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Desde Cuba la reflexión de Fidel
"Las señales inequívocas". Dice: "Cuba no roba cerebros ni sustrae médicos de otros pueblos en detrimento de los servicios de salud y la pérdida de incontables vidas, como hacen Estados Unidos, el Reino Unido y otros países desarrollados y ricos." Y, como siempre, en un comentario lateral que parece anecdótico en su artículo, desvela un pensamiento exacto. Veo, en España, multitud de médicos que acuden aquí desde sus países subdesarrollados, donde nacieron y se formaron. ¿Cuántas muertes provoca allí la estancia aquí de esos médicos? ¿Pensamos, cuando nos atienden en un consultorio, en el profundo desastre de esa situación?
Un país pobre tiene que invertir ingentes recursos para formar un médico. Y si luego ese médico se va, deja tras de sí un amargo vacío de enfermedad y muerte. ¿Podemos confiar en una vocación así? ¿Nos damos cuenta de en qué manos ponemos nuestras vidas?
Por lo común, me aterroriza que mis hijos enfermen o enfermar yo mismo. Siempre que eso ocurre, me espera una larga cadena de comprobaciones y desconfianzas, leyendo los folletos que acompañan a las medicinas para detectar las incompatibilidades y los efectos secundarios de lo que, a veces, alegremente nos recetan. Tengo la suerte de contar con un seguro médico que me permite la libre elección. Pues casi siempre me veo obligado a elegir la sanidad pública, porque prefiero que me traten con cierta desidia a ver en los ojos del médico el interés del hambriento frente al corral de gallinas; lo he visto ya demasiadas veces. Cuando nacieron mis hijos, en la sanidad privada, ni aún haciendo valer las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud conseguí, no ya que se cumplieran, sino evitar las más desacertadas y a veces humillantes prácticas. ¿Por qué nuestras mujeres no hablan? ¿Porque no leen, porque no saben?
Robamos médicos a los países pobres, sí, pero me temo que ambos, los que mueren allí y los que morimos aquí estamos pagando un alto precio por el robo.