un poquito más por acá, pero podemos seguir extendiéndonos lo que quieran, me gustaría saber qué piensan ustedes y qué han experimentado, a lo mejor no en meditación, pero en algún momento clave de sus vidas.