domingo, 28 de agosto de 2022


 

 EL SILENCIO DE AZORÍN

 

Tú le preguntarás, dime ¿qué sabes

del tiempo en que tu risa florecía

y el dulce amor sobre tus ojos era?

Y respondiendo a tus preguntas graves

amarga y voluptuosa de ironía

reirá bajo el sol mi calavera.

R. S. M. 

Como quiera que desde que me divorcié padezco insomnio, paso las noches oyendo los podcast más peregrinos que se pueda imaginar. En efecto, si lo que escucho es muy interesante, no me duermo. Si es grotesco -como suele suceder- las voces destempladas junto con el griterío y la moralina  despiertan en mí un hálito de irritación, que no me conviene en absoluto. Así pues, intento encontrar podcast donde se conjuguen superficialidad y esnobismo. Un ejemplo perfecto, que casi siempre me hace dormir enseguida es el podcast intitulado "Hotel Jorge Juan" donde entre tragos de la ginebra patrocinadora del podcast suelen preguntar a los invitados un llamado "cuestionario Proust" que, por supuesto, nada tiene que ver con la maravilla que es leer a Marcel Proust. Quede expreso de antemano todo mi respeto por la estupenda labor que hace el "conductor" del podcast y también queden expresas mis disculpas por el anglicismo.
En esa aventura podcastil descubrí hace unos días al filósofo español Javier Gomá y -como escucho entre sueños- me pareció oirle decir que ante el cadáver de su padre comprendió que hay emociones que la literatura no puede expresar. "Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir" dijo Luis Rosales, que precisamente sabía expresar el abanico completo de las emociones humanas en sus versos. Pero el caso es que el razonamiento de Gomá me hizo pensar en el silencio de Azorín y sobre ese silencio me gustaría hablar, ya que en este momento cualquier interpretación o matiz referido a la obra de Azorín es prácticamente un secreto. La mayoría de los libros de Azorín no es posible encontrarlos, mucho menos en ediciones recientes o que se vendan en las librerías. En contraste revelador, los libros de Gomá se editan hasta en texto refundido, como en el BOE.
"Reinaba un maravilloso silencio" dice Cervantes en uno de sus párrafos. “En la noche callada, en las horas de la alta noche, muchas veces, de niño, de adolescente, me he levantado yo, en el campo, y he abierto el balcón. La majestad silenciosa de la noche imponía. Todo callaba y fulgían los astros”, le responde Azorín. 
¿Cuántas veces a lo largo de la vida habéis guardado silencio junto a un amigo querido? ¿Cuántas veces habéis mirado a vuestro amigo y habéis callado? En el silencio se transmiten a veces las comunicaciones profundas entre los hombres. Es que antes y después del silencio ocurren cosas, que son las que ponen el contexto de nuestra actitud. Y Azorín, que dominaba los recursos del lenguaje a su placer, también usa el silencio en sus escritos. Y lo usa exactamente igual que puede usarse el silencio en la vida común: creando el contexto que le da sentido al silencio. Una vez creado ese contexto en la literatura, no es preciso expresar con palabras la emoción que el autor ha querido comunicarnos. Es más, si se nos expresara con palabras tal emoción, ocurriría en la literatura lo mismo que en la vida, que la transmisión sería menos pura y menos intensa.
Conocer a Azorín consiste en saber lo que escribe y lo que quiere hacer constar que no ha escrito. Parece difícil pero no lo es. Solamente se trata de relacionarse con él, como con cualquier otro amigo de la vida ordinaria. Una vez que ingresamos en su amistad -y tal vez en la literatura se conozca más íntimamente a otro ser que en la realidad- sabremos no solamente lo que dice, sino también lo que calla.

miércoles, 8 de julio de 2015

BÉCQUER


¡Qué poco se comprende a Bécquer todavía en la sociedad española! Unos días atrás ayudé a mi hija mayor a repasar un examen de literatura para cuarto curso de la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Los mismos tópicos de los libros de texto de mi juventud siguen vigentes. Como ejemplo se muestra: “¿Qué es poesía, dices...”. No es un mal poema, pero los versos que se manosean durante décadas quedan heridos y pierden su capacidad de transmitir la idea original.
Hace mucho pensé que me gustaría escribir sobre Bécquer pero pronto me di cuenta de que no tengo el talento suficiente para hacerlo, así que intenté aproximarme a él a través de Augusto Ferrán, su maestro, y de Bergamín, su discípulo. Bécquer destila una esencia demasiado sutil como para que mis palabras sepan describirla. Me limitaré a esbozar algunas consideraciones superficiales.
Cuando yo era un adolescente, las personas de mi entorno se avergonzaban de su gusto por Bécquer. Las amigas de mi madre solamente confesaban que lo habían leído después de expresarles yo mi admiración por él y lo hacían en secreto y bajando la voz. Todavía lo recuerdo: “pues a mí me gusta, soy así de tonta...”. Les enseñaron que ser sensible era ser cursi.
Siempre he sido inmune, por fortuna, a esos engaños. Desde niño me propuse conservar los dones que recibimos en la infancia: la ternura, la inocencia y la bondad. Los habré perdido a mi pesar, pero nunca tuve intención de mutilarme a mí mismo. Mutilaciones son esas dolorosas extirpaciones que a veces los varones se infligen, por miedo a no ser lo suficientemente hombres a ojos del mundo.
Bécquer refleja esa ternura y esa trepidación íntima de la adolescencia alumbradas por la complicidad y el saber del adulto ya hecho. En Bécquer la destilación condensada de las emociones no es ya un don, sino una afinidad electiva. Nada tan maravilloso como la sencillez que es fruto del conocimiento. “Las personas que no conocen el dolor/ son como iglesias sin bendecir”, escribía Luis Rosales. Y después del dolor, catado en la madurez, elecciones como las de Bécquer son las que nos alumbran.
Bécquer y Rosalía, dos obras del último tercio del siglo XIX, todavía capaces de llegarnos a lo más hondo del espíritu.
Y para que mi hija tenga un ejemplo distinto de “Qué es poesía...”, vayan otros versos aquí:

Su mano entre mis manos,
Sus ojos en mis ojos,
La amorosa cabeza
Apoyada en mi hombro,
¡Dios sabe cuántas veces
Con paso perezoso,
Hemos vagado juntos
Bajo los altos olmos,
Que de su casa prestan
Misterio y sombra al pórtico!
Y ayer... un año apenas
Pasado como un soplo,
¡Con qué exquisita gracia,
con qué admirable aplomo,
Me dijo, al presentarnos
Un amigo oficioso:
“—Creo que en alguna parte
He visto a usted.—” ¡Ah! bobos,
Que sois de los salones
Comadres de buen tono,
Y andais por allí á caza
De galantes embrollos;
¡Qué historIa habeis perdido!
¡Qué manjar tan sabroso
Para ser devorado
Sotto voce en un corro,
Detrás del abanico
De plumas y de oro!
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Discreta y casta luna,
Copudos y altos olmos,
Paredes de su casa,
Umbrales de su pórtico,
Callad, y que el secreto
No salga de vosotros!
Callad; que por mi parte
Lo he olvidado todo:
Y ella... ella... ¡no hay máscara
Semejante a su rostro!

Observad la tensión de los versos de siete sílabas. Sobra decir la multitud de erratas, correcciones y variación de los signos de puntuación que he encontrado al buscar el poema por internet. He usado como fuente la Reproducción digital de la edición de Madrid, Imprenta de Fortanet, 1871. Localización: Biblioteca Nacional (España). Sig.R/33922. 

La obra de Bécquer es breve; sus contemporáneos no lo apreciaron. Y sin embargo, hemos olvidado a otros famosos poetas de su tiempo mientras con él hemos podido mantener una estrecha comunicación íntima. Estrecha, aunque no la sabemos describir. Pero de algún modo la lectura de sus versos nos ayudó, nos ensanchó, nos afinó. Nos hizo reconocernos en sus emociones, nos descubrió que era humano lo que sentíamos, nos dio la oportunidad de no empobrecernos. A mi juicio, pasarán los siglos y los seres humanos seguiremos sintiendo, casi sin decirlo: Gracias, Bécquer.
Y como los clásicos siempre nos hablan de la actualidad, terminemos con unas palabras del propio Bécquer que parecen escritas en el periódico de ayer por la tarde: "Francamente hablando, hay en este mundo desigualdades que asustan."
Vale.

viernes, 31 de octubre de 2014

NOSOTROS NO DAMOS LO QUE SOBRA. NOSOTROS COMPARTIMOS LO QUE TENEMOS

Eso es lo que dicen los médicos cubanos que viajan a África occidental para combatir el virus del ébola. 15.000 se ofrecieron como voluntarios. Así lo cuenta Daniel Trotta en swissinfo:
http://www.swissinfo.ch/spa/m%C3%A9dicos-cubanos--orgullosos-de-arriesgar-sus-vidas-en-misi%C3%B3n-contra-el-%C3%A9bola-en-%C3%A1frica/41073314

miércoles, 4 de junio de 2014

YO SIEMPRE CULPARÉ LOS OJOS MÍOS

Más versos de Luis Rosales. 
Hace unos días salí a caminar con mi hijo menor, que tiene cierta afición por la poesía. Para amenizar nuestros pasos, me eché al bolsillo un librito en dieciseisavo; una vieja antología editada en 1959. Nos paramos, recorrí el índice de autores; al ver el nombre de Luis Rosales pensé que era una elección segura. Con el paso de los años, los versos de Luis Rosales se han quedado en mi vida. He comprado muchos libros y los he olvidado también, pero todavía recuerdo la trepidación de mi juventud cuando tuve por primera vez en mis manos, fresco de tinta, el Diario de una resurrección.
"Gracias, Luis Rosales, la casa está encendida", podría yo decir ahora, tal como escribió él un día.
Al azar de las páginas encontré un poema que o nunca leí o acaso no entendí. Así que buscando un poema para un niño pequeño encontré otro para las obsesiones de su papá.
He sentido mucho a Cuba, la sigo sintiendo todavía; pero, como aprendí esa tarde de Luis, yo siempre culparé los ojos míos.
Vamos con los versos:

ALBOS SENOS EN PÚBERES JARDINES

Yo siempre culparé los ojos míos
HERRERA

ALBOS senos en púberes jardines.
Silencio y carne viva en llama pura.
Juega el mar a la comba en tu cintura.
Tú sola fin sin inmediatos fines.

Ola en calma tu cuerpo, sin jazmines
profundizan los muslos su dulzura,
alas de amor en la ribera oscura,
con un vuelo callado de delfines.

¡Qué pasmo, abril, en tu menor encanto!
Vuelven el rostro atrás vientos y ríos
-tan humano el milagro-, tercos bríos

profundizan el ser vencido al llanto.
Porque Cuba eres tú me dueles tanto.
Yo siempre culparé los ojos míos.

Abril, 1935

domingo, 31 de marzo de 2013

LOS OTROS SUYOS Y LOS OTROS NUESTROS



¿Por qué mis amigos piensan que me gusta la soledad?. Es muy sencillo: lo piensan porque me conocen: es que realmente me gusta, me encuentro bien en ella. Pero esto podría tal vez no haber sido así. Aislarme representa la solución a tres problemas.
El primer problema es que no deseo compartir la vida con quienes explotan a los demás. Me resulta agrio, incómodo, desagradable, intercambiar palabras -que expresan desvaídamente nuestras emociones- con esos seres que viven del sudor ajeno. Eso incluye a los emprendedores, tan bien vistos en la actualidad, a los ángeles de las Startups, a los grandes banqueros, a toda esa parte de nuestra especie que dispone de capital suficiente como para apropiarse de la fuerza de trabajo ajena.
El segundo problema es que tampoco deseo compartir la vida con los capataces de los capitalistas. Esos sumisos ayudantes que reparten látigo -a veces perfumado- a los demás, para servir mejor al amo. ¿Diré que los directores de oficinas bancarias y los brokers, los prestamistas, son algunos de ellos?  El mundo está lleno de estos rectores, que creen que no pertenecen al mismo proletariado al que pertenecemos todos nosotros. Algunos hasta aspiran a tener eso que llaman clase, elegancia, compostura. Salvo de 8 a 3 (casi siempre más), horario en el que viven sin escrúpulos.
El tercer problema es que tampoco deseo compartir la vida con aquellos de entre mis compañeros a quienes los dos primeros problemas han conseguido alienar. Copio del DRAE: “Alienación: Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.” La alienación es lo que permite que tantos caigan en las garras de los amos y de sus sicarios.
Si eliminamos a los tres grupos, quedan cuatro gatos. Por eso nunca me ha importado que esos cuatro gatos estén vivos o muertos. Si están vivos, disfruto enormemente con ellos. Si están muertos, también: son literatura.
Hay quien piensa que la soledad es un infierno. Evocando las palabras de Sartre: “el infierno son los otros”. Los otros suyos, no los otros nuestros. Por los otros suyos también siento compasión, pero desde una inevitable -para mí- distancia.
Ah... y no; no estoy libre de pecado.

sábado, 26 de mayo de 2012

AZORÍN, MELANCÓLICO: UN KANTISMO SIN LA COSA EN SÍ


Al igual que en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, en el ejemplar que yo poseo del tomo VIII de las Obras Completas de Azorín, figura el libro Con Cervantes. Y en ese libro, en tal ejemplar, hay uno de los más bellos artículos que yo haya leído jamás. En ese artículo se expresa toda la melancolía de nuestra vida fugaz. Tras leer ese artículo, se desmoronan los restos que nos pudieran quedar de vanidad y de hidalguía.
Hace mucho que yo quiero transcribir en este blog ese texto y, por la pereza de teclearlo, más de una vez lo he buscado en internet. Pero no solamente no está en la edición de "Con Cervantes" de la biblioteca virtual Miguel de Cervantes; tampoco está en mi propio ejemplar de ese libro de la editorial Losada. Hoy me decido a compartirlo con vosotros. Creo que no os defraudará. Esta es la copia:

LAS LAGUNAS DE RUIDERA

En una tesis doc­tor­al so­bre un filó­so­fo aus­tría­co, Ernesto Mach, en­cuen­tro la sigu­iente frase con ref­er­en­cia a Berke­ley: “ Un kan­tismo sin la cosa en sí.” La imag­inación se echa a volar; más que to­dos los li­bros de ca­ballerías sus­ci­tan en­sueños es­tas pocas palabras; más que to­dos los li­bros que leía Don Qui­jote es­tas pocas pal­abras nos ha­cen en­trar en el reino de lo ir­re­al. Imá­genes todo, pro­duc­to to­do de nue­stro sub­je­tivis­mo. Por los in­men­sos es­pa­cios cam­ina dan­do vueltas una boli­ta; nos parece grande, pero es aca­so pe­queña co­mo un gra­no de mostaza. Con un microscopio lo­graríamos di­vis­ar en su so­bre­haz man­chas azules co­mo agua; otras man­chas grises parece que son tier­ras; son, en efec­to, con­tinentes, is­las. En la in­men­si­dad in­sondable de los es­pa­cios in­fini­tos es­ta es­feri­ta va rodan­do sin rum­bo fi­jo; nosotros creemos cono­cer su ru­ta; en re­al­idad no la tiene: si la tiene es tan es­con­di­da, tan mis­te­riosa, que no pode­mos de­cir cuál sea. Ya hace mu­cho tiem­po que en lo in­fini­to rue­da la mi­croscópi­ca es­fera; so­bre su re­dondez parece que al­go se re­mueve: plan­tas y animales; seres vivientes. Des­de el fon­do del tiem­po han ido surgien­do to­dos es­tos or­gan­is­mos vivos; cubren ya la es­fera; for­man los hom­bres pueb­los y na­ciones. Co­mo una masa amor­fa que se mueve, poco a poco ha ido con­cen­trán­dose el mun­do de la vi­da. Las imá­genes se han he­cho in­tel­igi­bles; comen­zamos a com­pren­der las leyes a que obedece es­ta muchedum­bre de or­gan­is­mos. Surge la His­to­ria. En­tre los cen­tenares de pueb­los, na­ciones y razas desta­ca algo que se va en­cam­inan­do a un ob­je­ti­vo que to­davía de­scono­ce­mos. Fuerzas del es­píritu y de la ma­te­ria con­fluyen en un pun­to de­ter­mi­nado; des­de la le­janía remotísi­ma de lo fu­turo to­do se com­bi­na­rá para que un hom­bre y un para­je —so­bre la faz de esta boli­ta— conver­jan en un pun­to; por el hom­bre será cono­ci­do en la His­to­ria este lu­gar mis­te­rioso. Des­de los ar­canos del tiem­po to­davía in­crea­do, si es posi­ble hablar así, mil­lones de moléculas se han puesto en movimien­to para crear a este ser vi­vo y este para­je. En tanto, por los es­pa­cios in­men­sos va gi­rando y gi­ran­do la boli­ta mis­te­riosa.
Cervantes y las lagunas de Ruidera; las lagunas de Ruidera, que han sido creadas desde la eternidad para Cervantes. En la llana­da que lla­mamos la Man­cha, un hombre que es pro­duc­to de la fan­tasía de Cervantes y en la es­fera que rue­da por la inmen­si­dad otro hom­bre que es produc­to, a su vez, de un ser que no pode­mos ni conocer ni definir. Dos imá­genes en una ter­cera. La ter­cera es la de este mun­do en que vivi­mos. De la Man­cha, al­lá en la le­janía tam­bién del tiempo, guar­da el que es­cribe un ac­er­vo de imá­genes ya de­bil­itadas, casi desvaneci­das. Surge inquietante, an­gus­tiosa, la frase leí­da: “ Un kan­tismo sin la cosa en sí.” Imá­genes de una cue­va, de un castillo, de unas la­gu­nas.
La serenidad de es­tos claros cristales de qui­etas lin­fas. En torno a los es­pe­jos lu­cientes, aca­so unos esbel­tos álamos: no fal­tan los grá­ciles álam­os ni en la Man­cha ni en Tier­ra de Cam­pos, la otra Man­cha de León. Pro­fun­do si­len­cio que avi­va la med­itación, paz no ro­ta en ningún in­stante.
El cielo en los días limpios re­fle­ja su azul en las la­gu­nas; si pasan nubes por la bóve­da ce­leste, las nubes cor­ren por la ter­sura de las aguas. ¿ Habrá es­ta­do en es­tas rib­eras Miguel de Cer­vantes? La nubecita blan­ca que dis­curre por el cielo es co­mo la im­agen de su vi­da y del mun­do. En la histo­ria de un pueblo, Es­paña, es­tas bel­las la­gu­nas ex­is­ten por Cer­vantes; el gran es­critor ha puesto en sus cristales un poco de mis­te­rio y de poesía. To­da la poesía an­te­ri­or se hu­biera desvaneci­do sin Cer­vantes.
Con las la­gu­nas de Ruidera  em­parejamos  en  este  min­uto  de  med­itación to­da una vi­da de ensueños y de tra­ba­jos. En el correr de los sig­los, en­tre el tráfa­go ver­tigi­noso de las cosas, un momen­to de qui­etud; la vi­da del gran es­critor se inmov­iliza en las rib­eras de es­tas la­gu­nas. Un se­gun­do que va a pare­cer un cen­te­nar de años. En si­len­cio Cer­vantes tiende la vista por la superfi­cie de las la­gu­nas. Con­cen­tración del tiem­po y del es­pa­cio en este min­uto. Con­centración de nue­stro es­píritu —pasa­dos sig­los— para sen­tir co­mo ac­tu­al este mo­men­to en que el es­critor medi­ta. To­do des­de la eternidad he­cho para este in­stante único. Por los es­pa­cios in­men­sos va corrien­do la es­feri­ta que lla­mamos Tierra.
Ha pasa­do un siglo, han tran­scur­ri­do seis sig­los; ya nosotros, que aho­ra nos imag­inamos a Cervantes, no ex­is­ti­mos; otras gen­era­ciones han suce­di­do a la nues­tra; las la­gu­nas de Ruidera con­tinúan lo mis­mo que antes, en los días nue­stros y en los días del gran es­critor. Más sig­los y sig­los,  más  sig­los  de sig­los,  más  mil­lones y mil­lones de sig­los. Ya las la­gu­nas no son las mis­mas; ya la faz de esa boli­ta que rue­da por el éter ha cam­bi­ado. ¿Quién sabe ya lo que er­an las la­gu­nas famosas? Un es­fuer­zo para imag­inar una eternidad que cae co­mo una ater­rado­ra losa de plo­mo so­bre  la  es­feri­ta Tier­ra;  un es­fuer­zo  para  lo­grar  imag­inarnos  a este plan­eta gas­ta­do, viejo, inservi­ble. To­do ha pasa­do ya co­mo en un sueño; por los es­pa­cios in­fini­tos, mil­lones de mun­dos que gi­ran ince­santes. Del nue­stro ya no hay noti­cias. Co­mo surgió de lo pro­fun­do del tiem­po, ha vuel­to a lo pro­fun­do de la na­da. No  ex­istía  la  cosa en sí;  er­an imá­genes que se han desvanecido.
Im­agen, Cer­vantes; im­agen, las la­gu­nas de Ruidera; imá­genes, nosotros mis­mos que ve­mos las imá­genes. Y es­ta es la supre­ma lec­ción que nos ofrece el ter­so y límpi­do cristal de las bel­las lagunas; lec­ción que es un en­sueño, al igual que lo era to­do lo que imag­in­aba Don Qui­jote. Imágenes del amor, del heroís­mo, de la amis­tad,  de la dicha,  de la es­per­an­za.  Imá­genes  a  que  nos  afer­ramos con to­da nues­tra al­ma. Tal es el consue­lo y la razón de vivir de los mor­tales. En tan­to que el gran­ito de mostaza corre por la que nos parece in­men­si­dad —in­mensidad que tal vez no sea may­or que la pal­ma de la mano— y que nues­tra vi­da du­ra un tiem­po que aca­so no ex­ce­da de una milési­ma de segundo.

jueves, 24 de mayo de 2012

DEMOCRACIA OTORGADA

Jamás he pensado que nuestra "democracia" tenga nada de tal. En épocas anteriores este juicio mío ha despertado ciertas controversias con alguno de mis amables lectores. No sé si los tiempos habrán cambiado lo suficiente como para que podamos reflexionar de nuevo sobre ello.
Envidio la situación de los que fueron súbditos en el despotismo ilustrado. Es que ya quisiera yo disfrutar al menos de la primera de sus premisas "todo para el pueblo", aunque tuviera que soportar la segunda "pero sin el pueblo".
Desde mi punto de vista, una de las raíces del fracaso de nuestro sistema se fundamente en el hecho de que nuestra democracia sea "otorgada". Es así porque nada en ella se ha desarrollado como fruto de un impulso social, nacido desde abajo. Desgraciadamente, toda la estructura en la que vivimos se ha otorgado desde arriba.
¿Propuso alguien, para examinar algún ejemplo, que el Rey perdiera sus poderes ejecutivos poco después del 23F? No; el monarca pensó que le convenía más descargarse de las prerrogativas que ostentaba con objeto de estar menos sujeto todavía a responsabilidad. Así, el trasvase de poderes desde su figura a las instituciones del estado no fue obtenido, fue otorgado.
Hasta en las cosas más triviales, nada entre nosotros nace del pueblo. Se pensará que una institución como los sindicatos no es compatible con mi hipótesis, por definición. Error; en la triste España no es como "no puede menos que ser". Los sindicatos ni surgen de su militancia, ni se financian con ella. Al pueblo español se nos ha otorgado tal y cual sindicato.
¿Surgen las tarifas eléctricas de una tensión libre entre la oferta y la demanda? ¡Quia!, son otorgadas; poco importa lo que piensen o lo que estarían dispuestos a pagar en un mercado libre los consumidores. Como ellas, otorgadas son las tarifas telefónicas, el precio de las gasolinas o los impuestos que gravan al tabaco; los precios de los medicamentos, las tasas infinitas... frente a todo ello no podemos mas que rezar para que los amos no nos aprieten más.
Ayer se desarrolló una huelga en el sector de educación. Sobre mi convencimiento de que no servirá para nada está la realidad de que en nuestro país las huelgas responden a una consigna; no surgen jamás desde abajo, al igual que no se nutren de sus bases los partidos políticos a la hora de escoger a sus dirigentes.
Simpatizo con muchas personas relacionadas con el sector de la educación; espero que no se enfaden si digo que yo encuentro muy sencillo evaluar su labor. Si los niños hacen las preguntas correctas, las que se señalan en El Principito: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?", es que están bien educados. Si las preguntas que hacen los niños son: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?", no cabe duda de que la labor educativa ha sido, no ya inútil, sino perniciosa. Y la verdad es que conozco a muy pocas personas que hagan las preguntas correctas, sean adultos o niños.
No sé si ahora se entenderán mejor las palabras de Fidel, que tanto rechazo condicionado provocaron en la desgraciada España:
“‘Cuba es mala, Cuba es mala’, lo dijo el imperio, lo dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen todos los explotados de este mundo, todos los analfabetos y todos los que no reciben atención médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo, no tienen garantizado nada: ‘La Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es mala.’”
“¿De qué hablan? ¿Qué hace el analfabeto? ¿Cómo puede saber que el Fondo Monetario Internacional es bueno o malo, y que los intereses son más altos, y que el mundo está siendo sometido y saqueado incesantemente por mil métodos de ese sistema? No lo sabe."
La Revolución cubana tendrá que perfeccionarse y evolucionar pero, tal como ahora es, aún nos queda mucho que aprender de ella. No nos dejemos engañar. Defendamos a Cuba.

miércoles, 23 de mayo de 2012

CARMEN DIJO...EN EL BLOG DE SILVIO


"Por qué son felices los cubanos? Somos felices porque a pesar de los pesares y de nuestros problemas y nuestros deseos de cambios y de evolución, nos sentimos SEGUROS, esta seguridad la he vivido y la he observado en las personas que me rodean. Yo soy una cubana que creció con el proyecto social que asumimos en el 59, que he sufrido y disfrutado de lo malo y de lo bueno, pero mis viejos han superado la esperanza de vida de 77 años, mis hijas han estudiado una carrera universitaria y las he visto siempre sonreír, mis nietos ríen, juegan, estudian, cantan sin preocupación. Yo no tengo dinero, ni muchas cosas materiales pero soy feliz en mi trabajo, tengo muchos amigos, me acuesto y duermo tranquila sin desesperarme por qué pasará mañana. Soy una más entre tantos cubanos que discute, opina, discrepa, dirige un equipo de pelota desde una esquina en un parque, y además canta, baila y sonríe, eso solo se puede entender desde aquí, porque es algo bien difícil de explicar. "
Si os han interesado las palabras de Carmen, podéis conocerla mejor en el blog de Silvio: 

martes, 22 de mayo de 2012

LO IN: PUDDING.TO; LO OUT: INSTAGRAM.


La concentración de empresas en el capitalismo es inevitable. Llegará un día en que todas pertenezcan a un mismo dueño. Claro, si una revolución anterior a eso no lo evita. Con la compra de empresas, también se transfieren los usuarios. Aceptar el cambio nos convierte (aún más) en mercancía.
Es evidente que hay un dilema: ¿es mejor oponerse a la evolución del desarrollo capitalista o sería preferible potenciar este desarrollo? Mediante la primera opción obtenemos unas condiciones de vida más tolerables para algunos, transitoriamente. Esto es lo que intenta la socialdemocracia. Mediante la segunda opción, empeoraremos nuestro fugaz tránsito, en la esperanza de un porvenir mejor para otros. Esto me parece que no lo intenta nadie. Por supuesto que la tercera opción, y la más recomendable, es acabar. ("Si terminas de esperar, terminarás de temer", Séneca)
Está claro que plantearse si abandonar o no Instagram es una decisión intrascendente sobre una cuestión frívola. En esa tesitura, yo prefiero elegir que no me compren, que no me transfieran. No sé qué parte del importe de la cuota se habrá pagado por mí, como usuario de Instagram; unos céntimos tal vez; sin embargo, disfrutaré viendo que Facebook los entrega a cambio de nada. Me voy. No me transfiero.
El comercio de la esquina no es el mismo regentado por el viejo tendero o por una multinacional. Mi querida Ikea no será igual cuando muera su fundador.
Pudding es una red social de fotos al estilo Instagram que se está extendiendo sobre todo en Asia. A mi juicio es fresca y divertida.
Recuerdo ahora a otro periodista que murió hace mucho tiempo. Como decía Pedro Rodríguez -no te he olvidado- el de afilada prosa: Lo in: Pudding.to; lo out: Instagram.


PD. Por circunstancias que sería largo explicar, he tratado de limitarme a asuntos más o menos intemporales en este blog . Eso se acabó. A partir de ahora escribiré sobre lo que me de la gana. ¡Abrazos!
PD2. El enlace a la página de mi foto en Pudding: The first cherries

martes, 20 de diciembre de 2011

POR QUÉ NO CREO EN LOS REYES MAGOS. LA INDIFERENCIA EN EL AMOR


A M.M.
La misión de los padres no consiste en que sus hijos tengan una infancia feliz. El propósito de toda educación no se reduce a la infancia, sino que pretende tener efectos a lo largo de toda la vida. He escuchado a muchas personas referirse a su etapa escolar con añoranza. Yo no pienso así. Si el resultado de nuestros estudios no consiguió elevarnos a una posición mejor, ¿para qué sirvieron?. Asimismo, si la consecuencia de nuestra educación infantil no fue una vida adulta más plena, pobre educación infantil y pobre infancia en sí misma, por mucho que queramos idealizarla.
¿Alguien duda de la superior capacidad en recursos de un adulto? Con más información, más desarrollo y con un cerebro plenamente formado lo lógico es enfrentarse a las circunstancias de la vida con mayor probabilidad de éxito. Si nuestra vida es un fracaso tan grande como para que añoremos la época en que nuestro arsenal era mucho más escaso, algo tremendamente equivocado ocurrió en nuestra educación.
Cuando nació el primero de mis hijos tuve que buscar respuestas a muchos problemas que antes no me había planteado. Y una de las primeras decisiones a tomar fue si escogería el camino de la verdad o el de la "mentira piadosa" en cuanto a mi relación con los niños. Una vez planteada la cuestión parece difícil no escoger la verdad. Tal vez esta sea la razón por la que la mayoría de los padres que conozco prefieren no preguntarse cuál deberá ser su conducta con respecto a esto.
Una de las innumerables consecuencias del compromiso con la verdad es que para quien lo asume no es posible engañar a los niños con respecto a los Reyes Magos.
La cuestión de los Reyes Magos os perecerá una tontería sin mayores consecuencias, una futilidad. Yo no lo pienso así. Y después de pasados los años, comprendo que lo que parecía una decisión intrascendente ha tenido consecuencias notables. Es por eso que me atrevo a intentar describir mi experiencia. No pretendo juzgar a los demás padres por seguir otros caminos. Pero lo que me ha decidido a escribir es pensar que existirán siempre padres primerizos y que mi caso puede ayudarles.
Al tomar la decisión de excluir a los Reyes Magos de nuestra vida, lo primero que me sorprendió fue la tremenda, inconcebible presión social que provocamos. Los adultos que nos rodeaban empezaron a comportarse con tanto ímpetu como si trataran de evitar que diéramos diez latigazos a los niños cada mañana. Los argumentos más peregrinos, desde "fomentar el desarrollo de la fantasía en los niños", "no despojar a los niños de la belleza y felicidad de su infancia", hasta los recursos increíbles al "hazlo por mí", "confía en mí, que sé de lo que hablo", "qué trabajo te cuesta..." pasando por las alusiones, siempre tan efectivas, al miedo: "piensa qué gran error puedes cometer", "considera si no harás un perjuicio irreparable"; se nos dijo de todo. Pero no hicieron la menor mella en nuestra decisión. Hay una piedra de toque para el amor: la indiferencia con que se expresa. Me explicaré. Una característica esencial del amor es que es gratuito; es decir, que quien ama no tiene el menor interés personal en las consecuencias de ese amor. El amor consiste en buscar el bien de aquél a quien se ama, no en buscar el bien propio. Si por amor criticamos la conducta de nuestros semejantes, no sentiremos la menor conmoción personal en que nos hagan caso o no. Nosotros ya dimos lo que nos correspondía, ellos harán  lo que consideren más justo.
Pues bien, esta decisión acerca de los Reyes Magos no producía esta "indiferencia" amorosa en los demás. Provocaba más bien irritación, conmoción de valores, y sobre todo un deseo de conseguir reafirmación propia por medio de nuestra aceptación de lo convencional. Bien, en resumen, decidimos no aceptar esta convención.
Y es que en esta cuestión de los Reyes Magos hay muchísimas más cosas en juego de lo que parece. La primera de ellas y la principal es que introducimos en el cerebro de los niños una concepción del mundo en la que interviene lo mágico como parte fundamental de nuestra estructura. Y con lo mágico abrimos muchas puertas. Abrimos la puerta a la superstición y también a la idea de los poderes ilimitados de alguien. Y con estos poderes ilimitados llega la desigualdad social. Hay seres que lo pueden todo y otros que apenas si consiguen lo razonable. Detrás de esta idea está sembrada la semilla de las instituciones trascendentes, de la metafísica. Pero también la semilla que nos hará creer que algunas personas son diferentes a nosotros, que poseen unas cualidades inalcanzables. En definitiva, tras los Reyes Magos está la justificación de la autoridad como principio y desligada de la razón. No solamente eso, con la mentira de los Reyes Magos estamos sembrando la necesidad de desconfiar de las aseveraciones de nuestra familia. Si nuestro padre nos engañó ya una vez, ¿cómo sabremos que no lo está haciendo en el futuro? Una cosa es mostrar a los niños nuestra fragilidad, con la que deben contar siempre, y otra engañarlos a conciencia.
La vida ha de ser bella tal cual es; quiero decir que nuestro propósito debe ser construir la belleza de la vida real. Toda belleza que se sustenta en un ensueño no es tal; es alienación. Con el agravante de que lo bueno real es mejor y más bello que lo bueno ficticio y artificialmente formado. Que los padres, trabajadores normales, hagan un esfuerzo por obsequiar a sus hijos es mil veces más emocionante a que ese esfuerzo, sin esfuerzo, lo hagan unos seres lejanos, desconocidos, Reyes de no se sabe qué ni dónde.
Y emocionante también ha sido acompañar a los niños en la aventura de no vivir la navidad y de no tener Reyes Magos. Cuando cumplían tres años y empezaban a ir al colegio solíamos dejarlos en casa los días más conflictivos. El colegio al que iban era público y ellos no acudieron nunca a clases de religión; no obstante, casi todo diciembre se dedicaba a la navidad, a la fiesta de navidad, a las limosnas de navidad, etc., etc. También teníamos que hablar con ellos desde muy niños analizando la opción que habían tomado los otros padres para poder respetarla. No queríamos que mis hijos estropearan ningún secreto ni coartaran las otras decisiones educativas de sus compañeros. Así que durante algunos años tuvieron que callar ante las descripciones de la noche de Reyes, juguetes, etc. Mis hijos nunca tuvieron juguetes esa noche, claro. Tuvieron cariño y atención cada día, fuera o no navidad. Y tuvieron que compartir con sus padres, desde niños, la responsabilidad de nuestras elecciones. Ya que sin complicidad mutua, sin razonar juntos el por qué de nuestras opciones no hubiera sido posible el que respetáramos a los otros.
Pasó el tiempo y llegó el momento de la desilusión para los otros niños. Muchas veces mis hijos me contaron las decepciones de sus compañeros, que a menudo no pueden comprender el por qué del engaño, burdo, por parte de sus padres.


La mejor suerte que podemos tener al aterrizar en un planeta es encontrar a alguien que nos lo describa lealmente y con la verdad. Solamente de esa manera podremos adaptarnos cuanto antes a sus condiciones, sin dar carreras en la dirección equivocada. No comprendo cómo, al aterrizar en nuestro planeta nuestros hijos, nosotros, en lugar de ejercer ese papel, elegimos repetir las instrucciones que los jefes de las distintas tribus nos dan. Sabiendo que son mentiras, aunque las disfracemos con el nombre de mentiras piadosas. 
El compromiso con la verdad en los niños es un criterio que, en mi experiencia, solamente produce resultados positivos. No nos deja más autoridad que la que nos corresponde; yo, por ejemplo, creo tenerla bastante afianzada en cuanto a resolver problemas o en cuanto a vigilar la ortografía. No puedo tenerla en cuanto dictaminar regímenes alimenticios, ya que están hartos de verme incumplirlos. La vida es bella, frágil, emocionante y sencilla. Y el verdadero amor es una suerte de indiferencia.

martes, 29 de noviembre de 2011

CÓMO CAMBIAR EL MUNDO EN SIETE DÍAS. II: LA SANIDAD.


Es intolerable que se obtenga un beneficio personal a cambio de la ayuda que se preste a otro ser humano para sobrevivir. Es un enunciado tan evidente que me avergüenza verme en la tesitura de demostrarlo.
Parece un cambio muy difícil, por lo radicalmente ausentes que están sus premisas en nuestra sociedad. Sin embargo, es muy fácil; basta con no tolerar el ejercicio privado de la medicina.
Y aquí entramos en esa falsa concepción de la libertad que empaña nuestras estructuras. Falta de libertad no es que se impida un ejercicio nefasto para la sociedad. Nadie considera falta de libertad que se prohiba ejercer de verdugo o enterrador a voluntad del operario. En cambio, lo que es una atrocidad, que va contra la libertad y la justicia, es que sea la posición social el determinante de si puede uno someterse a tal o cual tratamiento que salve su vida.
Tal como descreo del ejercicio privado de la sanidad -es decir del ejercicio en busca de un interés material-, descreo igualmente de que puedan expedirse bajo precio los medicamentos, por la misma razón. Se me dirá que entonces los "laboratorios" no investigarían. Miel sobre hojuelas, que no investiguen, si su pretensión es enriquecerse por medio del dolor y la muerte. Tal como ocurre con el software libre, que no se preocupen, que otros ya investigarán. Otros que lo harán por el afán de ayudar a sus semejantes. Entonces ya no serán necesarias las epidemias buscadas o extendidas, desaparecerá la controversia sobre qué fue antes, la enfermedad o la vacuna. Seguro que hay millones de seres con la vocación suficiente para investigar para los demás a cambio de un simple sueldo. Digo mal, no será a cambio; ocurrirá que habrá que ayudarles materialmente a ellos también como es de justicia hacerlo.
Tal vez quien no haya experimentado esta medicina no pública la tenga idealizada. Yo que, por circunstancias laborales, he acudido a ella muchos años, creo haberla visto en su propia salsa. Una medicina en la que el paciente debe estar a cada momento vigilante, hasta la paranoia, para que no te acaben si es esto lo rentable. Podría relatar muchos casos, pero no viene a cuento. La razón de la justicia basta.
Y nada es nuevo. Ocurre que es la hora de cambiarlo. Pero ya Quevedo, en el "Libro de todas las cosas y otras muchas más", explicaba entre las proposiciones de su primer tratado: "Para que te duren poco las enfermedades" ...y se respondía a sí mismo: "Llama a tu médico cuando estás bueno y dale dineros porque no estás malo; que si tú le das dinero cuando estás malo ¿cómo quieres que te de una salud que no le vale nada y te quite un tabardillo que le da de comer?". ¿Hay mejor definición de una sanidad pública?
Y para que se vea lo poco que el mundo ha cambiado, copiaré también la parte del tratado "Para saber todas las ciencias y artes mecánicas y liberales en un día" que se refiere al ejercicio de la medicina:

"Si quieres ser famoso médico, lo primero linda mula, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrerazo de tafetán. Y en teniendo esto, aunque no hayas visto libro, curas y eres doctor; y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante. Oficio docto, que su ciencia consiste en la mula.
"La ciencia es ésta: dos refranes para entrar en casa; el ¿qué tenemos? ordinario, venga el pulso, inclinar el oído, ¿ha tenido frío? Y si él dice que sí primero, decir luego: «Se echa de ver. ¿Duró mucho?» y aguardar que diga cuánto y luego decir: «Bien se conoce. Cene poquito escarolitas; una ayuda». Y si dice que no la puede recibir, decir: «Pues haga por recibilla». Recetar lamedores jarabes y purgas para que tenga que vender el boticario y que padecer el enfermo. Sangrarle y echarle ventosas; y hecho esto una vez, si durare la enfermedad, tornarlo a hacer, hasta que, o acabes con el enfermo o con la enfermedad. Si vive y te pagan di que llegó tu hora; y si muere di que llegó la suya. Pide orines, haz grandes meneos, míralos a lo claro, tuerce la boca. Y sobre todo advierte que traigas grande barba, porque no se usan médicos lampiños y no ganarás un cuarto si no pareces limpiadera. Y a Dios y a ventura, aunque uno esté malo de sabañones, mándale luego confesar y haz devoción la ignorancia. Y para acreditarte de que visitas casas de señores apéate a sus puertas y entra en los zaguanes y orina y tórnate a poner a caballo; que el que te viere entrar y salir no sabe si entraste a orinar o no. Por las calles ve siempre corriendo y a deshora, porque te juzguen por médico que te llaman para enfermedades de peligro. De noche haz a tus amigos que vengan de rato en rato a llamar a tu puerta en altas voces para que lo oiga la vecindad: «Al señor doctor que lo llama el duque; que está mi señora la condesa muriéndose; que le ha dado al señor obispo un accidente» y con esto visitarás más casas que una demanda y te verás acreditado y tendrás horca y cuchillo sobre lo mejor del mundo."
Y todo esto, que en España no ha cambiado desde entonces, en Cuba ya cambió; así que allí de los siete días les sobran seis y medio. Y les dejo el medio hasta que no se necesite más un guanajo ni una intervención de Babalú Ayé.

viernes, 25 de noviembre de 2011

CÓMO CAMBIAR EL MUNDO EN SIETE DÍAS


De todas las afirmaciones que he leído de Fidel, y son muchas, solamente hubo una con la que no quise estar de acuerdo. Fue cuando indicó algo parecido a esto: "Creíamos que bastarían treinta años para hacer la Revolución; ahora sabemos que serán preciso trescientos". Y me atrevo, sin embargo de la diferencia infinita que hay entre nosotros, en responsabilidad, inteligencia y valía, a discutírselo. Por eso el título, tan rimbombante, de esto que quisiera fuese una serie de artículos, que seguramente no terminaré por no saber hacerlo.
Realmente pienso que lo que debe ser cambiado en cada uno de nosotros, si lo hay, no tiene más oportunidad para cambiar que la que le presta el instante. Esa planificación pausada, que lleva media vida pensar y toda la muerte en ejecutarse, no cambia nada. Lo que haya que cambiar debe cambiar ahora, en este ahora eterno, o no cambiará jamás.
Así que me gustaría, en una serie de entradas, abordar lo que creo que deberíamos cambiar, refiriéndome a distintas facetas en las que suele estructurarse nuestra sociedad: la educación, la sanidad, el trabajo y tal vez, en suma, nuestra actitud frente a los bienes materiales y frente a los bienes espirituales. Sospecho que nada material puede resolverse si no es por la vía espiritual. Y quienes buscan, en nuestros tiempos, resolver problemas financieros con finanzas, no se dan cuenta de lo equivocado de tal camino. Echar más leña material al incendio de la materialización absoluta e inconsciente sólo avivará la hoguera.
Una vez expuestos estos bosquejos de lo que quisiera escribir, ¿abordaremos la primera cuestión? ¿Habrá algo que cambiar en el mundo, para cambiar el mundo en siete días, más importante que cambiarnos a nosotros mismos?
Marco Aurelio, esperanzadamente, me enseñó una vez: "Si llegaras alguna vez, oh alma mía, a ser buena, sencilla, uniforme, sin rebozo y más patente a los ojos de todos que ese cuerpo de que estás vestida! ¡Si al cabo empezaras a tener gusto en la benevolencia y sincero amor para con todos! ¡Si algún día te hallaras satisfecha y sin necesidad de nada, no deseando ni codiciando cosa alguna, ni animada ni menos inanimada, para el goce de tus delicias, no apeteciendo tiempo en que pudieses disfrutarlas más a la larga, no suspirando por país, región, cielo benigno, ni compañía de hombres más adaptada a tu genio!" (Libro X).
Si cambiamos, en este sentido que nos indica Marco Aurelio, ya habremos cambiado el mundo. ¿En qué momento de nuestra infancia abandonamos este camino de la bondad y la sencillez? ¿Quién nos engañó? ¿Cuál es el miedo a comportarnos así? Repetiré una vez más, por si alguien no me lo leyó anteriormente: la bondad y la estupidez no se parecen en nada. Desechemos ese temor a que, por ser buenos, nos confundan con tontos.
No necesitamos ninguna sucesión temporal para hacer esto. Cuando comprendemos algo por primera vez, la transformación es instantánea.
Escuchad lo que dice el mismo Marco Aurelio en el Libro IV: "No bien habrán pasado diez días, cuando ya te reputarán por un dios aquellos mismos que ahora te tienen por una bestia o por una mona, si te dieres a seguir y tener por sacrosantas las leyes de la razón."
Pasan los siglos y siglos desde las palabras de Marco Aurelio y no nos decidimos a dejar de ser bestias o monas, estando en nuestra mano hacerlo en un instante. Por temporadas, pensamos guardar nuestra condición en secreto y vivir fingiendo. Por temporadas, nos mostramos tan viles como creemos que somos. ¿No llega el momento de cambiar, de ser quien verdaderamente deseamos y somos?
Así que esto es lo que quería decir en este primer artículo: Si cambiamos ahora, si cambio yo, el único yo que existe, cambiaremos el mundo en menos de siete días.
Y me despido con palabras de Borges; como él, yo también "hablo del uno, del único, del que siempre está solo." 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

POR QUÉ NO ADMIRO LA INTELIGENCIA Y SÍ ADMIRO LA BONDAD


En mi pubertad admiraba la inteligencia. En aquellos años nos hacían test de inteligencia en los colegios; hasta en algunas asociaciones juveniles nos hacían test de inteligencia. Enseguida leíamos a José Luis Pinillos y nos enterábamos qué significaba el percentil que nos habían asignado, que se nos antojaba muy importante. Esos libros decían que un coeficiente de inteligencia de 100 era normal. Que un coeficiente de inteligencia de 140 era superior. Que un coeficiente de inteligencia de 80 era un poco inferior. Nos preocupaba nuestra capacidad de razonamiento abstracto, nuestra visión espacial, y consiguieron hacernos creer que todo ello afectaría a nuestro desarrollo profesional y, singularmente, a nuestra vida.
Leímos que Napoleón tenía un coeficiente de inteligencia de 190 y a mí empezó a extrañarme que la mezcla de los sucesos del 18 brumario con la autocoronación como emperador, con cientos de miles de muertos sacrificados en pos de una bella idea produjera un resultado espectacularmente brillante, según los parámetros de medida estándar. Así que empecé a sospechar. Después vi que una especie supuestamente normal se había dedicado a lo largo de los siglos a destruir, torturar, conquistar. Que los dirigentes de la tal especie construían sus dominios generalmente sobre cadáveres, desgracia, horror. Así que decidí desconfiar de tales parámetros de normalidad y sustituí la idea de que un coeficiente de inteligencia de 100 significa normal por la consideración de que un coeficiente de inteligencia de 100 significa más bien habitual.
Desde entonces creo que un coeficiente de inteligencia de 2500 o 3000 tal vez sería el parámetro de normal en la especie humana. Y visto, por nuestro comportamiento a lo largo de la historia, que nos debatimos entre una subnormalidad más o menos profunda, creo que el hecho de que seamos unas décimas más o menos subnormales no es relevante para nuestras vidas, en contra de lo que suelen enseñarnos. No solamente a lo largo de la historia; basta contemplar cualquier suceso de la actualidad para que podamos poner en tela de juicio nuestra cordura. La apreciación es evidente en los grandes sucesos; guerras sin más fundamento que la codicia, países enteros donde la falta de alimentos es la norma, sociedades opulentas que se devoran a sí mismas. Pero en las pequeñas anécdotas de cada día podemos verlo también: Como no seguimos el consejo de Quevedo de pagar a los médicos porque estamos sanos, seguimos creyendo que nos curarán el tabardillo que les da de comer.
Pero si no podemos llegar a ser inteligentes, ¿por qué no aspirar a la bondad? La inteligencia no está a nuestro alcance, pero la bondad sí, y el mundo está lleno de ejemplos. La bondad es lo único que puede salvarnos de la desgracia de nuestra mediocre inteligencia. Mediante la bondad, podemos acceder a una guía segura que nos impele a comportarnos como si fuéramos inteligentes. Ya que si tuviéramos ese coeficiente de 3000 seríamos, sin duda, buenos -porque querríamos ser felices-, ser buenos es la única oportunidad que tenemos de vivir como si no fuéramos tan tontos.
Por eso, poco después de aquella pubertad, dejé de admirar la inteligencia y decidí admirar la bondad que, según creo, es lo único medianamente inteligente que puede hacerse.

Nota: publico esta vieja entrada como introducción a una nueva serie que quisiera desarrollar.

sábado, 22 de octubre de 2011

POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS

Me asombra a menudo que las masas adopten opiniones firmes escuchando solamente el resumen con que una de las partes abruma. Pienso que buscando en fuentes redactadas para ilustrar otra cuestión distinta de la que se debate hay más oportunidades -aunque no muchas- de entrever algo entre líneas.
No sé apenas nada de Libia y, antes de que lo borren, me he apresurado a consultar la wikipedia con el ánimo de ampliar las luces. Copio de ella:


"Actualmente al país se le adjudica la esperanza de vida más alta de África continental (si se cuentan a las dependencias sólo es superada por la isla británica deSanta Elena), con 77,65 años.4 También cuenta con el PIB (nominal) per cápita más alto del continente africano, y el segundo puesto atendiendo al PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA). Además, Libia ocupa el primer puesto en índice de desarrollo humano de África, y se le puede comparar en términos de PIB per cápita con países como Argentina o México.

"En materia de derechos humanos, respecto a la pertenencia en los siete organismos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, que incluyen al Comité de Derechos Humanos (HRC), Libia ha firmado o ratificado:





"Tiene una de las tasas de mortandad más bajas del mundo, 3,4 por 1000 habitantes, y una alta tasa de nacimientos, 24,04 por cada mil habitantes.
"82,6 % de la población libia sabe leer y escribir, y los jóvenes estudian hasta una media de 17 años."


Mi curiosidad me ha llevado a consultar también las cifras de otro país, del que he escuchado alguna vez decir que desde hace unos años es democrático. Afganistán debería serlo; hace muchos años que fue "liberado"; copio asimismo de la wikipedia:


"El Presidente Hamid Karzai y su Gobierno (instaurados por la comunidad internacional y posteriormente refrendados por el órgano legislativo elegido por voto popular en 2005).

"En muchos aspectos Afganistán es un estado tan sólo nominalmente, habiéndose convertido en un protectorado de EE.UU., la OTAN y las Naciones Unidas. 

"En materia de derechos humanos, respecto a la pertenencia en los siete organismos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, que incluyen al Comité de Derechos Humanos (HRC), Afganistán ha firmado o ratificado:




"Las mujeres deben taparse la cara para poder ver a un hombre que no es su marido ni su hijo. Para ello se cubren con el burka (pieza de tela que cubre la cabeza y deja sólo una rejilla de tela para ver). No pueden salir solas de casa. El 80% de las mujeres sufre violencia doméstica, conducta que no está penada en Afganistán.
"Durante los últimos años, Afganistán se ha mantenido fuera de la lista de países ordenados según su Índice de Desarrollo Humano elaborada por la ONU, debido a que no es posible recopilar datos suficientes para una correcta clasificación. En todo caso, cabría esperar que Afganistán fuera el último en dicho ranking, dado su escaso desarrollo económico y social.
"En 2007, Afganistán tenía una población de 31.889.000 habitantes. La esperanza de vida es de 43 años. El 36% de la población está alfabetizada."

En el fondo no puedo creer que la realidad sea ignorada por todos nosotros ingenuamente.  De algún modo debemos tener conciencia de la verdad. ¿Qué semilla convierte a los hombres en perros de presa? ¿Cómo se puede, sin necesidad imperiosa, celebrar la destrucción y la muerte? Ayer leía yo a Quevedo en la Política de Dios buscando la respuesta.


"La justicia se muestra en la igualdad de los premios y los castigos, y en la distribución, que algunas veces se llama igualdad. Es una constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le toca. Llámese idiopragia, porque sin mezclarse en cosas ajenas, ordena las propias: aprosopolepsia, cuando no hace excepción de personas. A los hipócritas llama Cristo acceptores vultus. -Esta virtud, que entre todas anda con mejores compañías, o con menos malas, pues sólo ella no está entre dos vicios, siendo la que gobierna y continúa y dilata el mundo, quiere ser tratada y poseída con tal cuidado y moderación, como aconseja el Espíritu Santo cuando dice: Noli nimium esse justus: pecado en que incurren los que tienen autoridad en la república, y son vengativos; que hipócritas, de la justicia de Dios hacen venganza, afrenta y arma ofensiva. Éstos son alevosos, no jueces; traidores y sacrílegos, no príncipes. San Agustín lo entendió así, cuando dijo: Justitia nimia incurrit peccatum; temperata vero justitia facit perfectionem. No se desdeñó esta verdad de las plumas de los idólatras; pues Terencio, en la comedia que llamó Heautontimorumenos, dijo:
Jus summum summa saepe malitia est."

martes, 18 de octubre de 2011

MENSAJE DE RENÉ A FIDEL Y RAÚL

Querido Comandante:

Primero que todo un abrazo, mi agradecimiento, el sentimiento de aprecio no solamente por todo el apoyo que ha volcado usted sobre nosotros, por la forma en que ha movilizado a todo un pueblo y ha movilizado la solidaridad internacional a favor del caso nuestro, sino, en primer lugar, por habernos servido de inspiración, por haber sido el ejemplo que hemos seguido durante estos 13 años y por haber sido para nosotros una bandera tras la cual nunca íbamos a dejar de marchar.

Para nosotros esta misión no ha sido más que la continuación de todo lo que han hecho ustedes, de lo que la generación suya hizo por el pueblo cubano y por el resto de la humanidad.

Para mí es un placer enorme enviarle este mensaje, enviarle el abrazo temporal, que irá por esta vía, porque sé que nos daremos un abrazo finalmente; por mucho que intenten nuestros adversarios impedirlo, sé que nos vamos a dar ese abrazo. Sé que los Cinco regresaremos porque usted lo prometió y porque ha movilizado la energía, lo mejor de la humanidad, la voluntad de todo el mundo para que eso suceda.

Para nosotros es un honor servir a la causa que usted inspiró en el pueblo de Cuba, ser seguidores de usted, seguidores del camino que usted y Raúl abrieron, y nunca dejaremos de ser merecedores de esa confianza que ustedes depositaron en nosotros. 

A los dos, a usted, Fidel, a Raúl que ahora nos guía en esta nueva etapa difícil, compleja pero gloriosa en que estamos enfrascados para romper la dependencia económica que nos ata todavía y que impide que logremos construir la sociedad que queremos, les envío un abrazo de parte de los Cinco, les digo que siempre tuvimos confianza en ustedes. Cuando estábamos solos en el hueco, cuando estábamos incomunicados, cuando no recibíamos noticias, cuando mis cuatro hermanos no sabían nada de su familia porque no se les podía decir, siempre tuvimos confianza en ustedes, siempre supimos que ustedes no abandonarían a sus hijos, porque siempre supimos que la Revolución nunca abandonaba a quienes la defendían. Por eso es que merece ser defendida y por eso es que siempre lo haremos.

Y aunque no estoy seguro de que merezcamos todos los honores que se nos han hecho, sí le puedo decir que el resto de vida que nos queda será dedicado a merecerlo, porque ustedes nos inspiran, porque ustedes son la bandera que nos enseñó cómo comportarnos y hasta el fin de nuestros días trataremos de ser merecedores de la confianza que ustedes depositaron en nosotros.

Para mí ahora esto es una trinchera en la que seguiré en el mismo combate a que ustedes me convocaron y voy hasta el final, hasta que se haga justicia, a seguir sus órdenes, a hacer lo que haya que hacer.

Y les digo a Fidel y a Raúl: ¡Comandantes, los dos, ordenen! 

lunes, 10 de octubre de 2011

LOS QUE MUEREN CON JOBS



Ahora que lamentamos la pérdida de la inteligencia individual de Steve Jobs podemos pensar en los objetos que se quedarán sin desarrollar, que ya no veremos. Sin duda Apple no será lo mismo y de algún modo la inteligencia humana se ha empobrecido, lo que ocurre con cada muerte.
Generalmente nos lamentamos de la pobreza conmovidos por el sufrimiento humano. ¿Nos damos cuenta, sin embargo, del mundo que perdemos por esta causa? ¿Cuántos seres tan inteligentes al menos como Jobs se debaten cada día entre la enfermedad y la miseria, impedidos de pensar en otra cosa que no sea la supervivencia? Al igual que podemos imaginar un mundo en el que Steve Jobs siguiera siendo el centro de Apple también podemos imaginar un mundo globalmente solidario, desarrollado y con escasez o riqueza compartidas. ¿Qué maravillas veríamos entonces? ¿Cómo serían nuestros viajes, nuestras vacaciones? ¿Qué Ipod, qué Imac, qué Ipad, qué Iphone desarrollarían en Somalia o en Haití? ¿Cuáles serían nuestros ritmos musicales? ¿Qué cine nos ofrecerían los talentos que ahora se pierden? 
El mundo se ha empobrecido con la muerte de Jobs y también con la muerte de los que no son Jobs, que siguen muriendo hoy. Así que vaya mi recuerdo emocionado a todos ellos. Él murió por un cáncer de páncreas. Ellos, por hambre, por malaria, por enfermedades comunes. Todos ellos eran visionarios, todos ellos eran creadores.