
Bueno, la intención es esa, veremos qué sale. Las 9500 páginas hay que leerlas, multiplicadas por diez, claro, pero bueno, un empujoncito de un amigo nunca viene mal. Por supuesto, la conversación está dedicada y abierta a todos, aunque las palabras de jueves y el deseo de ayudarle hayan sido el estímulo. Empezamos.
Pensemos en Velázquez. Pensemos en el retrato de Felipe IV y en el retrato de Calabacillas. Cualquiera de los dos retratos nos puede interesar; cualquiera de los dos retratos nos interesa. Dependerá de nuestra situación el que en un momento determinado nos decantemos por uno o por el otro. Aunque la distancia entre los retratados es enorme, los dos cuadros pueden tener para nosotros el mismo valor. Esto es así porque lo que nos interesa no es el retratado sino el que lo retrata. Lo que nos interesa no es Felipe IV ni Calabacillas; lo que nos interesa es Velázquez.
Cojamos ahora al mismo Felipe IV, por Velázquez y por Rubens. Aquí veremos que hay una diferencia abismal entre lo que sentimos por uno u otro cuadro; aunque el retratado es el mismo y en ambos casos está excelentemente retratado, eso no quiere decir nada. La diferencia entre los dos retratos no es la que hay de un Felipe IV a otro. Es la diferencia que va de Rubens a Velázquez. Otra vez advertimos lo mismo: lo que nos interesa de la pintura no es lo pintado, sino el que lo pinta; si no fuera así, la imagen del oro valdría más que la del barro.
Todo esto que llevamos dicho es muy elemental, sí, pero nos sirve para confirmar que la pintura es el vehículo para una relación entre dos seres humanos, el pintor y el espectador.
¿Podremos afirmar que todo el arte es eso? Tal vez, pero cada medio de expresión impone sus condiciones a la comunicación: hace posible unos comunicados, es transparente a ellos y hace imposible otros, es opaco a ellos. Para no liarnos, de momento, con otros medios expresivos, vamos a ver para qué es transparente la pintura y para qué es opaca.
Pues la pintura es transparente para las emociones y es opaca para los contenidos. Intenta expresar, pintando, lo siguiente:
[(3x4)+(2x5)]/5
No se puede, la pintura es opaca para las matemáticas, que son contenido puro.
Ahora, intentemos expresar con dígitos la emoción que sentimos tras un abrazo. No podemos, es imposible, lo que hacemos con un abrazo es relación pura, con contenido cero; los dígitos (el lenguaje se forma con dígitos) son opacos a las emociones.
Todo esto que llevamos dicho es muy elemental, sí, pero nos sirve para confirmar que la pintura es el vehículo para una relación entre dos seres humanos, el pintor y el espectador.
¿Podremos afirmar que todo el arte es eso? Tal vez, pero cada medio de expresión impone sus condiciones a la comunicación: hace posible unos comunicados, es transparente a ellos y hace imposible otros, es opaco a ellos. Para no liarnos, de momento, con otros medios expresivos, vamos a ver para qué es transparente la pintura y para qué es opaca.
Pues la pintura es transparente para las emociones y es opaca para los contenidos. Intenta expresar, pintando, lo siguiente:
[(3x4)+(2x5)]/5
No se puede, la pintura es opaca para las matemáticas, que son contenido puro.
Ahora, intentemos expresar con dígitos la emoción que sentimos tras un abrazo. No podemos, es imposible, lo que hacemos con un abrazo es relación pura, con contenido cero; los dígitos (el lenguaje se forma con dígitos) son opacos a las emociones.
[Nota marginal: El sentido en el que estoy usando contenido y relación es el que se define en la parte de la semiótica desarrollada por los discípulos de Barthes Bateson que se llama pragmática. Esta semiótica americana en nada se parece a la semiología europea de Saussure y seguidores, que, al contrario de la semiótica americana, se ha estudiado con mucho afán en España, aunque, al parecer, sin grandes resultados.]
Si bien los dígitos son apropiados para expresar relaciones sintácticas complejas, como hemos visto en la expresión anterior, son muy pobres en significado; en cambio, las analogías son muy ricas en significado y muy pobres en capacidad de sintaxis. Por eso para expresar nuestras emociones pintamos y para hacer un discurso político o filosófico escribimos. Dejemos de lado que hay muchas formas mixtas, y por esas formas mixtas la poesía no puede prescindir tan fácilmente de la música de la rima, la métrica y los acentos, jueves, pero ciñámonos de nuevo a la pintura.
El pintor hace analogías con nuestras emociones. Nosotros expresamos nuestras emociones con signos que nos hablan de las relaciones entre seres humanos: abrazos, apretones, miradas, roces, brillos en los ojos, actitudes, tonos de voz, entonaciones, relaciones basadas principalmente en el sentido del tacto. El pintor hace con la luz y los colores transiciones análogas a los modos corrientes que tenemos de expresar esas emociones humanas. Lo que se siente al cogerse de la mano, solamente se puede transmitir mediante analogías, expresiones análogas a eso que nuestro sentido del tacto ha podido percibir al cogernos de la mano. Las transiciones que nuestras manos hacen y sienten respecto a la presión, las brusquedades más o menos suaves de nuestras transiciones, pueden expresarse con analogías mediante un lienzo, transiciones entre colores y formas, presiones y suavidades de la luz. En definitiva, situaciones que no podemos vivir porque no tenemos con quién vivirlas, podemos congelarlas en un congelador que es el arte, esperando que esa persona que nos entenderá y que nos falta, descongele nuestro mensaje, nuestra obra, algún día, y ese mensaje pueda ser vivido; entonces nuestra emoción no será inútil. Entonces, aunque hayamos vivido en un desierto, nuestra vida no habrá sido en vano.
Por eso toda la pintura es un Helado de Fuego. Quiero decir toda la buena pintura; la demás no es nada.
Si bien los dígitos son apropiados para expresar relaciones sintácticas complejas, como hemos visto en la expresión anterior, son muy pobres en significado; en cambio, las analogías son muy ricas en significado y muy pobres en capacidad de sintaxis. Por eso para expresar nuestras emociones pintamos y para hacer un discurso político o filosófico escribimos. Dejemos de lado que hay muchas formas mixtas, y por esas formas mixtas la poesía no puede prescindir tan fácilmente de la música de la rima, la métrica y los acentos, jueves, pero ciñámonos de nuevo a la pintura.
El pintor hace analogías con nuestras emociones. Nosotros expresamos nuestras emociones con signos que nos hablan de las relaciones entre seres humanos: abrazos, apretones, miradas, roces, brillos en los ojos, actitudes, tonos de voz, entonaciones, relaciones basadas principalmente en el sentido del tacto. El pintor hace con la luz y los colores transiciones análogas a los modos corrientes que tenemos de expresar esas emociones humanas. Lo que se siente al cogerse de la mano, solamente se puede transmitir mediante analogías, expresiones análogas a eso que nuestro sentido del tacto ha podido percibir al cogernos de la mano. Las transiciones que nuestras manos hacen y sienten respecto a la presión, las brusquedades más o menos suaves de nuestras transiciones, pueden expresarse con analogías mediante un lienzo, transiciones entre colores y formas, presiones y suavidades de la luz. En definitiva, situaciones que no podemos vivir porque no tenemos con quién vivirlas, podemos congelarlas en un congelador que es el arte, esperando que esa persona que nos entenderá y que nos falta, descongele nuestro mensaje, nuestra obra, algún día, y ese mensaje pueda ser vivido; entonces nuestra emoción no será inútil. Entonces, aunque hayamos vivido en un desierto, nuestra vida no habrá sido en vano.
Por eso toda la pintura es un Helado de Fuego. Quiero decir toda la buena pintura; la demás no es nada.
También se puede decir que toda la pintura es, y siempre ha sido, abstracta. Como en nuestras relaciones reales, lo definitivo son las transiciones, los ritmos, la composición, el manejo de la escala cromática, la modulación de las capacidades expresivas; todo esto en un entorno cerrado y limitado, en la vida o en el lienzo. Lo figurativo siempre es, o una excusa para desplegar nuestros encantos sin que se den cuenta, o un medio expresivo más que, como tal medio expresivo, es en sí abstracto. Yo creo que los primeros pintores abstractos comprendieron que sin la figura la pintura va directamente al grano de la conversación, sin distracciones. Pero habla de lo mismo que siempre ha hablado y, si alguien no comprende la pintura abstracta, tampoco es posible que comprenda la figurativa. Interpretará la pintura igual que interpreta las figuritas de porcelana o los cacharritos que algunas personas colocan en estanterías. Esas personas nos dirán, claro, que sobre gustos no hay nada escrito, pero nosotros no tendremos más remedio que contestarles que sobre gustos hay muchísimo escrito, lo que ocurre es que ellos no lo han leído.
Vete al Museo de Cuenca; encima del guarda de la entrada verás el "corazón latidor". Tomas las dos hojas de hierro y las juntas con tus pulgares; las sueltas para que se acerquen y se separen como un péndulo; entonces el corazón de hierro empezará a latir y tú te darás cuenta de lo que Sempere te dejó dicho allí, a ti, y que allí está esperándote. Y cuando veas cualquiera de los otros cuadros, no lo mires como una cosa decorativa que puede ser bonita o fea. Allí hay también corazones humanos, como en el corazón latidor. Tú verás algunos; otros se te escaparán; será defecto del pintor o defecto de tu vista o de tu formación, pero en cada cuadro que valga la pena hay una emoción humana muy honda y muy fuerte esperando. Un cuadro tiene que servir para vivir, de hecho es una máquina de transmitir emoción. Y si no es eso, no es nada, no vale nada, es abominable.
Por eso nunca tendremos dinero, las personas normales, para pagar buenos cuadros, salvo excepciones de pintores de mucho talento que empiezan. Porque un buen cuadro es una cosa tan útil, tan refinada, tan valiosa, que siempre hay alguien asesorando a un rico que se lo dice. Pero bueno, dejemos el tema de comprar cuadros para otro día. Compremos aguafuertes, serigrafías.
Bueno, yo creo que como primera parte ya basta, tú me dirás, jueves, si te puede servir de algo, si seguimos, si quieres que desarrollemos más alguna de las partes... lo de la semiótica está brutal, pero tendría que releerlo; hace muchísimos años que no lo leo y a lo mejor lo que te acabo de decir no tiene ya nada que ver con lo que leí...tú me dirás.
Bueno, yo creo que como primera parte ya basta, tú me dirás, jueves, si te puede servir de algo, si seguimos, si quieres que desarrollemos más alguna de las partes... lo de la semiótica está brutal, pero tendría que releerlo; hace muchísimos años que no lo leo y a lo mejor lo que te acabo de decir no tiene ya nada que ver con lo que leí...tú me dirás.
Nota sobre la Ilustración: Desde siempre, cuando voy al Prado, hay un cuadro que nunca dejo de ver. Por un tiempo breve, ese cuadro fue el Retrato de Federico Gonzaga, Duque de Mantua; más tarde, ese cuadro fue el Retrato de Lucrecia Baccio del Fede; desde hace más de veinticinco años, ese cuadro es Noli me Tangere. Misterios ¿...? de la pintura.





