martes, 29 de enero de 2008

RECETA PARA HACER MAGDALENAS DE PROUST

Preliminares:
El por qué funciona el invento, ya lo explica maravillosamente Proust, así que no lo repetiré. Como alguien no lo habrá leído, sí tengo que resumir que el olfato es el sentido capaz de retrotraernos a otra situación emocional anterior; es decir, tiene potencia suficiente para funcionar como una máquina del tiempo casera. Al volver el aroma de la magdalena, vuelve nuestra querida abuela y volvemos a ser el niño que fuimos.
El problema:
El problema que trata de solventar esta receta consiste en que las magdalenas de que disponemos están en nuestra memoria y, por desgracia, no las hemos colocado nosotros voluntariamente, por lo que su poder de evocación no está puesto para servirnos en lo que nos convenga; la situación a la que podemos volver es una cuestión de azar. Esto es lo que trata de resolver la receta.
Receta (sale cara):
Cómprese una caja de veinticinco tabacos cubanos. Deben ser de buena marca, conocida por el comprador, que es preciso sepa apreciar el tabaco cubano. Tiene que ser adquirida en un establecimiento oficial y de toda confianza, ya que cualquier error en la calidad del producto base puede dar al traste con la receta. Sin embargo, es imprescindible que la marca que se use nunca haya sido probada por quien pretenda cocinar la receta. Sugerencia: Coronas gigantes de Bolívar.
Modo de cocinarla:
Cuando el sujeto se encuentre en una situación de felicidad verdaderamente memorable debe abrir la caja de tabacos (que mientras tanto tiene que haber sido conservada en perfectas condiciones) y encender y fumar el primero de ellos. No tendrá que hacer ningún esfuerzo especial aunque, claro está, ha de saber fumar tabaco, ya que si se le quema la lengua, los labios o traga una cantidad inadecuada de nicotina se estropearía el proceso.
Explicación:
Los tabacos cubanos tienen a menudo un carácter espectacular y al mismo tiempo único e individual. Presentan una potencia de aromas desbordante e inolvidable, por causa de su marcado acento. Por este motivo, la primera vez que se consume un tabaco de una marca, este suceso se fija en el ánimo del consumidor, que si sabe enlazar correctamente la situación emocional adecuada con el correspondiente aroma, podrá revivir con posterioridad la situación de partida.
Modo de empleo:
Se dispone entonces, con cada caja de tabacos, de 24 oportunidades de revivir de nuevo la situación primeramente fijada. Cuando se desee volver a ella se encenderá un tabaco nuevo y al sentir la intensidad de su aroma peculiar, cerrando los ojos y tratando de minimizar la influencia de los otros sentidos, podrá volverse a todo placer, con la dicha máquina del tiempo, a la situación emocional anterior.
Peligros:
Si se usa para evocar situaciones ligadas a otros seres contingentes, la máquina del tiempo puede devenir peligrosa, si es que dicha contingencia se ha manifestado en el lapso transcurrido entre las dos situaciones a enlazar. En ese caso podría producir llanto no querido al contemplar la felicidad ya pasada.
Uso indebido:
Esta receta no debe usarse para fijar situaciones insatisfactorias.

13 comentarios:

odette farrell dijo...

Interesante receta.....primera vez en mi vida que lamento no saber fumar! :)

Jueves dijo...

Qué pena que de mi viaje a Cuba (en el año 2000) recuerde diferentes olores... Y que el olor de los ¿tabacos? (fíjate, pensaba que los llamaban "puros" o "habanos"...) no me evoque nada...
Probablemente es que no tuve ojos dispuestos ni disponibles para mirar, para ver... Aunque me pareció también que era extremadamente complicado pasar más allá de la primera mirada... Tuve la sensación de que se trataba de un país de "mentirosos", de fabuladores, de cuenteros y de los verdad... No lo pasé bien, no me gustó... Qué pena.
A mí la magdalena me sale al encuentro cuando huelo petróleo mal quemado...
Saludos

FMESMENOTA dijo...

Jueves: es verdad que a los tabacos los llaman en España "Puros" o "Habanos". Para mí ambas palabras están contaminadas de no sé qué cosas, tampoco sé si relacionadas con la vanidad, la crueldad o el dinero, el caso es que lo que sí percibo claramente es que esas dos palabras no me gustan, no por sí mismas, sino tal vez por el tono de las voces en quienes las he escuchado, acaso sea porque los españoles en Cuba las pronuncian así y yo he sentido siempre tanta repugnancia a que, precisamente en Cuba, me metieran en el saco de los "galleguitos". Demasiado larga explicación para decirte que en cambio la palabra tabaco me suena natural; es como la usa la gente inocente, sencilla, es su verdadero nombre, para mí sin contaminar. Pero me doy cuenta de que me extiendo demasiado porque todo se mezcla con tu viaje a Cuba en el que con pocas palabras me muestras que sí tuviste ojos para ver, lo que no te puso nadie en la pista de donde mirar tal vez. Comprendo que no lo pasaras bien, en Cuba hay muchos planetas, creo yo, y alguno de ellos es idéntico al de los marcianos del tercer viaje a Marte de las Crónicas de Ray Bradbury. Pero fíjate que detectaste a algunos mentirosos. En Cuba son mentirosos los delincuentes, el lumpen, como le llaman allí. Lo que ocurre es que los delincuentes allí tienen más nivel cultural (en cierto sentido) que los catedráticos de aquí; tienen más dominio del lenguaje, de la improvisación, de la psicología, comprenden la realidad sin adornos, sin fantasías. Y sobre todo, no tienen piedad en utilizar cuantos recursos sean necesarios para provocar piedad, aún a costa de poner a los pies de los caballos la revolución. Me parece que hay otra Cuba que te gustaría más, como la de la niña a la que se hace referencia en la entrevista de Lizt Alfonso, aunque, como bien dices, es todo extremadamente complicado de entender y mucho más de vivir.

Odette:Gracias por tus palabras, que, después de todo lo que he tenido que pensar para contestarle a Jueves, me parecen un estupendo reconstituyente. Seguro que tú inventas una manera de cocinar sin humo.

FMESMENOTA dijo...

Quiero matizar, con respecto al comentario anterior, lo siguiente: el que haya llamado lumpen a los mentirosos no implica un juicio de valor por mi parte, ni tampoco que yo me considere mejor ni peor que ese lumpen. Probablemente, sin saberlo, el engañado tenga en este caso más responsabilidad sobre la mentira que el supuesto engañador. Todo demasiado complicado y donde es demasiado fácil hablar a la ligera o equivocarse.
Aquí también se aplica a veces una frase que siempre me ha encantado: "Se rió porque creyó que no le podían acertar; no imaginaba que estaban practicando cómo errarle".

odette farrell dijo...

Pues yo cuando huelo óleo y trementina me viene una ansia mezclada con felicidad que es imposible de explicar :)

Maykel González Vivero dijo...

Soy cubano, fmesmenota, y no me gustan los tabacos... tal vez porque no he tenido a mano esos "habanos" que dice Jueves, no lo sabré nunca. Y creo que Cuba no sólo remite a Bradbury, sino a la tierra de Utopía descrita por Moro, y un poco a ciertos pasajes de "La República" de Platón.
La legítima, sin embargo, la más noble, fue inventada literalmente por Martí. Y luego reinventada, cuando el sueño decaía en la parodia del sueño, por José Lezama Lima.
Los forasteros que no saben trascender la superficie jamás podrán conocer la Cuba esencial, la enigmática, la que permanece incontaminada, a la sombra de las contingencias y las humaredas de puros complacientes quemados al sol de Varadero o el Prado de La Habana. Un Samuel Hazzard, viajero de 1870, recomendó a sus compatriotas norteamericanos, si el azar los conducía hasta la villa de Sagua la Grande, se alejaran lo antes posible de allí por tierra o por mar. Vivo en esa misma ciudad, hace 24 años desde que nací, en 1983. Hazzard, típico gentleman muy flemático, no notó siquiera que la iglesia parroquial, al centro de la plaza de Isabel II, era el templo neoclásico más bello de las jurisdicciones de la Isla...
Me encanta enterarme, en la crónica del propio Samuel, que los trenes coloniales de la Compañía del Ferrocarril de Sagua, en su conexión con Cienfuegos y Villa Clara, obligaron al viajero displicente a esperar tres horas en la estación de Cruces.
El olor de los tabacos, amigo, me remite sólo a unos viejos de mi infancia que, antes que humear, mascaban los restos de la hoja en sus monótonas conversaciones. Y esos viejos en realidad apestaban a tabaco sobrequemado. Olían como huele el último fragmento, que no es fragante, y sólo contiene el deseo de prolongar un placer efímero. Aquí le llaman "cabo" a ese despojo del tabaco, símbolo para mí del acabamiento que no vale la pena prolongar.
Perdonen la pasión en este comentario, pero me ha dolido algo la visión de Jueves, un poco parcial.
Decía Dulce María Loynaz, cubana muy apreciada por los españoles, que "la isla es lo menos firme, lo menos tierra"; y yo no puedo eludir la cosmovisión de la criatura de isla, "la maldita circunstancia del agua por todas partes" enunciada por Virgilio Piñera.
Espero que sabrán perdonarme el tono categórico, sobre todo porque creo, firmemente, que la receta proustiana puede variar de ingrendientes, como dicen aquí, en la retórica gastronómica, "a gusto del consumidor"...

odette farrell dijo...

Estoy de acuerdo contigo Maykel...Cuba tiene una poesia increíble y muchos matices...
Yo sólo estuve una vez ahí...y añoro volver. Ah! y tengo abuela cubana!

FMESMENOTA dijo...

La conversación se ha trasladado, por iniciativa de Jueves, al blog de Maykel

Nefer dijo...

Tristemente el experimento me sucedió a los 2 años. Digo, me sucedió porque no lo experimenté directamente, sino más bien como un tercero. En un viaje en auto mis padres, mi hermano y yo íbamos hacia algún lugar con una persona del trabajo de mi padre (en los estados unidos). Esta persona comenzó a fumar un tabaco -que seguramente era de pésima calidad y gusto- ya que por conversaciones con mis padres años después, supe que me puse muy mal, al grado de volver casi casi el estómago. Le pidieron que lo apagara.
Yo antes de saber la historia, cada ocasión que olía tabaco me daban náuseas y mareos tremendos. A la fecha, su olor me hace mal.
Hubiese preferido descubrir el aroma del tabaco que describes, sin experiencia previa, imparcial y poder ligar el aroma a algo positivo.
Saludos cordiales,

Nefer dijo...

Me encantaría poder comentar sobre Cuba, pero sin haber estado en la isla, sería como hablarle a Einstein de Britney Spears (ni al caso, pero bueno jejeje...)

FMESMENOTA dijo...

Nefer, me alegra un montón verte por aquí; espero que te encuentres como en casa, ya sabes que llevo un montón de tiempo leyéndote.
Bienvenida y gracias por la visita!

Nefer dijo...

Gracias por el cálido recibimiento, yo tengo tiempo de leerte desde que el único blog que tenías a la vista era el del Colegio Virgen de Begoña. Aunque tímida a ratos a comentar, no creas que te dejo de leer.
Saludos :)

Eu Bermejo dijo...

Receta ?? al final me voy a leer todo el blog ¡¡

Besos,