Mostrando entradas con la etiqueta SÉNECA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SÉNECA. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de octubre de 2009

SÉNECA, O CÓMO SER AMIGO DE UNO MISMO



Siempre admiré el modo en que Marco Aurelio comienza sus Meditaciones: "Aprendí de mi abuelo Vero...". Este comenzar agradeciendo es una característica natural en el equilibrado escritor, acaso el hombre más sereno que hayamos conocido. De él pienso escribir otro día. Y qué suerte para Marco Aurelio poder citar en primer lugar a su abuelo. Muchos de nosotros también hemos tenido esa suerte de poder aprender de nuestros mayores. Baste hoy decir que si tuviera que confesar quién me enseñó lo más relevante -tal vez- para mi vida posterior, en los momentos confusos de la última adolescencia, diría sin dudarlo que me lo enseñó Séneca.
Me pregunto, al comenzar a escribir sobre Séneca, si debería primeramente defenderlo de las ingratas acusaciones que he leído con frecuencia que se vierten sobre él, en nuestros días. Considero que Séneca está demasiado por encima de mí para hacerlo; al menos diré que pienso que quien sea capaz de expresar por Séneca otra cosa que una rendida admiración será sin duda porque no lo conoce, porque no lo ha leído, porque habla de oídas. Y que yo me limito a hacer con él lo mismo que hago con mis amigos: lo quiero porque lo conozco; lo que yo veo de primera mano no puedo dejar que me lo empañen las habladurías. Diré, como siempre digo: Conmigo se ha portado bien. Por eso merece mi agradecimiento.
De Séneca aprendí en qué consiste la amistad y quién sabe si, sin su enseñanza, hubiera logrado tener un amigo. La amistad, como el amor, no es cosa que nadie nos pueda garantizar que estemos predestinados a vivirla. Siempre pensé que tanto la amistad como el amor son bienes demasiado altos como para que nos propongamos conseguirlos a lo largo de la vida. Ambos requieren de una preparación, de una afinación del propio espíritu, a menudo larga y que muchas veces se frustra. Aún en el caso de que consiguiéramos el estado de gracia que se precisa aportar, es preciso que coincida con nosotros, en el espacio, pero también en el tiempo indicado, la persona que sea capaz -y que tenga la voluntad de hacerlo- de entretejer ese lazo con nosotros. Más razonable será no exigir a la vida lo que en muchas vidas no suele alcanzarse. A cambio, a nuestra disposición y accesibles están muchas relaciones cordiales, respetuosas, afectuosas. Eso sí se puede conseguir, eso sí es accesible a cualquiera que esté dispuesto a prestar su esfuerzo a la tarea, que tampoco es fácil ni llana. Por eso, si la amistad o el amor nos llegan seremos, sin duda, unos seres privilegiados por la vida. Pero si no nos llegan, y es lo común, no los echaremos de menos si ya desde el principio comprendimos que no estaría en nuestra mano tenerlos y que la vida, sin ellos, puede ser también suficientemente plena y esforzada. No obstante, si la probamos, la verdadera amistad es una de las emociones más fuertes y más puras que podamos sentir los seres humanos. Que dos hombres se comprendan desde la soledad propia y puedan mirarse limpiamente a los ojos está tal vez unas pulgadas por encima de nuestra condición natural y de nuestras infinitas y miserables limitaciones.
Pero escuchemos a Séneca, que es a lo que hemos venido:
"Medita durante largo tiempo si alguien tiene que ser admitido en tu amistad; y en cuanto llegues a complacerte en admitirlo, acéptalo de todo corazón y háblale con tanta libertad como a ti mismo. Procura vivir de manera que no haya en ti cosa secreta, nada que no puedas confiar hasta a tu enemigo; pero, atendiendo a que ocurren ciertas cosas que la costumbre nos manda mantener ocultas, comparte con tu amigo todos tus afanes, todos tus pensamientos. Si le tienes por fiel le forzarás a serlo, pues algunos han enseñado a engañar temiendo ser engañados y con sus sospechas conceden derecho a ser infiel."
Diré que muchas veces he comprobado, a lo largo de mi experiencia, lo verdadero de este consejo. Y que cuando elevamos a la altura de la dignidad a quienes nos rodean los forzamos, como dice Séneca, a comportarse dignamente. Casi nunca, cuando me he dirigido a otro de esta forma, me ha defraudado después. Y es que la mirada de los demás sobre nosotros mismos es con frecuencia capaz de cambiarnos. Hasta en la misma enseñanza, según leí no hace mucho en un libro de pedagogía, la mirada y las esperanzas que el maestro pone en cada uno de sus alumnos se cumplen casi siempre. Es que la emulación da paso a querer cumplir estas esperanzas que los demás proyectan en nosotros. ¡Qué distinta la emulación de la torpe competencia, que es lucha de un hombre contra otro hombre,  lucha indigna de ambos, que ahora pretenden enseñarnos!.
"Pero si tienes a alguien por amigo y no confías en él tanto como en ti mismo, te equivocas gravemente y no alcanzas a conocer bastante la fuerza de la verdadera amistad."[...]
"¿Por qué contraer una amistad? A fin de tener por quien poder morir, de tener alguien a quien seguir en el destierro, a quien salvar la vida a expensas de la nuestra. [...] el amor puede definirse como una amistad enloquecida."
No sé si estas concepciones del amor y de la amistad estarán muy en uso, en nuestros días. Seguramente se dará también lo que Séneca desaprobaba: "Quien no mira más que a sí mismo, y, según este criterio, contrae una amistad únicamente en interés propio, piensa indignamente. Acabará tal como haya comenzado. Ha querido prepararse un amigo para que le socorra en el cautiverio, y este amigo, en cuanto ha percibido ruido de cadenas, se ha apartado. Estas son aquellas amistades que el pueblo llama temporeras. Quien haya sido admitido por utilidad, placerá mientras sea útil. De ahí aquella muchedumbre de amigos en derredor de las fortunas florecientes; en derredor de los arruinados sólo hallaremos soledad, ya que los amigos huyen de aquellos lugares donde son puestos a prueba. [...] Quien comience a ser amigo por conveniencia, acabará de serlo también por conveniencia. Llevará la ventaja a la amistad cualquier recompensa si en la amistad preferimos cualquier cosa distinta de ella misma."
También aprendí de Séneca a ser amigo de mí mismo, enseñanza que me ha servido para vivir en paz y para no estar solo. No sé si a alguien podrá parecerle esto poco; para mí ha sido mucho, ha sido la base sobre la que descansó mi vida desde entonces. También a esto me enseñó María Victoria Gutiérrez, como ya dije un día aquí, a quien tampoco he olvidado.
Dice Séneca: "¿Me preguntas qué progresos he realizado? "He comenzado a ser amigo de mí mismo". Grande fue el progreso que hizo: nunca más se encontraría solo. Puedes estar cierto que este hombre es amigo de todos."
Nada más y nada menos. Esta simple frase ha sido uno de los determinantes de mi vida. Ahora la leo y hasta me produce extrañeza que diez o quince palabras hicieran un efecto tan fulminante en mí. Pero como lo hicieron y como es verdad que nunca más me he encontrado solo desde el día en que la leí, os la ofrezco desde la perplejidad que hoy provoca en mí su nueva lectura, treinta  y tantos años después. A quien da lo que tiene no se le puede pedir más.
Terminaré por hoy con otra frase de Séneca que siempre he llevado en la memoria. Me parece que, a día de hoy, no puede ser más políticamente incorrecta. Pero como me ha servido para distinguir muchas cosas en mí mismo, como una piedra de toque ante la que ningún metal se ha resistido a dar su verdadero valor, la copiaré aquí. Quienes me leen sabrán que considero a la libertad de elección una acepción impropia que confunde el valor de la verdadera libertad. Me gusta la libertad que consiste en la facultad de contemplar la verdad, casi siempre a costa de uno mismo. Es que uno mismo me parece el obstáculo más relevante frente al objetivo de ser libre. ¿Me perdonaréis si la escribo en latín y también en castellano? La traducción española es de José M. Gallegos Rocafull, una bella traducción, a mi juicio, de un bello libro editado por la Universidad Autónoma de México en 1953. ¿Por qué me gustan tanto las traducciones mexicanas? ¿Será porque hasta que dí con la de Pablo Simón, de Friedrich Nietzsche, no podía entender a este filósofo?
Dice así Séneca: "Uoluptatem natura necessariis rebus admiscuit, non ut illam peteremus, sed ut ea, sine quibus non possumus uiuere, grata nobis illius faceret accesio; suo ueniat iure, luxuria est." Y la traducción: "Mezcló la naturaleza el deleite con las cosas necesarias, no para que lo buscáramos, sino para que esas cosas sin las cuales no podemos vivir, nos las hiciera gratas el placer que llevan; si viene éste por su propio derecho, es lujuria."
Siempre he sentido a Séneca como educador y le estoy agradecido. Eso me ha impedido traspasar el umbral de respeto con que lo contemplo. Así que no puedo considerarlo amigo en el sentido en que siento esta amistad cómplice con otros muchos escritores. Como a todos los que han intentado enseñarme algo, no puedo dejar de quererlo. ¡Ojalá tú, joven lector, puedas traspasar esta barrera que yo siento distante y hablar, escribir un día, de Séneca como de tu verdadero y cercano amigo!