Eso es lo que dicen los médicos cubanos que viajan a África occidental para combatir el virus del ébola. 15.000 se ofrecieron como voluntarios. Así lo cuenta Daniel Trotta en swissinfo:
http://www.swissinfo.ch/spa/m%C3%A9dicos-cubanos--orgullosos-de-arriesgar-sus-vidas-en-misi%C3%B3n-contra-el-%C3%A9bola-en-%C3%A1frica/41073314
viernes, 31 de octubre de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
YO SIEMPRE CULPARÉ LOS OJOS MÍOS
Más versos de Luis Rosales.
Hace unos días salí a caminar con mi hijo menor, que tiene cierta afición por la poesía. Para amenizar nuestros pasos, me eché al bolsillo un librito en dieciseisavo; una vieja antología editada en 1959. Nos paramos, recorrí el índice de autores; al ver el nombre de Luis Rosales pensé que era una elección segura. Con el paso de los años, los versos de Luis Rosales se han quedado en mi vida. He comprado muchos libros y los he olvidado también, pero todavía recuerdo la trepidación de mi juventud cuando tuve por primera vez en mis manos, fresco de tinta, el Diario de una resurrección.
"Gracias, Luis Rosales, la casa está encendida", podría yo decir ahora, tal como escribió él un día.
Al azar de las páginas encontré un poema que o nunca leí o acaso no entendí. Así que buscando un poema para un niño pequeño encontré otro para las obsesiones de su papá.
He sentido mucho a Cuba, la sigo sintiendo todavía; pero, como aprendí esa tarde de Luis, yo siempre culparé los ojos míos.
Vamos con los versos:
ALBOS SENOS EN PÚBERES JARDINES
Yo siempre culparé los ojos míos
HERRERA
ALBOS senos en púberes jardines.
Silencio y carne viva en llama pura.
Juega el mar a la comba en tu cintura.
Tú sola fin sin inmediatos fines.
Ola en calma tu cuerpo, sin jazmines
profundizan los muslos su dulzura,
alas de amor en la ribera oscura,
con un vuelo callado de delfines.
¡Qué pasmo, abril, en tu menor encanto!
Vuelven el rostro atrás vientos y ríos
-tan humano el milagro-, tercos bríos
profundizan el ser vencido al llanto.
Porque Cuba eres tú me dueles tanto.
Yo siempre culparé los ojos míos.
Abril, 1935
domingo, 31 de marzo de 2013
LOS OTROS SUYOS Y LOS OTROS NUESTROS
¿Por qué mis amigos piensan que me gusta la soledad?. Es muy sencillo: lo piensan porque me conocen: es que realmente me gusta, me encuentro bien en ella. Pero esto podría tal vez no haber sido así. Aislarme representa la solución a tres problemas.
El primer problema es que no deseo compartir la vida con quienes explotan a los demás. Me resulta agrio, incómodo, desagradable, intercambiar palabras -que expresan desvaídamente nuestras emociones- con esos seres que viven del sudor ajeno. Eso incluye a los emprendedores, tan bien vistos en la actualidad, a los ángeles de las Startups, a los grandes banqueros, a toda esa parte de nuestra especie que dispone de capital suficiente como para apropiarse de la fuerza de trabajo ajena.
El segundo problema es que tampoco deseo compartir la vida con los capataces de los capitalistas. Esos sumisos ayudantes que reparten látigo -a veces perfumado- a los demás, para servir mejor al amo. ¿Diré que los directores de oficinas bancarias y los brokers, los prestamistas, son algunos de ellos? El mundo está lleno de estos rectores, que creen que no pertenecen al mismo proletariado al que pertenecemos todos nosotros. Algunos hasta aspiran a tener eso que llaman clase, elegancia, compostura. Salvo de 8 a 3 (casi siempre más), horario en el que viven sin escrúpulos.
El tercer problema es que tampoco deseo compartir la vida con aquellos de entre mis compañeros a quienes los dos primeros problemas han conseguido alienar. Copio del DRAE: “Alienación: Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.” La alienación es lo que permite que tantos caigan en las garras de los amos y de sus sicarios.
Si eliminamos a los tres grupos, quedan cuatro gatos. Por eso nunca me ha importado que esos cuatro gatos estén vivos o muertos. Si están vivos, disfruto enormemente con ellos. Si están muertos, también: son literatura.
Hay quien piensa que la soledad es un infierno. Evocando las palabras de Sartre: “el infierno son los otros”. Los otros suyos, no los otros nuestros. Por los otros suyos también siento compasión, pero desde una inevitable -para mí- distancia.
Ah... y no; no estoy libre de pecado.
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