domingo, 30 de diciembre de 2007

POR QUÉ NO ME GUSTA LA COLECCIÓN THYSSEN Y SÍ EL REMBRANDT DE LA HABANA

"Imagínate un edificio -puede ser grande o pequeño- dividido en muchas habitaciones; cada habitación cubierta de lienzos de distintos tamaños: miles de lienzos. Algunos representan trocitos de naturaleza en color -bichos en sol o sombra, o bebiendo, o parados en un charco, o tendidos sobre la hierba- y, al lado, una crucifixión por un pintor que no cree en Cristo, y luego unas flores y unas figuras humanas sentadas o de pie o ambulando, y frecuentemente desnudas -mucha mujer desnuda en escorzo, vista de espaldas- y también habrá manzanas y bandejas de plata y un retrato de Don Fulano de Tal y una puesta de sol, y una señora vestida de rosa, y un pato que vuela, y un retrato de Madame X, y unos gansos que vuelan, y una señora de blanco, y unas vacas en sombra con motitas de sol, y un retrato del embajador de Y, y una señora de verde. Y todo esto viene cuidadosamente reproducido en un libro que además contiene los nombres de los artistas y los nombres de los cuadros. Libro en mano la gente se pasea de pared en pared volviendo páginas, leyendo nombres. Y luego se marchan, ni más ricos ni más pobres, y vuelven a sus quehaceres que no tienen nada que ver con arte. ¿A qué vinieron?"
Wassily Kandinski, "Concerning the Spiritual in Art", 1912, citado por Fernando Zóbel en su Cuaderno de Apuntes
¿Por qué no me gusta la colección Thyssen? Pues es muy sencillo: porque parece una colección de sellos; lo único que le falta es una lista a la entrada con los nombres de los autores tachados y un rótulo junto a cada nombre: "lo tengo".
La colección Thyssen me recuerda también a un harén, que es el despropósito más grande que pueda existir: cambiar el amor verdadero por la superficialidad de su remedo siempre variado. Quiero decir que a cualquiera a quien interese la pintura, los cuadros le sirven para establecer una relación con el pintor; y si hay un pintor que nos llega, con el que conectamos, lo que se desea es ver más cuadros de ese pintor. Sé que no consigo explicarme del todo, así que pondré otro ejemplo: encontramos un amigo estupendo; sintonizamos con él, conseguimos establecer intimidad en nuestra relación. En ese momento, decidir que termine la relación para salir a buscar un nuevo amigo desconocido y repetir otra vez la operación y así infinitas veces... eso es un sinsentido, no es humano, no tiene cordura. ¡Ya tengo setecientos números de teléfono en la agenda!
Como colección, pues, es una prueba de que quien la formó no tenía el menor interés por la pintura, y ese desprecio, mostrado a través de tantos buenos cuadros, ofende. Es como no comer ni dejar comer a los demás: tengo tanto dinero que voy a comprar estos cuadros, aunque no me interesen nada.
Como museo, en mi pobre opinión, es también un mal museo; si te descubre un rasgo de algún pintor a quien no conocías, te deja con las ganas de saber más, porque resulta que como ese autor ya está tachado, no hay más cuadros de él. Y luego es sorprendente el criterio de las elecciones, que responde a cuestiones de precio y oportunidad de la compra y nunca de sensibilidad, de la que sin duda el comprador carecía.
¡Qué diferencia con los cuadros del Prado que compró Velázquez! Esos cuadros si son una elección, y sería interesante verlos todos juntos alguna vez. O el museo de Arte Abstracto de Cuenca, que fue una colección particular un día, con las maravillosas letras garabateadas en el revés de los cuadros, que podían leerse en la época en que los visitantes respetuosos no eran encarcelados si tocaban con las manos los cuadros de los museos para darles la vuelta.
Pero yo creo, para terminar, que la emoción más grande que he sentido y sentiré nunca en un Museo fue la que pude vivir en el Museo de Bellas Artes de La Habana. Yo iba a visitar con cierta frecuencia un Rembrandt que hay allí, creo que no figura en los catálogos, pero se ve que es un Rembrandt y además es bellísimo. Pues un día de los que quise visitarlo, había fallado la iluminación de su sala, no había corriente, y estaba cerrada. Sin embargo, una persona caritativa, al contemplar mi desazón se compadeció y me dejó entrar; no solamente me dejó entrar, sino también encender un mechero a una distancia segura. Así que pude ver el Rembrandt iluminado por su propia luz, por la luz que salía del cuadro, por la luz de Rembrandt iluminándose a sí misma. Desapareció el marco, desapareció el museo y permanecimos, la luz de Rembrandt y yo maravillado. Et tout le reste est litterature.

sábado, 29 de diciembre de 2007

LA VOCACIÓN Y CHUCHO VALDÉS

"Lo que yo llamo pintura no es más que un jugueteo del pincel. Hace poco me di un paseo por un pueblo cercano. Me rodeó una turba de admiradores haciéndome encargos. Pero los cuadros los querían así o asá, y los querían para cierta fecha. Acabamos mal, con insultos y palabrotas. ¡Qué lástima!" Ni Tsan (1301-1374) Citado por Fernando Zóbel en su Cuaderno de Apuntes.
Tenía pendiente ampliar el post que escribí sobre la vocación después del comentario de Frikosal, cuando me encuentro con una nueva -para mí- entrada de el objeto a que trata del mismo asunto y que me estimula. El tema, pues, son las relaciones entre el quehacer profesional y la vocación y la pregunta, si podemos cobrar por hacer lo que amamos.
El consejo de Matisse no es ninguna tontería, pero yo creo que si analizamos el valor de la producción artística de Chucho Valdés puede iluminarse la cuestión.
Chucho Valdés es, sin duda, un artista excepcional; ¿quién sería Chucho Valdés de haber trabajado en el capitalismo? y en segundo lugar, ¿en qué parte se debe al sistema económico en que ha desarrollado su trabajo la riqueza del eclecticismo de Chucho?
Lo primero que me parece asombroso en la carrera de Chucho Valdés es la libertad con que se ha desarrollado. Irakere ha sido una universidad musical de donde han salido extraordinarios talentos; alguno de ellos aprovechó enseguida esa formación para pasarse al capitalismo y podemos considerarlos como un contraste. Paquito Rivera, por ejemplo, es un buen músico. Pero es, para mí, esclavo de ser Paquito Rivera, es decir, no es libre de interpretar la música que quiera independientemente de su éxito, lo que es inevitable que lo empobrezca. No sé si me explico, pero supongo que si una manera de interpretar se vende, se convierte en un lastre porque ya no es neutral: debe repetirse. Y así los músicos en el capitalismo llegan al extremo de Miguel Bosé (contra quien no tengo absolutamente nada; realmente no tengo nada contra nadie), al que observé el otro día en TV interpretar la misma canción (bandido o tu diablo bandido o algo así) siendo un adolescente muy joven y seguir interpretándola de la misma manera -y la misma canción, cómo no le va a aburrir desesperadamente- hasta casi el comienzo de la vejez, que es donde está ahora. Paquito Rivera no llega a tanto, pero estoy seguro de que si un día le apetece grabar un disco aporreando un tambor no podrá hacerlo porque no puede fracasar.
He citado a Irakere, porque Chucho siempre ha estado ligado al grupo, que se renueva con frecuencia, y que interpreta lo que le viene en gana, desde unos boleros de lo más lánguido y tradicional, hasta las bárbaras canciones de los clubs de Jazz de Ronnie Scott y Village Vanguard, pasando por las variaciones sobre la ópera "La Molinaria", que son una verdadera maravilla. Chucho mismo puede acompañar genialmente a Omara Portuondo cuando le apetece o tocar el piano solo, improvisar, hacer temas dedicados a su madre; es decir, lo relevante es que Chucho es incontestablemente libre de pensamiento -muchos cubanos lo son- y por eso hace fusión, fusión entre sus ideas, la tradición popular, la tradición jazzística, la música clásica, lo que le da la real gana. Viendo actuar a Chucho llama la atención intuir que ha adquirido la perfección técnica disfrutando; he conocido a otros pianistas que asumían las ocho horas diarias de trabajo sobre el teclado como un tributo a sus ambiciones; pero dudo que fuera de Cuba se vea a muchos disfrutar de ese modo. Y disfrutar, o al menos ser libre, es lo que aporta riqueza a cualquier creación, riqueza de la que Chucho Valdés desborda.
Soy atrevido, porque me atrevo a suponer que a Chucho se le remunera como a todo el mundo en Cuba; más que a otros, porque se reconocerá el valor excepcional de su trabajo, pero seguramente ese más será cuatro o cinco veces más que el sueldo mínimo de un limpiador, 128 pesos cubanos en el tiempo en que yo sabía a cuánto ascendían los salarios en Cuba. Así que supongo que Chucho ganará seiscientos u ochocientos pesos tal vez (treinta o cuarenta dólares, aunque no es equivalente), será músico de 1ª categoría -no como el Charro Negro, que daba conciertos por las casas en los cumpleaños porque no lograba pasar de músico de 2ª.
Como decía Frikosal, el consejo de Matisse permite tener unas cuantas horas de libertad y añado yo: en el sistema económico capitalista. El comunismo tiene muchos fallos, sobre todo desde "el fin de la historia", pero a ver cómo hacemos en nuestro sistema, para trabajar en lo que amamos. El post de objeto a sobre el amateur y el misterio es muy revelador cuando explica que la práctica de ciertas artes, en China, no era compatible con una carrera remunerada. ¡Pues claro, como que no hubieran sido posibles de otra forma! Tenemos mucho miedo a perder, con el comunismo, nuestro cepillo eléctrico, pero yo me encuentro cada semana con multitud de personas amables que me saludan diciendo: ¡Por fin es viernes! Yo creo que, sinceramente, no hemos nacido para eso.
Hace años, un amigo íntimo mío desarrolló una metástasis en el cerebro. Con ella, salía a diario a la calle, apoyándose ligeramente en un bastón, conversaba admirablemente y se tomaba alguna copa con otros compañeros. Un cirujano que ejercía la medicina privadamente le aconsejó: "ese bastón te lo quito yo en un abrir y cerrar de ojos; si hoy es martes, el jueves estarás cantando y bailando." A partir de ese jueves, mi amigo no pudo mover más la mitad de su cuerpo y, unos meses después, murió, habiendo sufrido más de lo necesario. Tengo un aceptable seguro médico, que me permite elegir medicina estrictamente privada cuando lo deseo. He acompañado a mi mujer en nuestros partos, y me he horrorizado -porque previamente estudié las recomendaciones de la organización mundial de la salud- ante las prácticas humillantes, que degradan la condición humana, peligrosas, temerarias, que son "protocolo" en España a la hora de parir. Yo comprendo que las mujeres olvidan, tal vez porque la naturaleza lo quiera así; pero los varones estamos presentes y la naturaleza no nos ha permitido olvidar; tengo parientes en Cuba que han parido allí y nada de eso ocurre; usar un fórceps o una ventosa es motivo suficiente en ese país para estar impedido de volver a ejercer la medicina. Por supuesto, apenas hay cesáreas y es sabido que la mortalidad infantil arroja unas cifras ridículas comparadas con las nuestras, si ponemos en la balanza los medios materiales relativos y aún sin ponerlos. Hay montones de cosas que es irracional asociar con el dinero.
Recurriendo una vez más al Cuaderno de Apuntes de Fernando Zóbel, dice Einstein: "La perfección de los medios y la confusión de los fines son las características de nuestra época." De eso hace casi un siglo. Parece que la tal época no ha pasado.

viernes, 28 de diciembre de 2007

ARQUITECTURA, POR QUÉ NO

Agradecido a el objeto A por haberme sacado de un embrollo terrible en que yo solito me metí con una blogger, voy a intentar colaborar, con un comentario, a la discusión que Frikosal derivó hacia ciertas formas de entender la arquitectura en el post de la Maison Möbius. Lo escribo aquí para poder subir fotos y demás, cosa que no puedo hacer en el blog donde se originó la discusión.
Primero diré que creo que no podemos cargarnos el Estilo Internacional a las primeras de cambio. Esas edificaciones de vidrio por doquier se sustentan en una teoría que desarrollaron Philip Johnson y Henry Rusell-Hitchcock y cuyo ejemplo paradigmático es la propia Glass House donde Johnson vivió gran parte de su vida.


La casa es bellísima y, si uno es Philip Johnson, está dispuesto a pagar la factura del aire acondicionado, seguramente. Derivaciones más eclécticas pueden ser tan bellas como el original y para demostrarlo, aquí os coloco la Douglas House, de Richard Meier, que es la repera; pienso que ante una cosa así, y en ese lugar (frente al lago Michigan) uno está dispuesto a aceptar una central nuclear enterita si es necesario, ¿No, Frikosal?

En lo que sí creo que lleva razón Frikosal es en que cientos de años de arquitectura popular tienen que tener algún sentido:
En definitiva, que además del aislamiento térmico tiene sentido pensar en la inercia térmica de las construcciones; edificios como los de Santorini -y no digamos las construcciones de adobe- tienen una gran inercia térmica; se calientan y enfrían muy lentamente y por tanto son apropiados para la vivienda familiar. Con un diseño acertado se consigue que estén calientes todo el invierno, y ese calor que ceden las paredes macizas de cincuenta o setenta y cinco centímetros entona directamente con los genes de nuestra especie.
Edificios como la Glass House se calientan y enfrían con rapidez, y por tanto, son apropiados para las ocasiones en que pasan de vacíos a ocupados en un breve espacio de tiempo y, poco después, se desocupan de nuevo. Mientras en las casas de Santorini tendríamos el frío metido en los huesos hasta dos días después de volver de las vacaciones, en la Glass House, a la media hora de encender la bomba de calor estaríamos estupendamente.
¿Tiene esto algo que ver con lo que se construye en nuestras ciudades? Pues creo que francamente, no, que hablamos de otro país, o de otro planeta mejor. En nuestras ciudades, la cuestión es si se construye bienes de uso o bienes de consumo y por tanto, todo lo anterior huelga. Tiene razón Zbelnu al advertir que la calidad del paisaje urbano cambia con la latitud. Cómo se construya o no, en el capitalismo, es un problema de estructura social; no es técnico ni mucho menos artístico.
Frikosal posee sentido común, o al menos así me lo parece porque comparto la mayoría de sus apreciaciones; claro es que cada clima demanda una arquitectura; pero esto no se deja de lado por cuestiones esotéricamente artísticas, sino todo lo contrario. Los maestros de la Arquitectura moderna cuentan con todo, y es por eso que son maestros; lo que ocurre es que en el oficio de la arquitectura ocurre como con los demás oficios; igual que hay médicos que justifican la escabechina con un concepto abstracto, los arquitectos no van a ser menos. Y los abogados, no digamos. Y así podríamos seguir: los cirujanos plásticos, los profesores, los fotógrafos... aunque en cualquier caso es más fácil justificar con la sección áurea un encuadre equivocado que una gotera que nos inunda la casa cada vez que llueve.
Para terminar, que el sentido de la arquitectura sea organizar el vacío es discutible; la arquitectura no puede existir sin la luz, y hay quien piensa que realmente la luz es el único material con el que se construye la arquitectura. En todo caso, eso me da pie para colocar unos versitos, que supongo conoceréis porque los cuatro primeros son muy populares y muestran -al menos para mí- que en este asunto de los vacíos y los llenos la escultura tiene mucho que decir. El autor es Buonarroti, más conocido por picar piedra:
"Non ha l'ottimo artista alcun concetto
c'un marmo solo in sé no circonscriva
col suo superchio, e solo a quello arriva
la man che ubbidisce all'intelletto.
Il mal ch'io fuggo, e 'l ben ch'io mi prometto,
in te, donna leggiadra, altera e diva,
tal si nasconde; e perch'io più non viva,
contraria ho l'arte al disïato effetto.
Amor dunque non ha, né tua beltate
o durezza o fortuna o gran disdegno
del mio mal colpa, o mio destino o sorte;
se dentro del tuo cor morte e pietate
porti in un tempo, e che 'l mio basso ingegno
non sappia, ardendo, trarme altro che morte."